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El drama de Maribel Yébenes y su familia tras la muerte de su hija Isabel
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El drama de Maribel Yébenes y su familia tras la muerte de su hija Isabel

Cuando ocurre una gran tragedia familiar como la que han padecido Maribel Yébenes, su marido Antonio y Miriam, las palabras sirven para poco. No hay consuelo

Cuando ocurre una gran tragedia familiar como la que han padecido Maribel Yébenes, su marido Antonio y Miriam, las palabras sirven para poco. No hay consuelo ante la muerte de un hijo y tan sólo el apoyo de los amigos y conocidos es un granito de arena ante la tremenda desolación que supone no encontrar respuesta ni lógica a esa desaparición.

Isabel García-Ordoñez Yébenes era una joven de 34 años con todo el futuro por delante y así lo recordó el padre Garralda en la misa que ofició en el tanatorio de Tres Cantos con un lleno a rebosar. Maribel, su marido Antonio y Miriam, la hermana pequeña, son personas muy queridas, y de ahí la respuesta unánime de la gente al enterase del drama que estaban viviendo. 

Para Jaime Garralda, que conocía muy bien a Isabel porque durante cuatro años trabajó en su fundación Horizontes Abiertos, ha sido también un mazazo tremendo y lo quiso explicar en primera persona. Contó sus propias vivencias y anécdotas que habían vivido juntos y de cómo la joven llegaba todas las mañanas a la oficina y repartía besos de buenos días al resto de compañeros.

Además de las labores propias de su cargo, en el tiempo libre se dedicaba al trabajo solidario. La ONG del jesuita lleva más de treinta años funcionando y trabajando para que los colectivos más marginados de la sociedad tengan la posibilidad de acceder a una vida normalizada. Los padres de Isabel también colaboran activamente, igual que muchas de las amistades como Cary Lapique y sus hijas o Isabel Sartorius.

Tras la liturgia, la familia quiso agradecer personalmente las muestras de cariño y de afecto que están recibiendo desde que se supo la noticia. Y como el día anterior, una foto de la joven fallecida, tomada el mismo día de la boda de su hermana Miriam, celebrada el año pasado, recordaba todos la fragilidad de la vida.

Una vez celebrada la misa, la familia aún deberá esperar para celebrar el entierro de la hija querida y más tarde el funeral. A veces la falta de sensibilidad de algunos funcionarios públicos alarga la tragedia a los familiares innecesariamente.  

 

Cuando ocurre una gran tragedia familiar como la que han padecido Maribel Yébenes, su marido Antonio y Miriam, las palabras sirven para poco. No hay consuelo ante la muerte de un hijo y tan sólo el apoyo de los amigos y conocidos es un granito de arena ante la tremenda desolación que supone no encontrar respuesta ni lógica a esa desaparición.