La vocación religiosa de Papa León XIV no estuvo libre de dudas personales. Antes de convertirse en el primer pontífice agustiniano de la historia, Robert Francis Prevost reconoció que, durante su juventud, llegó a imaginar una vida muy distinta, marcada por el matrimonio, los hijos y una rutina familiar similar a la que había conocido en su casa.
“Cuando uno es joven piensa: mejor dejo esta vida y me caso, quiero tener hijos y llevar una vida digamos que normal”, explicó en una entrevista concedida al TG1 de la Rai días antes de su consagración como Papa León XIV. Aquella confesión mostró una faceta más personal del pontífice, que también admitió haber atravesado “momentos de duda sobre la vocación” mientras todavía estaba en el seminario.
En ese camino, la figura de su padre, Louis Marius Prevost, fue decisiva. Educador y catequista, tuvo una influencia “fundamental” en la decisión final de su hijo. Según recordó el propio León XIV, su padre no era teólogo, pero le hablaba desde lo concreto: de la intimidad con su madre, de la importancia del amor y de lo que suponía conocer a Cristo en la vida cotidiana.
El actual pontífice situó el origen de su vocación en una infancia profundamente vinculada a la parroquia. “Mi vocación nació en una familia muy católica que se implicaba en la parroquia”, recordaba cuando aún era cardenal. La dedicación de sus padres y el ejemplo de los sacerdotes diocesanos despertaron en él el deseo de convertirse en sacerdote, una inquietud que fue tomando forma desde muy temprano.
Prevost entró en el seminario menor con 14 años tras un breve periodo de discernimiento y después de conocer a otros jóvenes que también se acercaban a los agustinianos. Aquel paso marcó el inicio de una vida religiosa centrada en la amistad, la vida comunitaria y el conocimiento de uno mismo, valores que él mismo ha vinculado a su identidad como hijo espiritual de San Agustín.
Después llegaron los estudios de Matemáticas, Filosofía, Teología y Derecho Canónico, así como su etapa misionera en Perú, donde pasó más de 20 años entre Chulucanas, Trujillo y Chiclayo. Con el tiempo, aquellas dudas juveniles dieron paso a una trayectoria marcada por el sacerdocio, la vida comunitaria y una visión de la Iglesia entendida no solo como institución, sino como una comunidad llamada a ofrecer esperanza al mundo.
La vocación religiosa de Papa León XIV no estuvo libre de dudas personales. Antes de convertirse en el primer pontífice agustiniano de la historia, Robert Francis Prevost reconoció que, durante su juventud, llegó a imaginar una vida muy distinta, marcada por el matrimonio, los hijos y una rutina familiar similar a la que había conocido en su casa.