Gemma Camacho: "Descubrí tarde el mundo del toro, pero me siento afortunada de poder defenderlo"
Esta tarde, a las 19:30, Telemadrid conectará con la Plaza de Toros de Las Ventas para la Gala de San Isidro. Hablamos con Gemma Camacho y descubrimos su historia, mientras se prepara para presentarla junto a Ramón García
Gemma Camacho, presentadora de la Gala de San Isidro 2026 junto a Ramón García que se retransmitirá hoy a través de Telemadrid. (Cortesía)
La conversación con Gemma Camacho no comienza con una fecha ni con un titular, sino con una constatación que suele quedar fuera del encuadre: “Nos centramos tanto en la noticia que a veces desaparecemos nosotros. Y detrás del periodista hay una persona que casi nunca se ve”. Lo dice sin énfasis, como quien enuncia una evidencia aprendida con el tiempo. Durante meses, ella ha sido parte de una actualidad distinta a la que suele habitar como intermediaria. Hoy, además, se dispone a ocupar el centro del ruedo de la Plaza de Toros de Las Ventas, donde presentará los carteles de la Feria de San Isidro 2026 junto a Ramón García. Su historia no responde al esquema habitual de las biografías mediáticas.
La periodista Gemma Camacho en una imagen de álbum familiar de niña. (Cortesía)
Comienza en Zújar, una localidad granadina de poco más de tres mil habitantes. Allí creció una niña que fue la primera mujer de la rama materna de su familia en cursar estudios universitarios. Antes de decidirse por el periodismo, imaginó otros caminos. La música ocupaba un lugar central en esas fantasías: Rocío Jurado sonaba en casa y la idea de ser artista parecía posible durante un tiempo.
Llegó incluso a presentarse a un casting de Operación Triunfo, acompañada por su madre. Aquella experiencia, recuerda, le sirvió para comprender que necesitaba construir un futuro con apoyos más firmes.
Gemma Camacho en una tierna imagen de álbum familiar junto a su madre, quien siempre la acompaña. (Cortesía)
Eligió el periodismo y, tras finalizar la carrera, encadenó prácticas en la Cadena SER y en la COPE mientras cursaba un máster de televisión. En ese periodo tomó una decisión que hoy relata con gracia: llamó a Canal Sur haciéndose pasar por una profesora que la recomendaba como alumna para realizar prácticas. Funcionó. Entró en la cadena y descubrió algo que resultaría determinante. No estaba frente a la cámara, sino detrás: llamaba, proponía temas, los investigaba, y otro redactor los ejecutaba. “Disfruté mucho trabajando para los demás”, recuerda. Ahí reconoció su lugar.
Salir de un entorno pequeño implica asumir pronto ciertas reglas. “O te buscas muy bien la vida o es complicado”, explica. Nunca concibió la espera como una opción. Sin miedo y con una idea clara de movimiento, se trasladó a Sevilla.
"Mi trabajo me ha hecho mudarme dieciséis veces"
Gemma Camacho en una imagen antigua trabajando. (Cortesía)
Se presentó en las instalaciones de Telecinco y llegó hasta el despacho de Jesús Martínez, entonces responsable de los informativos de Telecinco Andalucía, cargo que sigue ocupando. Le dio su primera oportunidad y prolongó sus prácticas allí. Era un tiempo en el que estas no eran remuneradas; se entendían como parte del aprendizaje. Tenía veintitrés años cuando apareció por primera vez en pantalla como becaria, cubriendo la Semana Santa. Aquel fue el inicio de una vida marcada por el desplazamiento.
En doce años de carrera se ha mudado dieciséis veces. Dieciséis casas de alquiler que, más que un dato, funcionan como un mapa. Para quien procede de un pueblo pequeño, explica, la disponibilidad es una condición estructural: dejar la casa, la ciudad, incluso la rutina, forma parte del trabajo. Ese itinerario está ligado al reporterismo, un oficio que distingue con claridad del trabajo de redacción. “La calle es la que te enseña”, afirma. Es allí donde se percibe la tensión real de una noticia, donde se accede a la información y se aprende a leer el contexto.
