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Los tres maridos de Cayetana: un abogado aristócrata, un bohemio y un funcionario

Una semana antes de cumplirse 64 años de su primera boda, Cayetana Fitz-James Stuart se dispone a dar el sí, quiero al que será, desde este

Una semana antes de cumplirse 64 años de su primera boda, Cayetana Fitz-James Stuart se dispone a dar el sí, quiero al que será, desde este miércoles, su tercer marido. Tres han sido los hombres que han logrado llevar a la Duquesa de Alba al altar, tres personas muy distintas que han pasado por la vida de la aristócrata dejando una importante, y particular, huella en Cayetana.

Si bien es cierto que los rasgos diferenciadores entre ellos son muchos más que las similitudes, no lo es menos que las tres ceremonias tienen más en común de lo que parece a simple vista. Por lo pronto, entre cada una de ellas y la siguiente median poco más de tres décadas.
La Duquesa de Alba se casó por primera vez un 12 de octubre de 1947 en Sevilla con el aristócrata Pedro Luis Martínez de Irujo y Artazcoz en la que fue considerada la boda más cara del mundo y el último gran enlace feudal de España. Unos 20 millones de pesetas –teniendo en cuenta la época- le costó al entonces duque de Alba que su hija Tana contrajera matrimonio y lo hiciera vestida de blanco, con un traje de raso natural blanco con encaje de Bruselas antiguo, velo de tul y una diadema de brillantes y perlas que perteneció a la emperatriz Eugenia de Montijo, con la que se habían casado todas las duquesas de Alba, y con la que también lo hizo su hija pequeña, Eugenia Martínez de Irujo, en 1999.
Unos 2.500 invitados a un gran banquete protagonizado por cantidades desmedidas de pescado, jamón, vino y champán, en el Palacio de Dueñas que contrasta sobremanera con las dos bodas sucesivas, marcadas por la intimidad, la sencillez y un número reducido de invitados.
Poco más de un centenar, entre la familia de la Casa y la madre del novio, fueron los que asistieron a la polémica boda de Cayetana con el exsacerdote jesuita, liberal y bohemio, en aquel momento director general de música, Jesús Aguirre, una ceremonia que se llevó a cabo en el madrileño Palacio de Liria y a la que la Duquesa acudió con un vestido beige de André Lang.
En esta tercera boda, al igual que en la anterior, la aristócrata evitará el blanco, tendrá como padrino a su hijo mayor: Carlos Martínez de Irujo, duque de Huéscar, y ofrecerá un cóctail después de la boda del que se encargará la Casa –en el enlace de Jesús Aguirre el que fuera cocinero de los Alba sirvió un lunch-. Habrá, si cabe, un menor número de invitados, no sobrepasando la treintena en todo caso.
“Creí que nunca me volvería a casar”
La muerte de su primer marido debido a una leucemia en 1972 sumió a la Duquesa en una gran tristeza. Llegó a pensar que nunca se volvería a casar. Y eso que Luis Martínez de Irujo no fue su hombre soñado. A ella, como a su hija, le privaban los toreros. No en vano su gran amor de juventud fue el diestro Pepe Luis Vázquez.
Martínez de Irujo, sin embargo, era un ingeniero industrial y abogado que había centrado su carrera en la política, como consejero del Reino, procurador en Cortes y consejero de Educación Nacional. Además de colaborar con el Banco de España y de ejercer su labor como mecenas, fue director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Un perfil muy diferente éste al de Jesús Aguirre, del que Cayetana siempre dijo que fue “la persona más importante de mi vida” y cuya actitud podría resumirse en una de sus propias frases: “No se preocupen si caigo mal. Ya gustaré”.
El segundo marido de la Duquesa de Alba, pese a no tener sangre azul, fue siempre considerado “un duque”, como llegó a decir de él Vázquez Montalbán. Estudió Filosofía en la Universidad de Comillas y se doctoró en Teología en Alemania, con el Papa Benedicto XVI como uno de sus profesores. Definido por algunos como irónico y por otros como bohemio, pero, en cualquier caso con una amplia cultura, Aguirre era director general de Música cuando conoció a la Duquesa, en un primer encuentro que resultó de lo más desagradable para ambos.
Hijo de madre soltera, el exsacerdote jesuita progresista, era ocho años menor que Cayetana, un patrón que se repitió con Alfonso Díez, 23 años menor, quien se convertirá en su tercer marido y, cuya relación, al igual que la anterior, no ha estado exenta de críticas y especulaciones.
En este último caso, el calificativo de cazafortunas le ha perseguido a lo largo de estos tres años de noviazgo, concretamente hasta que decidió renunciar a los derechos que le corresponderían como duque de Alba.
Pero Díez ya había mostrado su interés por Cayetana hace muchos años, cuando ésta aún estaba casada con Jesús Aguirre. Fue en 2008 el año en el que ambos se reencontraron y comenzaron una relación que ahora da sus frutos, con un enlace que permitirá convertir a un funcionario del Estado, empresario y aficionado a los toros, el cine y los viajes en duque consorte de Alba.
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