Isabel Fernández, experta en bienestar, sobre las relaciones: “Una pareja que discute constantemente puede tener un problema. Pero una pareja que jamás discute no necesariamente lo ha solucionado”
La experta advierte de que detrás de una aparente tranquilidad puede esconderse una desconexión emocional, especialmente cuando uno de los miembros deja de expresar lo que siente porque considera que hablar ya no servirá para solucionar los problemas
La experta cuenta como es difícil volver a conectar cuando uno se siente desconectado de la relación (Canva/@isafernan)
Esta diferencia es precisamente la que plantea Isabel Fernández, experta en bienestar, al reflexionar sobre esas parejas que pasan de discutir con frecuencia a no hacerlo nunca. Para Fernández, lo importante no sería contar las discusiones, sino preguntarse qué ha ocurrido para que hayan desaparecido.
Una amiga llevaba meses diciéndome que su relación había mejorado muchísimo. —Antes discutíamos por todo. Ahora no discutimos nunca. Menos reproches. Menos tensión. Ninguna pelea absurda antes de dormir. Parecía que después de años juntos por fin habían encontrado la paz.
La explicación, sin embargo, era diferente. “Nada. Simplemente ya no le digo nada”, respondió la mujer cuando Fernández le preguntó qué habían cambiado. Había dejado de expresar aquello que le molestaba, pero también de explicar cómo se sentía, plantear cambios o iniciar conversaciones incómodas.
Las diferencias son prácticamente inevitables cuando dos personas comparten una relación: pueden aparecer alrededor del reparto de responsabilidades, el tiempo libre, las expectativas, la intimidad o decisiones cotidianas. La cuestión está en cómo se expresan y gestionan esos desacuerdos.
Por eso, una reducción de las discusiones puede tener significados muy distintos. Puede ser el resultado de haber aprendido a escuchar, negociar y expresar las necesidades sin convertir cada diferencia en un enfrentamiento. Pero también puede aparecer cuando uno de los miembros prefiere callarse porque anticipa que la conversación será inútil o demasiado desgastante.
Fernández lo resume diferenciando entre dos silencios aparentemente iguales: “A veces hay paz porque dos personas han aprendido a escucharse. Y otras veces hay silencio porque una de ellas ya no espera que hablar sirva para algo”.
La tranquilidad, por sí sola, no permite medir la calidad de un vínculo. Poder expresar una molestia, sentirse escuchado y conservar interés por encontrar soluciones compartidaspuede aportar mucha más información sobre el estado de una relación que el simple hecho de no discutir. Como apunta la experta, lo que desde fuera parece paz también puede esconder a alguien que ha dejado de intentar ser escuchado.