La monarquía de Noruega afronta su momento más dramático de los últimos tiempos. La Casa Real ha anunciado de manera oficial este viernes por la mañana una noticia de extrema gravedad: la princesa Mette-Marit ha sido incluida formalmente en la lista de espera para someterse a un trasplante de pulmón lo antes posible. La evolución de la fibrosis pulmonar crónica que padece ha experimentado un agravamiento tan severo que los facultativos consideran que su vida se encuentra en peligro, activando un protocolo de emergencia médica permanente ante una cirugía inminente.
El comunicado emitido por el Palacio Real no ha dejado espacio a los eufemismos: "Como consecuencia de su grave enfermedad pulmonar crónica, que pone en peligro su vida, y tras exhaustivos exámenes médicos, Su Alteza Real la Princesa Heredera Mette-Marit ha sido incluida en la lista de espera para un trasplante de pulmón".
Are Holm, médico jefe y especialista en neumología del Rikshospitalet, ha ratificado la gravedad de la situación, confirmando que la intervención se intentará realizar en el menor plazo de tiempo posible. Para arrojar luz sobre los detalles técnicos de esta compleja operación, el centro hospitalario ha convocado una rueda de prensa de urgencia para esta misma tarde del viernes a las 13:30 horas.
La princesa Mette-Marit portando un cateter de oxígeno. (Reuters)
La rapidez del proceso es absoluta. Fuentes médicas de la Fundación de Donación de Órganos han recordado que actualmente solo hay ocho personas en lista de espera en todo el país para este tipo de trasplante, y al tratarse de una de las cirugías más exigentes de la medicina contemporánea, la princesa debe estar disponible de inmediato, ya que el aviso de un donante compatible puede suceder en cualquier momento.
De hecho, el avance de la enfermedad era ya evidente para el país: en diciembre se desveló que se iniciaban los preparativos de evaluación, la propia Mette-Marit admitió en televisión que su salud había empeorado drásticamente en otoño tras pasar meses hospitalizada en Jessheim, y este año se la ha visto por primera vez en público necesitando asistencia de oxígeno artificial a través de un tubo nasal.
El impacto de este empeoramiento de salud ha provocado un auténtico terremoto en la estructura y los planes de la familia real noruega. Ingrid Alexandra ha suspendido su vida en Australia. La primogénita de la pareja interrumpió por completo sus estudios en la Universidad de Sídney para regresar de urgencia a Noruega el pasado miércoles. Se quedará los próximos seis meses en Oslo gracias a un programa de intercambio exprés con la Universidad de Oslo para permanecer al cuidado de su madre.
Por su parte, el príncipe Sverre Magnus también se ha instalado en Noruega, dejando su residencia en Milán. En cuanto a Marius Borg, actualmente recluido en la prisión de Oslo a la espera de su sentencia, ha solicitado formalmente su liberación provisional a través de su abogado defensor, Petar Sekulic, alegando la situación de extrema gravedad por la que atraviesa su madre.
La tensión en el seno familiar es palpable. La tarde del jueves, horas antes del anuncio oficial, los fotógrafos captaron una imagen muy reveladora a las puertas del Skaugum: la princesa Ingrid Alexandra conducía el coche familiar con su madre, visiblemente desmejorada y portando un equipo de suministro de oxígeno a la espalda, y su padre, el príncipe Haakon, en el asiento trasero.
La comitiva se dirigió al Rikshospitalet, en el que permanecieron unas tres horas realizando las últimas gestiones médicas antes de regresar a su residencia. Posteriormente, esa misma noche, Ingrid Alexandra y Sverre Magnus acudieron juntos en coche hasta la prisión de Oslo para visitar durante una hora a su hermano Marius.
La monarquía de Noruega afronta su momento más dramático de los últimos tiempos. La Casa Real ha anunciado de manera oficial este viernes por la mañana una noticia de extrema gravedad: la princesa Mette-Marit ha sido incluida formalmente en la lista de espera para someterse a un trasplante de pulmón lo antes posible. La evolución de la fibrosis pulmonar crónica que padece ha experimentado un agravamiento tan severo que los facultativos consideran que su vida se encuentra en peligro, activando un protocolo de emergencia médica permanente ante una cirugía inminente.