Rafa Camino jr, nieto de Paco Camino: “Quise un abuelo, pero me tocó una figura del toreo”
Procedente de una histórica saga taurina, Rafa Camino soñó con el ruedo, aunque su trayectoria ha tomado otros caminos dentro del mismo universo. Junto a Vanitatis recorre su herencia, sus renuncias y los proyectos con los que hoy redefine su lugar
“Mirando con retrospectiva, me habría gustado tener una relación con mi abuelo más de nieto. Siento que le veía más como el gran torero que como esa figura familiar. Fue la persona con la que más hablé de toros”.
Así comienza el relato de Rafa Camino, heredero de una genealogía ligada al toreo durante décadas, nieto de Paco Camino e hijo del diestro retirado Rafa Camino padre. Una estirpe que, sin embargo, también hunde sus raíces en un origen ajeno al brillo del ruedo. “Me enorgullece pensar que mis abuelos, no solo paternos sino maternos, vienen de familias humildes y lucharon por sacarlas adelante”, explica. “Hay una diferencia muy marcada de los toreros de antes, muchos se enfundaban en el traje de luces para sobrevivir y sacar adelante a sus familias. Camino jr recuerda casi como una secuencia cinematografica la anécdota que le contaron cuando su abuelo Paco se vistió por primera vez de luces y al salir rumbo al ruedo le prometio a su madre que jamás volvería a pasar hambre.
"Decidí no torear por mi madre, fue un acto de generosidad"
Rafa creció con una aspiración que durante décadas formó parte del imaginario de muchos niños: llegar a ser figura del toreo. “Te mentiría si te dijera que eso no sigue ahí; es un sueño no frustrado, sino algo que no he cumplido, un sueño que duele”. La memoria lo devuelve a los años de campo, a las tientas en la finca familiar, donde aún se mantiene el ganado de la ganadería Los Camino. “Disfrutaba mucho toreando en el campo, pero jamás llegué a debutar”.
“Mi abuelo nunca quiso que fuera torero, pero lo que realmente me marcó fue una conversación con mi madre. Puede que ese haya sido el mayor acto de generosidad: renunciar a una vocación tan fuerte por el pilar de tu vida, que en mi caso, sin duda, es mi madre”. En esa renuncia —expresada sin énfasis— se condensa una tensión frecuente en las sagas: la continuidad frente a la voluntad individual.
"Mi familia me ha inculcado el respeto"
Aunque hay valores heredados que se mantienen intactos: “Mi familia me inculca el respeto a la misma, la importancia de la humildad y ejecutar el trabajo siempre con profesionalidad y jamás mancillar un nombre que se lleva ganando mi familia un siglo practicamente”. Rafa no siguió la estela familiar en el ruedo, tampoco se desvinculó del todo. Su relación con el mundo del toro se ha desplazado hacia otros ámbitos: ejerce como apoderado y desarrolla una labor comunicativa a través de su espacio radiofónico junto a Curro Tejerina, La Tienta, en Informa Radio, que próximamente pasará a denominarse El Tentadero y contará con una evolución en el formato.
Forma parte de una nueva generación que no solo ocupa los tendidos, sino que también se implica en los márgenes menos visibles del toreo: el campo, la gestión, la preparación silenciosa. “Yo soy un loco de las artes escénicas en general y, por ejemplo, cuando voy a la ópera me da pena no ver gente de mi edad. En los toros pasa al contrario, hay muchísima gente joven que va a disfrutar pero que tienen la sensibilidad de apreciar lo que van a ver”, explica. Atribuye parte de ese cambio al trabajo de Plaza 1, responsable de la Plaza de toros de Las Ventas.
“Del 2000 al 2015 fueron años fatídicos para la tauromaquia en España. Las plazas estaban prácticamente vacías y, de repente, ha vuelto a aflorar un sentimiento taurino muy fuerte. Siento que cuanto más nos intentan alejar, más nos arraigamos”. Lo ilustra con una escena sencilla de una viñeta que vió hace poco: un abuelo que lleva a su nieto a la plaza. El niño pregunta por qué, si nunca le gustaron los toros. La respuesta es escueta: “Yo no iba porque no quería, no porque me lo prohibieran”.
Para Camino, los datos acompañan esa percepción: un incremento del 10% en festejos taurinos durante el último año que apunta, según defiende, no a una resistencia inercial, sino a una reactivación que se sostiene.
Desde la barrera: sueños por cumplir
Su incursión como apoderado comenzó en el ámbito familiar, junto a su primo —también llamado Rafa Camino—, y ha ido derivando hacia vínculos donde lo profesional y lo personal se entrelazan. Acompaña a Luis Gerpe, aunque —matiza— desde un compromiso afectivo y no estratégico.
“He ido haciendo cosas por amor a los toros, por aportar los conocimientos y contactos que he ido reuniendo con los años”. Recuerda con especial intensidad el momento en que logró que Rubén Sanz confirmara alternativa en Madrid: “No fue fácil pero lo conseguimoos, lo recuerdo con mucha emoción”.
Su dedicación al apoderamiento tomó forma definitiva cuando se cruzó con Iván Rejas. “Desde el primer momento vi talento, pero sobre todo me llamó la atención su forma de ser. La primera reunión vino con su padre; ese gesto ya decía mucho. Es un chico de mi edad, muy consciente del sacrificio que exige esto”. En torno a ese proyecto ha construido un equipo junto a Óscar de la Faya, en un equilibrio entre intuición, afinidad y estructura.
La relación con Rafa: más padre que torero
Con Rafa Camino padre, la relación se articula desde otro lugar a la que tuvo con su abuelo. “Con mi padre no hablo de toros; es más, él no sabe qué toreros me gustan y yo tampoco los suyos”. Lejos de la transmisión directa, lo que prevalece es una suerte de respeto mutuo. “Está muy contento porque ve que estoy haciendo mi propio camino. Nunca ha tenido que levantar un teléfono. Que la gente me respete por mi trabajo es algo que le enorgullece”. Hoy, su padre permanece al margen de la actividad pública, retirado en el campo, entregado a una rutina sin exposición. “Le gusta la vida tranquila, ve los toros por televisión…”.
Rafa sí ha tenido unos padres que le acompañaban al fútbol, que le llevaban al colegio o le ayudaban con las tareas. Destaca el papel imprescindible de su madre y, también, el de su abuelo materno del que habla con gran emoción: “Con él si he tenido esa figura que ha sido clave en mi crecimiento, como sin duda, el ejemplo de mi madre de la que he aprendido que el destino final no es el importante, que el camino se hace andando y la clave está en el trabajo diario”.
En la trayectoria de Rafa Camino no hay ruptura con el legado, pero tampoco una continuidad literal. Creció en un entorno que parecía conducirle al ruedo, y sin embargo eligió otro lugar desde el que permanecer. No fue torero, aunque la vocación estuvo ahí, latente, sin extinguirse del todo.
Sigue dentro, pero desde un ángulo menos visible: en ese espacio donde la tauromaquia también se sostiene, lejos del foco, sin traje de luces. Porque hay herencias que no se repiten, se interpretan. Y la suya consiste, precisamente, en no haberse ido.
“Mirando con retrospectiva, me habría gustado tener una relación con mi abuelo más de nieto. Siento que le veía más como el gran torero que como esa figura familiar. Fue la persona con la que más hablé de toros”.