La era de la hiperconexión ha hecho del siglo XXI, al menos en estos primeros 26 años, el siglo de las opiniones. Así, se ha transformado por completo la manera en que recibimos todo tipo de informaciones. Sin embargo, los expertos ya alertan de una preocupante tendencia: más voces no siempre significan mejor comprensión.
De hecho, en entornos digitales donde todo se mezcla, datos, creencias, emociones, la frontera entre la verdad y la mentira se vuelve difusa. Una tendencia que nos lleva a recuperar las enseñanzas de filósofos o humanistas clásicos, como Aristóteles, hablando de la amistad, y Platón, o medievales como Hildegarda de Bingen. A ellos sumanos otro reconocido nombre: Galileo Galilei.
Galileo enseñando al dux de Venecia el uso del telescopio, una obra de Fresco de Giuseppe Bertini (Villa Ponti en Varese)
Galileo di Vincenzo Bonaiuti de' Galilei , de nombre completo, fue un astrónomo, ingeniero, matemático y físico italiano. Aunque más allá de esta vertiente científica, también destaca por sus escritos. Así, en una de sus cartas a la Gran Duquesa Cristina, datada entre 1613 y 1615, comparte con la artistócrata una idea que resuena también en nuestros días: "La autoridad de muchos no vale tanto como el razonamiento de uno solo".
La opinión contra la verdad
Unas palabras con las que resumía cómo las cuestiones sobre la naturaleza no pueden resolverse apelando a la tradición, a los textos o al consenso, sino a la experiencia, la observación y la demostración. Es decir, la verdad no depende de cuántas personas crean algo, sino de si ese algo puede sostenerse con pruebas. Un mensaje con importantes matices. Galileo Galilei no creía que cualquier individuo, por el hecho de discrepar, tuviera razón.
El astrónomo e ingenierto en 'Galileo ante el Santo Oficio', de Joseph-Nicolas Robert-Fleury (Museo del Louvre)
Lo que defendía es que una idea puede ser correcta aunque sea minoritaria, pero solo si está bien fundamentada. La minoría, por sí sola, no garantiza la verdad; la evidencia, sí. Así, frente a la tentación contemporánea de pensar que 'todo vale' porque todo puede decirse, su planteamiento introduce un criterio exigente: no importa cuántas personas sostienen una idea, pero sí importa cómo está construida.
Unas palabras que se vinculan a estudios más actuales, como los del historiador Yuval Noah Harari, que advieren sobre cómo la libre circulación de información no equivale automáticamente a conocimiento. Mientras, el sociólogo Zygmunt Bauman describió nuestra época como una modernidad 'líquida', donde las certezas se diluyen. Un exceso de opiniones que también puede generar una ilusión peligrosa, que todas las ideas valen lo mismo por el simple hecho de ser expresadas, mezclando la verdad contrastada con las opiniones personales sin base estudiada.
La era de la hiperconexión ha hecho del siglo XXI, al menos en estos primeros 26 años, el siglo de las opiniones. Así, se ha transformado por completo la manera en que recibimos todo tipo de informaciones. Sin embargo, los expertos ya alertan de una preocupante tendencia: más voces no siempre significan mejor comprensión.