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Pastora Vega: "Muchas mujeres hemos dicho: ‘Hasta aquí’. Tengo arrugas, tengo canas y me sigo sintiendo estupenda"
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Pastora Vega: "Muchas mujeres hemos dicho: ‘Hasta aquí’. Tengo arrugas, tengo canas y me sigo sintiendo estupenda"

Con más tablas que muchos teatros, Pastora tiene una visión de la belleza muy consistente, de ello y de mucho más hemos hablado una tarde de mayo

Foto: Pastora Vega en la presentación de  ‘Género de dudas’ , obra de teatro que regresa al Teatro Infanta Isabel (Europa Press)
Pastora Vega en la presentación de ‘Género de dudas’ , obra de teatro que regresa al Teatro Infanta Isabel (Europa Press)

Pastora Vega atraviesa uno de esos momentos en los que no hay género de dudas: sigue brillando sobre los escenarios y también fuera de ellos. La actriz y presentadora protagoniza junto a Pablo Carbonell la comedia GÉNERO DE DUDAS en el Teatro Infanta Isabel de Madrid y, además, nos ha concedido una entrevista en la que habla de belleza, cuidados (confía en el prestigioso Dr. Moisés Amselem, de la clínica DEMYA, para algunos de sus tratamientos favoritos) y de cómo consigue mantenerse tan estupenda a sus 65 años.

P. ¿Qué te gusta más de la mujer en la que te has convertido con el paso del tiempo y qué le dirías a la Pastora Vega de 30 años?

R. Uf, a la de 30 años no sé lo que le diría. Yo creo que he sido siempre muy madura, más madura de mi edad. Eso por lo menos era lo que me decían cuando tenía 14, cuando tenía 20, cuando tenía 22. De hecho, tenía amigos y amigas de todas las edades, pero tenía amigos casi con la edad de mi madre.

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Entonces esa gente ha sido muy importante para mí y muy maestra, sobre todo mis amigas mayores, porque me abrieron mucho el camino en todo. También en cómo encarar el paso del tiempo. Además, eran siempre amigas con una mentalidad muy abierta y que, de alguna manera, han conformado lo que yo soy ahora. Y lo que me han enseñado, básicamente, aunque suene a topicazo, es que la juventud o el saber envejecer tiene que ver con una actitud más que con los cuidados, que también. Obviamente, si no te cuidas y te maltratas, la piel y todo eso se nota, pero creo que no sirven de nada ochenta mil dietas, cremas, gimnasios o lo que me cuentes si no tienes una buena actitud.

Y creo que eso pasa con todo: con los hijos, con las parejas, con el dinero, con el amor. Si te va muy bien en cualquiera de las áreas de tu vida, pero tu actitud es la de una persona gris, que solo ve lo negativo, que solo ve lo que no tiene, que es envidiosa, que se compara, que no tiene resueltas cosas casi desde la niñez, que no es emocionalmente estable, pues no sirve de nada.

placeholder Pastora Vega en la MBFWM (Gtres)
Pastora Vega en la MBFWM (Gtres)

A mí me ha ayudado mucho ver a esas amigas mayores, algunas ya muy mayores y otras que desgraciadamente ya no están. Han sido un timón, una brújula.

Pero vamos, la Pastora de 30 se creía Peter Pan, claro, que no iba a envejecer nunca. Y además yo he empezado a notar el paso del tiempo de verdad a partir de los 50. Hasta entonces he estado súper bien, de piel y de todo. Incluso los estragos de la menopausia los sentí mucho más tarde de cuando la tuve, que fue alrededor de los 50.

Por eso te digo que es ahora, de unos años para acá, cuando de verdad dices: ‘Bueno, hay que rendirse’. Pero rendirse en el mejor sentido de la palabra, que es aceptar. Aceptar con una sonrisa el paso del tiempo, porque la alternativa no es muy buena, que es no estar aquí.

P. Hay mujeres que, con los años, se sienten más seguras y más atractivas que nunca. ¿La madurez te ha reconciliado con alguna inseguridad que tenías de joven?

R. ¿Sabes lo que pasa? Que con la edad —más que con la madurez, porque uno puede ser muy maduro con 38 años—, cuando ya tienes una edad como la mía, que voy a cumplir 66 años y además lo digo orgullosa, llega un momento en el que te importa todo un pimiento.

Muchas mujeres hemos dicho: ‘Hasta aquí’. Tengo arrugas, tengo canas y me sigo sintiendo estupenda.

Empiezas a pensar: ‘¿Por qué me voy a preocupar por cosas que no tienen arreglo?’. ¿No es mejor convivir con eso desde la serenidad, sin que te torture ni te quite la paz mental?

Porque hay cosas que no tienen solución. Los pellejos de los brazos, por ejemplo. ¿Qué hacemos? No se puede hacer nada, aunque te mates. A no ser que seas culturista profesional y vivas solo para eso, la piel se cae. A la mujer más bella y mejor cuidada del planeta se le caen los pellejos, las famosas alas de murciélago.

Entonces hay cosas que no te puedes operar, ni quitar, ni arreglar. Más vale aceptarlo y lucirlo si quieres, u ocultarlo si prefieres, eso ya depende de cada uno. Pero llega un momento en el que de verdad no te importa. Y eso también es una liberación.

