Alejandro Kasuga, experto en filosofía japonesa: "O llegaste a tiempo o no llegaste a tiempo. Al reloj no lo puedes engañar. La puntualidad es el único valor que puedes medir"
Ser puntual también refleja organización, disciplina y respeto por el tiempo propio y el de los demás, acostumbrarse a llegar diez minutos antes puede cambiar por completo la forma de planificar el día
El experto habla sobre filosofía japonesa (YouTube)
La puntualidad es una cuestión de cortesía. (Pexels/ KoolShooters)
Según Kasuga, la puntualidad tiene una ventaja frente a otros valores: se puede comprobar de forma objetiva. “O llegaste a tiempo o no llegaste a tiempo. Al reloj no lo puedes engañar”, afirma. Para él, no se trata solo de cumplir una hora, sino de demostrar que ha habido una planificación previa.
La puntualidad como reflejo de disciplina
El experto explica que, para llegar a tiempo a una reunión, primero hay que organizar muchas pequeñas decisiones: a qué hora levantarse, cuánto se tarda en ducharse, desayunar o desplazarse. Es decir, ser puntual obliga a anticiparse. Por eso sostiene que la puntualidad no funciona de manera aislada. Detrás de ella aparecen otros hábitos como la disciplina, la organización y la capacidad de prever imprevistos. “La puntualidad es el único valor que puedes medir”, señala Kasuga.
Ser puntual no nos da derecho a criticar a la persona que no lo es. (Pexels / Arina Krasnikova)
Una de las estrategias que propone es aplicar lo que llama la regla de oro de la puntualidad japonesa: llegar diez minutos antes de la hora acordada. Para Kasuga, llegar justo a la hora ya no es realmente llegar pronto, sino estar demasiado al límite. Su recomendación es entrenar la mente para considerar que la cita empieza diez minutos antes. De esta manera, se reduce la prisa, se evitan excusas y se gana margen ante cualquier contratiempo.
Aunque pueda parecer un detalle pequeño, llegar con tiempo puede tener un impacto directo en el bienestar. Evita prisas de última hora, reduce el estrés y permite afrontar reuniones, compromisos o tareas con más calma. Además, la puntualidad ayuda a construir una imagen de fiabilidad. En el trabajo, en una relación personal o en cualquier compromiso cotidiano, cumplir los horarios transmite seriedad y consideración hacia los demás.