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Mapi López, psicóloga: "Nuestro cerebro odia los finales abiertos, así que deja el asunto “en pausa”, esperando una especie de cierre que a veces nunca llega"
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Mapi López, psicóloga: "Nuestro cerebro odia los finales abiertos, así que deja el asunto “en pausa”, esperando una especie de cierre que a veces nunca llega"

Según la psicóloga nuestro cerebro tiene una tendencia natural a aferrarse a lo inconcluso y eso no es casualidad ni debilidad emocional

Foto: La psicóloga Mapi López en su página web (Cortesía)
La psicóloga Mapi López en su página web (Cortesía)

Cerrar una etapa, una conversación o una relación no siempre depende del tiempo, sino de lo que nuestra mente hace con aquello que quedó pendiente. Lo que parece un simple pensamiento recurrente, esa frase que sigues revisando mentalmente, tiene una explicación psicológica conocida como efecto Zeigarnik.

Este fenómeno, descubierto por la psicóloga rusa Bluma Zeigarnik, sostiene que el cerebro recuerda con más fuerza las tareas inacabadas que las que ya se completaron. La psicóloga Mapi López explica que nuestra mente detesta los finales abiertos y mantiene los asuntos activos, en pausa, esperando un cierre que a veces no llega. Dicho de otra forma, el cerebro busca completar historias, necesita una lógica coherente y sufre cuando no puede encontrarla.

Según López, esta tendencia tiene un origen adaptativo. En el pasado, mantener presente una tarea inconclusa servía para sobrevivir. El cerebro estaba programado para no olvidar lo pendiente porque eso podía representar peligro o pérdida de recursos. Hoy, ese mismo mecanismo puede convertirse en una trampa emocional. Lo que antes ayudaba a recordar dónde habíamos dejado una herramienta, ahora nos hace revivir pensamientos, culpas o dudas que no podemos resolver.

Cuando una conversación queda a medias, una disculpa no se da o una relación termina sin explicaciones, la mente interpreta que la historia sigue abierta. Por eso regresa una y otra vez al mismo punto, intentando darle sentido. López advierte que a veces ese cierre no depende de nosotros y cuanto más lo buscamos, más se intensifica el malestar.

placeholder Cerrar etapas del pasado es vital para ser feliz. (iStock)
Cerrar etapas del pasado es vital para ser feliz. (iStock)

La psicóloga propone crear un cierre simbólico para liberar esa tensión. Escribir una carta que no se enviará, hablar del tema con alguien de confianza o aceptar que no todas las historias necesitan un final perfecto puede ayudar a soltar. Para López, cerrar no significa olvidar, sino comprender lo ocurrido y permitir que la mente descanse.

Aceptar que algunas etapas quedarán sin un desenlace claro puede convertirse en un acto de madurez emocional. La calma llega cuando entendemos que vivir con lo inconcluso también forma parte del equilibrio mental y de la vida misma.

Cerrar una etapa, una conversación o una relación no siempre depende del tiempo, sino de lo que nuestra mente hace con aquello que quedó pendiente. Lo que parece un simple pensamiento recurrente, esa frase que sigues revisando mentalmente, tiene una explicación psicológica conocida como efecto Zeigarnik.

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