"Cuando trabajas a pie de calle solo hay verdad"
Gemma Camacho durante un directo en `Mañaneros' en su etapa en rtve. (Cortesía)
Algunos de esos aprendizajes han llegado en circunstancias extremas. La cobertura de la DANA fue uno de los episodios más duros. Durante un directo, entrevistando a un vecino, rompió a llorar. No le había ocurrido antes. Fueron días de angustia persistente, de insomnio. Al marcharse de Valencia, sin apenas descanso, se trasladó directamente a Zaragoza para cubrir el incendio de una residencia en el que murieron diez ancianos y hubo treinta heridos.
“No lo digo como una queja”, aclara. Habla de adrenalina, de compromiso, de una entrega que a menudo deja al reportero fuera del relato público. Jornadas que comienzan de madrugada, horarios irregulares, frío, calor, hambre, miedo. Un trabajo imprescindible y poco visible. La compensación, señala, está en poder dar voz a lo que ocurre y en el equipo que sostiene cada cobertura.
"Los reporteros son fundamentales y muchas veces invisibles"
Gemma Camacho durante la cobertura de la Dana en Valencia junto a su compañero cámara y la policía local. (Cortesía)
Si hubo un formato que marcó un punto de inflexión en su recorrido fue la cobertura de los Sanfermines para Radiotelevisión Española,desde Pamplona. No solo por la visibilidad y peso simbólico del encargo, sino por el lugar inesperado al que la condujo. “De niña me recuerdo pegada a la televisión viendo los encierros”, dice, como si esa imagen hubiera permanecido latente, esperando el momento adecuado para activarse. Fue allí, en esa ciudad y a través de su compañero, donde se abrió para ella un mundo hasta entonces ajeno: la tauromaquia.
No había tradición familiar ni transmisión previa. Todo comenzó desde la curiosidad. “Nunca había ido a una plaza de toros y pensé que era el momento”, explica. Recuerda con precisión quién la llevó por primera vez: Teo Lázaro, comentarista taurino y conductor de los encierros de San Fermín en Televisión Española.
"Me siento afortunada de haber descubierto el mundo del toro"
Gemma Camacho en su primera tarde de toros junto a su compañero Teo Lázaro. (Cortesía)
Aquella tarde el cartel reunía a Cayetano Rivera Ordóñez, Andrés Roca Rey y Pablo Aguado. No lo cuenta como una revelación inmediata, sino como el inicio de un proceso. “Ahí empecé a aficionarme, a no dejar de preguntar a los que sabían, a entender que cada plaza tiene su ambiente, su exigencia, su propio carácter”. El aprendizaje fue progresivo, casi metódico, como suele ocurrirle a quien llega a un territorio sin herencia y decide comprenderlo desde dentro.
“Me he enamorado del mundo del toro”, dice, y añade una precisión que la define: no tuvo a nadie cerca que le transmitiera esa tradición. Llegó sola y por decisión propia. En ese contexto, su mirada sobre las mujeres periodistas dentro del ámbito taurino es directa. Existen, señala, pero son pocas, y aún menos las que se muestran sin reservas o defienden abiertamente sus valores en relación con la tauromaquia, especialmente si se compara con otros espacios informativos como la política o el deporte.
"Tengo mucho respeto por la tauromaquia y los maestros"
Gemma Camacho durante la cobertura de Sanfermines. (Cortesía)
Esta noche, ese recorrido personal y profesional converge en la Plaza de Toros de Las Ventas, donde participará en la gala de presentación de los carteles de San Isidro 2026,retransmitida por Telemadrid. Habla del acto con una mezcla de respeto y conciencia del momento. “Tengo mucho respeto a los maestros, no solo por la valentía, sino por todo el sacrificio que conlleva su profesión”. Se refiere a ese día como un punto de llegada para quienes llevan meses preparándose física y mentalmente, conviviendo con el miedo y la exigencia. "Es el día en el que se van a leer sus fechas en la plaza de toros más importante del mundo". Su papel, explica, no es ocupar el centro, sino acompañar ese instante. “Por eso quiero ser la energía que quiero atraer”.
