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Nati Abascal deslumbra en la boda del otoño
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Nati Abascal deslumbra en la boda del otoño

A diferencia de las últimas bodas donde los protagonistas preservan la exclusiva a golpe de matones o de linternas cuya luz entorpece la labor de los

Foto: Nati Abascal deslumbra en la boda del otoño
Nati Abascal deslumbra en la boda del otoño

A diferencia de las últimas bodas donde los protagonistas preservan la exclusiva a golpe de matones o de linternas cuya luz entorpece la labor de los fotógrafos, el enlace de Miriam García-Ordoñez Yébenes y Javier Orellana fue de puertas abiertas. Continuando con las comparativas, en esta fiesta había más famosos por metro cuadrado que en cualquier photocall de firma promocional. (Ver álbum)

Todos ellos amigos de verdad y por lo tanto no hubo que alquilar “caras”, como ocurre últimamente con algunas ceremonias nupciales que en vez de tratarse de acontecimientos familiares e íntimos son convocatorias sociales y, por lo tanto, tienen que figurar los títulos de crédito.

Cuando hay dinero por medio y los trajes, joyas de los novios y de las madrinas corren a cuenta de una firma patrocinadora ésta exige publicidad. La máxima es “si pago mando”. Y eso es lo que ocurre cuando se tasan los sentimientos: que al final las bodas, comuniones o bautizos se convierten en reportajes exclusivos donde los invitados ejercen de extras sin derecho a jornal. No es el caso de esta crónica.

Hay otra gente como la familia Yebenes y los Orellana que lo que quieren es compartir su felicidad con las amistades sin obtener rentabilidad. Miriam y Javier reunieron a sus quinientos mejores amigos en la finca de los duques de Alburquerque (Joao Osorio y Blanca Suelves), que alquilan parte del recinto para estos menesteres y así pueden mantener la casa/palacio.

Maribel Yébenes, la madre de la novia, es una mujer generosa y muy querida. Fue pionera al montar un centro de estética a imagen y semejanza de los salones de belleza neoyorkinos donde se pasan la vida las ilustres ociosas de Park Avenue. Lo que empezó siendo un pequeño negocio, cuenta ahora con las mejores instalaciones y las últimas novedades tanto en aparatos como en temas médicos y de salud.

Por su “casa” pasan las bellas y elegantes oficiales, empresarios, políticos, artistas y, por supuesto, gente anónima. A la fiesta nupcial no falló nadie. Mientras llegaban los novios se sirvió un mega-aperitivo en los jardines y después un almuerzo exquisito firmado por Isabel Mestre. De primero, bogavante del Cantábrico en ensalada de verdura y vinagreta de coral. Después, solomillo asado con patatas crujientes y calabacines rellenos y hongos y para terminar, diamante de chocolate, crema de maracuyá y frutos rojos. Como detalle para las mujeres, grandes cestos con alpargatas para descansar del tacón de aguja. Hubo el tradicional vals y después, música disco, sevillana, salsa... Y merenguito con Nati Abascal marcando el un, dos, tres, cha, cha, cha...

Los invitados disfrutaron como locos. Triunfaron las pamelas y tocados de Michel Meyer. Fue una boda anticrisis donde las damas sacaron a pasear las joyas, algunas de ellas espléndidas como la esmeralda (del tamañote una castaña pilonga) de Maika Pérez de Cobas y los aderezos (pulseras, sortijas, pendientes, collares y brazaletes) de las hermanas Ainhoa y Mónica Martínez, Lucía Guimón y Chelo González. Todas ellas jugaban en casa porque lucían material de la propia “cosecha”  familiar: la firma joyera Dámaso Martínez de Bilbao.

La novia, por su parte, llevaba a modo de diadema una pulsera de su madre en oro blanco cuajada de brillantes. Era lo viejo y prestado. Del resto de invitados destacar la presencia estelar de Darek y Susana Uribarri ya como pareja aunque ella siga negándolo. Las miradas, cuchicheos y cariños no son los habituales entre representado y representante por mucho en que se empeñen en demostrar lo contrario. 

De Bibiana, subrayar sus “letizios”  (sandalias de doce centímetros, por lo menos) que a ella le sentaban como un guante y su bajada de potasio que se solucionó con una cola porque no había plátanos... El matrimonio Trapote, Pedro y Begoña, Mae Dominguín, Sigfrido Verstrynge, Marta y Lourdes Barroso, Tita Torrabadella y su hija María, que dirige con precisión de relojero su  centro de belleza Clinique Française; Nuria González y Fernando Fernández Tapias, que sólo se quedo al coctel porque tenía tarde de palco en el Bernabéu; Cari Goyanes, la espléndida representación de NUBA, la agencia que mejor organiza viajes a la carta y si hace falta, al fin del mundo, como es el caso de los novios a Nueva Zelanda. Marion Cisneros, hermana del megaempresario Gustavo Cisneros, el doctor Plaza y Laura su mujer; Ángeles Grajal, vestida por Eduardo Ladrón de Guevara, y Ostos. El torero aseguraba que el noviazgo de su hijo con la hija de García Cereceda va viento en popa; Miriam Lapique y Alfonso Cortina, José Antonio y Charo Martín y Alonso-Martínez; los periodistas Olga Viza, Carmen Valiño, Mamen Puertas, María Luisa Linares  y Eduardo Blanco, que tiene la tarea de levantar la tarde de Antena 3, Marcos García Montes, Caritina y Carla Goyanes con sus respectivos, el equipo del centro, Carmen, Ángeles, Alicia, carmen, Natalia…. y así hasta quinientos. A medianoche aún continuaba el convite para los más osados. No hay que olvidar que la ceremonia religiosa se celebró a la una de la tarde.

A diferencia de las últimas bodas donde los protagonistas preservan la exclusiva a golpe de matones o de linternas cuya luz entorpece la labor de los fotógrafos, el enlace de Miriam García-Ordoñez Yébenes y Javier Orellana fue de puertas abiertas. Continuando con las comparativas, en esta fiesta había más famosos por metro cuadrado que en cualquier photocall de firma promocional. (Ver álbum)