Ana María Quiñones de León: una aristócrata española que aspira a ser reina de Libia
Ahora que el pueblo se ha levantado contra Gadafi, la monarquía libia toma posiciones. En 1969, fueron ellos los que se vieron fuera del poder y
Ahora que el pueblo se ha levantado contra Gadafi, la monarquía libia toma posiciones. En 1969, fueron ellos los que se vieron fuera del poder y acabaron en el exilio, pero quieren volver y, como en toda sucesión, el camino es tortuoso, máxime cuando son dos los que pugnan por un trono que ni tan siquiera saben si algún día podrán ocupar.
Uno de ellos es Muhamad al-Sanusi –a quien un tribunal británico ha otorgado la razón en el tema de la sucesión- y el otro es Idris al-Sanusi, primo del anterior. Este último pugna por el trono desde el exilio que lleva a caballo entre Roma y Washington acompañado por su esposa, la española Ana María Quiñones de León.
La información sobre esta misteriosa mujer aparecía publicada en el diario El Norte de Castilla, pero pocos datos se conocen sobre ella. Fuera de nuestras fronteras se la conoce como princesa Ana María Al-Sanusi, pero su apellido real es Quiñones de León, lo que la relaciona con los marqueses de Montevirgen, señores de Riolago de Babia, según cuenta la historiadora Margarita Torres.
Sobre cómo esta española llegó a conocer a su ahora marido, sobrino del destronado rey Idris de Libia en 1969, nada se sabe. Tan sólo que, siempre según los datos aportados por la historiadora, se casaron en 1987 y tienen un hijo que ahora ronda el cuarto de siglo llamado Khalid al-Senussi, que de lograr su padre alcanzar el trono libio podría gobernar los designios del país desde un palacio en Trípoli.
La prensa española se pregunta de dónde ha salido esta mujer y por qué nunca ha sido vista en las fiestas de la yet set española. Marbella nunca la ha recibido como a los jeques árabes que acampaban allí durante los veranos. No ha gastado petrodólares en las joyerías de la villa malagueña y tampoco se ha dejado ver en las imágenes de las fiestas madrileñas en embajadas, palacetes o hoteles históricos como el Ritz.
Dicen que la fotografía de su boda dio para un artículo en la revista Hola pero, desde entonces, pocas instantáneas en actos sociales. Se sabe que la pareja estuvo en la boda de Alessandro Ruffo di Calabria con Mafalda de Saboya Aosta, donde ella, cumpliendo con la etiqueta, lució un elegante traje de chaqueta y falda y ocultó su cabellera pelirroja bajo un sombrero que lucía por tocado.
Aquello sucedía el 18 de septiembre de 1994 en Italia y, desde entonces, según asegura el Norte de Castilla, se dejan ver en círculos empresariales en Washington, pero no se han prodigado en eventos relacionados con las Casas Reales. El rancio abolengo que acompaña a su apellido y la condición principesca de su marido no les han acercado a estar en la foto de familia de ninguna de las últimas bodas reales.
Dada su conexión con Londres, ciudad en la que también han vivido y mantenido relaciones sociales y empresariales, el príncipe Guillermo y Kate Middleton les incluyeron en su lista de invitados. Será entonces cuando el aspirante al trono libio y su esposa quizá vuelvan a captar la atención de las cámaras.
Ahora que el pueblo se ha levantado contra Gadafi, la monarquía libia toma posiciones. En 1969, fueron ellos los que se vieron fuera del poder y acabaron en el exilio, pero quieren volver y, como en toda sucesión, el camino es tortuoso, máxime cuando son dos los que pugnan por un trono que ni tan siquiera saben si algún día podrán ocupar.