30 años de los Juegos Olímpicos que cambiaron la vida de Iñaki Urdangarin: el noviazgo que descubrió la infanta Pilar
El homenaje a los olímpicos de Atlanta 1996 ha servido para recordar el momento en que Iñaki Urdangarin pasó de ser una de las grandes figuras del balonmano español a convertirse en el futuro marido de la infanta Cristina
Iñaki Urdangarin durante el homenaje celebrado en la sede del COE en Madrid. (EuropaPress)
El Comité Olímpico Español rindió homenaje el pasado martes, en la sede del COE, a los deportistas que participaron en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. Entre todos los integrantes de aquella delegación nacional consiguieron diecisiete medallas. Han pasado treinta años y muchos de aquellos deportistas, que en esas fechas eran muy jóvenes, acudieron al encuentro organizado por el presidente del organismo, Alejandro Blanco.
Entre los asistentes se encontraba Iñaki Urdangarin. El que fuera el yerno preferido de don Juan Carlos antes de que estallara el caso Nóos recibió, junto al resto de deportistas, este homenaje, que se encuadraba en su faceta como jugador de balonmano de élite. Aquel año, el equipo de la selección consiguió una medalla de bronce y fue también el comienzo de una historia sentimental que nació precisamente en la ciudad norteamericana.
Iñaki y la infanta Cristina durante la celebración de los JJ.OO. de Sídney 2000. (Gtres)
En aquellas fechas, el objetivo de la infanta Cristina no era Urdangarin, sino Jesús Rollán, portero de la selección de waterpolo. Su equipo consiguió una medalla de oro en Atlanta y fue el artífice de que la hija de los Reyes y el muchacho de familia vasca se conocieran. Rollán prefirió la amistad de Cristina de Borbón y Grecia a la pasión. Y, a partir de esa negativa, la hermana de Felipe VI se fijó en otro muchacho de buena planta, rubio, de ojos azules, que llevaba impreso el número siete en su camiseta.
La pregunta a Rollán fue precisa: “¿Quién es ese rubio?”, y tuvo respuesta y presentación. En el libro ‘Los secretos de la infanta’ (Ediciones B) cuento cómo, a partir de ese momento, se convirtió en su obsesión y fue a por él. En aquellos primeros inicios, Urdangarin era muy cauto y quien tenía las cosas claras y era emocionalmente más fuerte era ella, que decidió por los dos. La prudencia del que acabaría convirtiéndose en duque de Palma tenía mucho que ver con su situación sentimental. Mantenía una relación seria, con planes de futuro y, de no haberse cruzado la infanta Cristina en su camino, aquella historia probablemente habría terminado en boda. Incluso llegó a decirse que la pareja había hecho una prueba de menú. La novia se enteró por la prensa de que la relación había terminado, y los periodistas confirmaron que el nuevo yerno de don Juan Carlos y doña Sofía sería Iñaki Urdangarin, por boca de la infanta Pilar.
Iñaki Urdangarin durante la celebración de los JJ.OO. en Sídney. (Gtres)
La duquesa de Badajoz se encontraba en el Rastrillo de Nuevo Futuro, volcada en la fundación que presidía, cuando le comentaron que la Casa Real había confirmado el noviazgo. Su respuesta fue: “Sí, estamos todos encantados”. De ese modo, se confirmó que habría una nueva boda real.
Y así, Txiki Urdangarin, el menor de una familia de siete hermanos, cuyo padre, Juan María, era una figura relevante del PNV y había sido presidente de Caja Vital, se convirtió en el marido de una infanta de España, con el tratamiento protocolario de Excelentísimo Señor. Los Reyes fueron los primeros en saber que su hija estaba enamorada y que quería casarse con un jugador de balonmano. Desde Zarzuela se hizo la investigación pertinente y, en este caso, no inflaron el currículo, como sí sucedió con Jaime de Marichalar, a quien desde el departamento de Comunicación del Palacio adornaron con un título universitario.
En el caso de la familia Urdangarin, fue el propio hijo quien comunicó la noticia y tuvo a su madre, Claire, como valedora. El padre no sentía predilección por la monarquía e, incluso, amistades de su círculo aseguraban que, cuando supo la realidad amorosa de su hijo, dijo algo así como: “Esto no traerá nada bueno”. El rey Juan Carlos llegó a regalarle un coche de alta gama que el empresario, con el tiempo, vendió.
La infanta Cristina e Iñaki Urdangarin en 2019. (EFE)
Y, efectivamente, con el tiempo llegarían el caso Nóos, la sentencia condenatoria y el paso por la cárcel. La madre, Claire, una mujer entregada a la felicidad de su familia, discreta y sufridora por la situación tan dura que vivió su hijo, sí dejó claro que nada de eso habría sucedido si su marido no hubiera fallecido, porque no lo habría permitido.
El homenaje a los olímpicos de los Juegos de Atlanta ha vuelto a actualizar el recorrido vital de un muchacho que nunca imaginó, en aquellas fechas memorables como deportista de élite, que su encuentro con la infanta cambiaría por completo su destino. ¿Qué habría sucedido si hubiera mantenido la trayectoria que tenía prevista en su proyecto de vida, junto a su novia y a su carrera deportiva? Su segunda oportunidad ha consistido en reinventarse, pero siempre estará presente en la historia de la Familia Real.
El Comité Olímpico Español rindió homenaje el pasado martes, en la sede del COE, a los deportistas que participaron en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. Entre todos los integrantes de aquella delegación nacional consiguieron diecisiete medallas. Han pasado treinta años y muchos de aquellos deportistas, que en esas fechas eran muy jóvenes, acudieron al encuentro organizado por el presidente del organismo, Alejandro Blanco.