Gabriel García Márquez, escritor: "La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla"
Los recuerdos no siempre permanecen intactos con el paso del tiempo. La forma en que cada persona los revive también influye en la historia que acaba contando
Escultura del Nobel colombiano Gabriel García Márquez. (EFE)
Hay recuerdos que cambian con los años. No porque los hechos sean necesariamente distintos, sino porque nosotros tampoco somos los mismos cuando volvemos a ellos. Una conversación familiar, una fotografía antigua o una anécdota contada por otra persona pueden alterar la forma en la que se recuerda un momento que parecía cerrado.
Gabriel García Márquez resumió esa idea en una de sus frases más citadas: "La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla". El escritor colombiano la incluyó en 'Vivir para contarla', la autobiografía publicada en 2002 en la que volvió sobre su infancia, su juventud y sus primeros años como periodista.
La memoria se construye a partir de experiencias, emociones y recuerdos compartidos. (Magnific / Freepik)
En 'Vivir para contarla', esa idea funciona casi como una declaración de intenciones. García Márquez no reconstruye su vida como quien ordena fechas en una cronología, sino como quien vuelve a mirar aquello que lo formó. Recordar, en su caso, también era una forma de narrar.
Recordar también implica volver sobre aquello que vivimos y darle un nuevo sentido con el paso del tiempo. (Magnific / Freepik)
Por eso la frase sigue teniendo fuerza más allá de la literatura. Todos conservamos recuerdos que han cambiado de tono con el tiempo: momentos que parecían menores y después adquirieron importancia, episodios dolorosos que se suavizaron o escenas felices que la memoria convirtió en algo más grande.
Al final, quizá la vida también se parece a eso: no solo a lo que ocurre, sino a la forma en la que cada persona consigue recordarlo, entenderlo y contarlo cuando mira hacia atrás con el tiempo.
Hay recuerdos que cambian con los años. No porque los hechos sean necesariamente distintos, sino porque nosotros tampoco somos los mismos cuando volvemos a ellos. Una conversación familiar, una fotografía antigua o una anécdota contada por otra persona pueden alterar la forma en la que se recuerda un momento que parecía cerrado.