Menciona también al equipo, sin jerarquías impostadas. La llamada de Carlos Villasuso - director del departamento de comunicación de Plaza 1- en octubre, la propuesta inicial, el posterior contacto con Ramón García. Reconoce en él una figura con la que ha crecido como espectadora y subraya tanto su trayectoria como su trato personal. "He crecido viendo a Ramón en el Grand Prix o en momentos tan únicos como despedir el año. Es increíble, además, yo creo mucho en las energías y siento que Ramón además de un gran profesional y su experiencia y larga trayectoria también es una gran persona y compañero".
Sobre la Gala de San Isidro 2026
Sobre la Gala, Gemma Camacho dice que está ensayando y preparándose con ilusión contenida, con la concentración y el cuidado que exige un escenario como Las Ventas. Señala que uno de los momentos más esperados será la entrega del premio al torero Morante de la Puebla. “Cuando vi que va a reaparecer en Sevilla, lo primero que pensé fue que los genios no están para entenderlos, los genios están para disfrutarlos”, confiesa, con esa mezcla de admiración y precisión que caracteriza sus reflexiones. Adelanta, además, que la noche estará llena de sorpresas, con la revelación de los carteles que convertirán nuevamente la plaza en epicentro de la capital. Entre los premiados figurarán también nombres como Mariló Montero y Sergio Ramos, consolidando el cruce entre tradición, espectáculo y reconocimiento mediático que define esta cita anual.
Gemma Camacho en una fotografía posada. (Cortesía)
Gemma habla con calma, con una ilusión contenida que no necesita proclamarse. Admite que los últimos meses no han sido sencillos, marcados por la presión de la prensa de sociedad. Lo aborda sin dramatizarlo. “Una se puede enamorar de quien quiere”, dice. “Pueden relacionarte con quien quieran”. Pero vuelve, de nuevo, al mismo punto de anclaje. A la identidad que no se negocia. “Al final una se debe a su ser. Y gran parte de mi ser es lo que llevo construyendo desde que tenía veintidós años, cuando terminé la carrera”. Se define en el hacer. En el oficio. En seguir con el compromiso intacto a su profesión, con aciertos y errores, pero con una lealtad constante a aquello que la sostuvo desde el principio.
En un territorio donde las mujeres siguen siendo minoría, el vínculo no se construye desde la competencia ni desde la visibilidad, sino desde el reconocimiento. No es frecuente, pero cuando ocurre, se transmite. Esta conversación surge así: de una presentadora que habla y escucha a otra, compartiendo ilusión y respeto antes de salir al ruedo. El año pasado estuve en su lugar; este, es Gemma quien ocupa el centro. Como antes lo hizo conmigo Elena Salamanca, el gesto se repite sin necesidad de proclamarse: una mano tendida, una palabra justa, la atención puesta en entender, acompañar y celebrar. No hay épica en ello, solo continuidad. Quizá ahí resida una de las formas más discretas y verdaderas de la magia del mundo del toro.
La conversación con Gemma Camacho no comienza con una fecha ni con un titular, sino con una constatación que suele quedar fuera del encuadre: “Nos centramos tanto en la noticia que a veces desaparecemos nosotros. Y detrás del periodista hay una persona que casi nunca se ve”. Lo dice sin énfasis, como quien enuncia una evidencia aprendida con el tiempo. Durante meses, ella ha sido parte de una actualidad distinta a la que suele habitar como intermediaria. Hoy, además, se dispone a ocupar el centro del ruedo de la Plaza de Toros de Las Ventas, donde presentará los carteles de la Feria de San Isidro 2026 junto a Ramón García. Su historia no responde al esquema habitual de las biografías mediáticas.