La infanta Cristina rompe toda relación cordial con Iñaki Urdangarin: los motivos
Las memorias de Iñaki Urdangarin y su presencia constante en Barcelona con Ainhoa Armentia, en palcos y tribunas, han roto la buena relación que mantenía la expareja
La privacidad ha sido una prioridad para la infanta Cristina durante buena parte de su vida adulta. Especialmente desde el caso Nóos, ha intentado mantenerse alejada del foco mediático y reducir al mínimo sus apariciones públicas. Esa necesidad de discreción ha marcado muchas de sus decisiones personales durante los últimos años.
Tras la condena y posterior ingreso en prisión de Iñaki Urdangarin, trató de reconstruir una vida tranquila en Ginebra, donde incluso llegó a cambiar de residencia en busca de una mayor discreción. Nada de eso pasó y aunque trataron de mantener una buena relación tras su separación, en los últimos meses la relación se ha roto de nuevo.
La reina Sofía, con su nieto Pablo Urdangarin y la infanta Cristina. (Gtres)
Pensaba entonces en un futuro junto a su marido en la ciudad suiza, convencida de que, tras salir de prisión, necesitaría una vida mucho más tranquila y alejada de la exposición pública después de los años que había pasado encarcelado. Aquellos planes saltaron por los aires en enero de 2022, cuando una fotografía publicada por la revista Lecturas mostró a Urdangarin paseando de la mano por una playa junto a Ainhoa Armentia, relación que continúa en la actualidad.
Fue uno de los momentos más difíciles para la infanta Cristina, que durante meses tuvo que recomponer una situación personal y familiar especialmente delicada. Con el paso del tiempo, sin embargo, consiguió normalizar la relación con su exmarido.
Bienestar de los hijos
Quienes conocen bien aquella etapa explican que hizo un importante esfuerzo por entender el difícil proceso vivido por Urdangarin durante y después de su paso por prisión. La relación entre ambos pasó entonces a centrarse en la gestión familiar y en el bienestar de sus cuatro hijos.
Fruto de esa nueva etapa nació incluso un grupo de WhatsApp compartido por ambos y por sus cuatro hijos. A través de él organizaban cuestiones logísticas, encuentros familiares, celebraciones y asistencia a competiciones deportivas. El objetivo era mantener una relación cordial en la que cada uno pudiera disfrutar de tiempo con los hijos sin generar tensiones innecesarias.
Miguel y Pablo Urdangarin, en Atenas. (EFE/Mariscal)
Urdangarin viajaba con frecuencia con ellos, viajes que eran sufragados por la propia infanta Cristina para que sus hijos pudieran mantener la normalidad y el ritmo de vida al que estaban acostumbrados. La coordinación entre ambos era constante y, durante años, la convivencia familiar funcionó con relativa normalidad pese a la separación.
Durante esos años, Ainhoa Armentia también mantuvo un perfil discreto. Desde el entorno familiar siempre se valoró positivamente que evitara ocupar espacios que pudieran resultar incómodos para los hijos o para la propia infanta Cristina.
La situación cambió con los nuevos proyectos profesionales de Iñaki Urdangarin. Antes de poner en marcha su actividad empresarial y de iniciar la preparación de Todo lo vivido, mantuvo varias conversaciones con la infanta Cristina. Según fuentes cercanas a la familia, le explicó que llevaba tiempo sin encontrar una salida profesional estable y que había decidido impulsar una empresa propia vinculada al ámbito del acompañamiento personal y profesional.
También le adelantó que estaba trabajando en un libro que tendría un marcado componente de superación personal, acompañado de algunos episodios biográficos utilizados como ejemplo para ilustrar determinadas reflexiones. La infanta recibió la noticia con normalidad y entendió que tenía derecho a emprender nuevos proyectos. Pero no era como se lo habían contado.
Especialmente doloroso
La publicación del libro provocó una sorpresa que acabó derivando en una profunda decepción. Cristina no esperaba encontrar en sus páginas determinados detalles de su vida privada ni algunas reflexiones sobre los años más difíciles de la pareja. Especialmente dolorosa resultó la sensación de que se trasladaba la responsabilidad de lo ocurrido a ella y a su entorno familiar, mientras que, desde su punto de vista, determinadas decisiones fueron exclusivamente responsabilidad de Urdangarin. También le sorprendió no encontrar una autocrítica más profunda sobre algunos episodios que marcaron el final de su matrimonio, ni siquiera un perdón.
Jordi Évole junto a Iñaki Urdangarin, en una de las múltiples entrevistas que ha concedido. (Atresmedia)
Según fuentes próximas a la infanta, la publicación reabrió heridas que nunca llegaron a cerrarse del todo. Entre ellas, la forma en que se produjo la ruptura y los meses posteriores, cuando aparecían imágenes fogosas de Urdangarin con Ainhoa Armentia mientras Cristina seguía intentando comprender qué estaba ocurriendo realmente en su vida personal. La infanta considera además que algunas de las situaciones contadas por su exmarido no coinciden con la realidad que ella vivió.
Ese episodio provocó la ruptura definitiva de la relación que ambos habían logrado reconstruir tras años de esfuerzo. En la actualidad mantienen una relación prácticamente inexistente. Si coinciden, ni siquiera se saludan. La sensación de normalidad familiar que habían conseguido construir durante los últimos años ha desaparecido por completo.
Él, en tribuna, ella, en la grada
La diferencia entre ambos ha resultado especialmente evidente en algunos partidos de Pablo Urdangarin. Durante mucho tiempo procuraron coordinarse para evitar situaciones incómodas, pero en los últimos meses se han producido coincidencias que no estaban previstas y que han molestado a la infanta Cristina.
La distancia quedó patente recientemente durante un partido de Pablo Urdangarin en el Palau Blaugrana. La infanta Cristina seguía el encuentro desde la grada cuando le inforaron de que Urdangarin llegaba en nada acompañado de Ainhoa Armentia. No había dicho nada antes y al llegar, la pareja se situó en la tribuna. Aquel día no hubo ni un hola.
La infanta Cristina, siempre en las gradas, esta vez con Johanna Zott. (Europa Press/David Oller)
Porque son situaciones especialmente incómodas para la infanta Cristina, acostumbrada a esquivar cualquier exposición pública. Una muestra de ello es que desde que se instaló en Barcelona el pasado mes de marzo apenas ha sido fotografiada. La hija de Juan Carlos I procura pasar desapercibida durante sus estancias en la ciudad y evita, siempre que puede, situaciones que puedan derivar en una mayor presencia mediática.
La realidad es que ambos han terminado recorriendo caminos muy distintos. Mientras la infanta Cristina sigue apostando por la discreción y por una vida alejada de los focos, Urdangarin ha iniciado una nueva etapa personal y profesional mucho más visible, en la que disfruta de palcos, tribunas, charlas públicas y entrevistas. Una diferencia de planteamientos que ha acabado por romper una relación que, durante años, ambos se esforzaron por mantener en beneficio de sus hijos.
La privacidad ha sido una prioridad para la infanta Cristina durante buena parte de su vida adulta. Especialmente desde el caso Nóos, ha intentado mantenerse alejada del foco mediático y reducir al mínimo sus apariciones públicas. Esa necesidad de discreción ha marcado muchas de sus decisiones personales durante los últimos años.