Café Society
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El cumpleaños de América, la madre de Alaska: cava, tarta, regalos, brindis, risas y lágrimas de emoción
La pareja quiso celebrar el cumpleaños de América a lo grande y reunió a un montón de amigos en el madrileño hotel Emperador
América Jova, la madre de Alaska y suegra de Mario Vaquerizo, ha cumplido 97 años y lo ha celebrado a lo grande. Su hija y yerno quisieron que fuera un día especial y reunieron a los amigos en el hotel Emperador. Cava, tarta, regalos, brindis, risas y lágrimas de emoción fueron los ingredientes de una noche mágica. Una mesa presidencial donde la gran matriarca, -lo es de casi todos los que hemos estado en su vida- recibía las felicitaciones de aniversario.
El denominador común de todos los que acudimos a su fiesta era el mismo. El orgullo de formar parte de su vida y poder escuchar sus historias. Alaska y Mario hicieron que fuera una noche mágica. Estaban amigos de varias generaciones. Desde Manuel Bandera, los componentes de Nancys Rubias, los padres de Mario y su hermana Marta, el doctor Cidón, gran amigo de Teresa Campos, Topacio Fresh, Nacho Canut, Marian Farga, los amigos con los que juega a las cartas todos los días y Miguel Angel Arenas, 'Capi'.
El que fuera descubridor de talentos desde finales de los 70 hasta ahora y uno de los productores musicales más importantes prepara sorpresas. Una de ellas será un documental sobre sus experiencias vitales, tanto personales como profesionales. Y no podíamos faltar los miembros de la 'Crónica Rosa' del programa de Federico Jiménez Losantos en el que Alaska colabora.
Hace años, entrevisté por primera vez a América para la revista 'Tiempo' en su faceta de experta en echar las cartas. En su casa del barrio de Chamartín tenía una consulta a la que acudía solo la gente que conocía y con la que tenía relación. Al principio, como ella, me contaba era un trabajo "para ganar dinero, pero yo tengo una sensibilidad especial. Algunas amigas a las que echo las cartas (sin cobrar) me dicen: 'Me has adivinado todo'. Lo que hago es dar tranquilidad. Aprendí de Araciel y Rappel que no hay que decir las cosas malas", me contaba.
Con el tiempo dejó de ser un trabajo remunerado. Todo era más sencillo. La historia era pasar un buen rato, tomar un café y siempre desear buenos augurios. Así era siempre. A lo largo de los años, fui repitiendo esos encuentros para los sucesivos medios en los que he trabajado. Entrar en la vivienda era descubrir un mundo lleno de todo. Y cuando digo todo, es todo.
Un altar con estampas de santos, de vírgenes, de cualquier imagen que fuera beneficiosa para agradecer y para pedir protección. El resto del domicilio era colorista y con buenas energías. La pregunta que siempre le hacía era si sabía de donde había salido cada figurita, cada recuerdo, cada cuadro y me respondía que por supuesto. Y no había razón para dudar de su afirmación.
En el 2017, publicó su libro 'Memorias de América: de Cuba a Alaska' y volví a su casa. Me contaba sus intensos años de vida. Su salida de Cuba y su paso por México, Miami, Nueva York y Madrid cuentan su trayectoria de mujer independiente y positiva en unos tiempos en los que ser diferente y libre no era fácil.
En sus memorias contaba que había nacido en Cienfuegos y la sociedad allí era muy clasista y cerrada: "Tenías que ser de buena familia para poder entrar en el Liceo o en el Yacht Club. Aunque tuvieras dinero, si no eras de apellidos, no te dejaban entrar. A La Habana me fui con 19 años y era diferente. Mucho más abierto. En cuanto lo viví dije: 'Aquí estoy yo' y a disfrutar de la vida. No quise volver a Cienfuegos".
En España le pasó lo mismo. "Soy feliz en todas partes. Nunca he tenido arraigo a las cosas y, por lo tanto, no me costaba cerrar una puerta y abrir otra. A mí me importan las personas y esas siempre las tienes en tu corazón. Fui muy feliz en México. Después, cuando llegué a Madrid, no me gustaba y ahora no me muevo de aquí", contaba.
Adora a su yerno, Mario Vaquerizo, del que dice: "Parece más hijo mío que Olvido porque es igual que yo". Le gusta viajar, trasnochar si se tercia, echar las cartas, viajar y tiene amigos hasta en el infierno. Para ella no hay día malo, sino mañana torcida. Ha formado parte de las cabalgatas del Día del Orgullo Gay y su uniforme, con más de ocho décadas de vida, sigue siendo el estampado animal print. La noche de su fiesta eligió el modelo cebra y como complemento unas gafas únicas con adorno de león.
América Jova, la madre de Alaska y suegra de Mario Vaquerizo, ha cumplido 97 años y lo ha celebrado a lo grande. Su hija y yerno quisieron que fuera un día especial y reunieron a los amigos en el hotel Emperador. Cava, tarta, regalos, brindis, risas y lágrimas de emoción fueron los ingredientes de una noche mágica. Una mesa presidencial donde la gran matriarca, -lo es de casi todos los que hemos estado en su vida- recibía las felicitaciones de aniversario.