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P. En una época marcada por los retoques y los filtros, ¿crees que envejecer de manera natural se ha convertido casi en un acto de rebeldía?

R. Pues fíjate, puede ser, pero también es muy triste. Porque los hombres no tienen que ponerse rebeldes ni enarbolar ninguna bandera para decir: ‘Aquí estoy yo con mi barriga, calvo, gordo y mayor’. A los hombres siempre se les ha concedido esa posibilidad de seguir gustando aunque sean mayores y aunque ya no sean los chicos guapísimos de antes.

Con las mujeres no pasa eso. Y es un tema que tiene muchísimo que ver con el machismo y el sexismo. También con el edadismo, que lo sufrimos todos, hombres y mujeres, pero mucho más nosotras. Aunque también nosotras hemos aceptado esa tiranía de tener que estar siempre estupendas.

Pero ¿qué es estar estupenda? Porque los cánones los han marcado mucho los hombres: estar joven, flaca, tersa, sexy. Y yo creo que una mujer puede ser muy sexy sin necesidad de ir apretada ni enseñando escotes. A una mujer un hombre le puede parecer sexy por su cabeza, por su inteligencia, por su sonrisa.

placeholder El cantante y actor Pablo Carbonell (d) y la actriz Pastora Vega (i) posan durante una entrevistacon motivo del estreno en Madrid de ‘Género de dudas’ , obra de teatro que regresa al Teatro Infanta Isabel. (Isa Saiz / Europa Press)
El cantante y actor Pablo Carbonell (d) y la actriz Pastora Vega (i) posan durante una entrevistacon motivo del estreno en Madrid de ‘Género de dudas’ , obra de teatro que regresa al Teatro Infanta Isabel. (Isa Saiz / Europa Press)

Y sí, creo que muchas mujeres hemos dicho: ‘Hasta aquí’. Tengo arrugas, tengo canas y me sigo sintiendo estupenda. Y salgo con mis canas y mis arrugas, y ya está.

P. Muchas actrices hablan de la presión estética en el cine y la televisión. ¿Has sentido que la madurez femenina sigue estando menos representada o menos celebrada?

R. Bueno, sobre todo porque hemos tomado la decisión de envejecer ante el público. Y si ya es duro envejecer para una misma, imagínate hacerlo delante de todo el mundo y que te comparen constantemente: ‘Mira cómo está esta, hecha polvo’.

Ahora pasa muchísimo en redes sociales. Ves titulares tipo ‘Cómo está Sofía Loren ahora’ y utilizan imágenes o inteligencia artificial para afear ese paso del tiempo. Pero perdona, es que todos envejecemos.

Los cánones los han marcado mucho los hombres: estar joven, flaca, tersa, sexy. Y yo creo que una mujer puede ser muy sexy sin necesidad de ir apretada ni enseñando escotes

Creo que las mujeres tenemos una mirada mucho más amplia sobre la belleza. Entendemos muchas más cosas. En cambio, hay hombres —generalizando, claro, porque hay excepciones— que siguen teniendo una visión mucho más básica: unas tetas estupendas, un culo, una piel suave, una cosa sexy… Y llega una edad en la que todo eso te da muchísima pereza.

Entonces dejas de entrar en ese juego y decides gustarte a ti misma. Y si además le gustas a alguien más, pues fenomenal. Bienvenido a casa.

P. Transmites una belleza muy serena y poco artificiosa. ¿Qué rituales o hábitos mantienes hoy para cuidarte?

R. Pues mira, lo básico que hacemos todas: desmaquillarme bien, por ejemplo. Ahora que estoy haciendo teatro imagínate, porque en el teatro te maquillas muchísimo por los focos y la luz. Así que todos los días me maquillo muchísimo, vuelvo a casa y me desmaquillo con mucho mimo, aunque sea aburrido.

Me cuido con cremas y sérums. Me gusta mucho la marca Isdin, que tiene productos estupendos, y me gusta ir cambiando para que la piel no se acostumbre siempre a lo mismo.

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Antes de empezar la obra me hice unas sesiones de Indiba y de otro tratamiento parecido, pero más fuerte con el Dr. Amselem en DEMYA, siempre recurro a él. Y sí notas que la piel mejora. También me hago limpiezas, vitaminas y utilizo la máscara de luz para estimular el colágeno.

Lo que pasa es que mi vida es muy poco regular. Mi profesión no me deja ser disciplinada del todo. Hay épocas en las que hago deporte todos los días y otras en las que paso una semana sin hacer nada.

Alguna vez me he puesto un poquito de ácido hialurónico, pero no me gusta. No me sienta bien. Y el bótox solo me lo hago muy de vez en cuando porque soy actriz y, aun así, con muchísimo cuidado. No puedo paralizar mi expresión de ninguna forma. Cuando sé que voy a estar unos meses sin trabajar, a veces me pongo un poquito en el entrecejo o en las patas de gallo para relajar la zona, pero no me gusta abusar. Prefiero una cara arrugada antes que una cara inexpresiva.

P. ¿Hay algún gesto de belleza heredado —de tu madre, de tu abuela o de otra mujer importante en tu vida— que sigas manteniendo intacto?

R. Me encantaba mirar a mi abuela materna cuando se desmaquillaba. Era muy presumida y utilizaba todos los productos de Vichy. Yo la veía hacer todos los pasos: la leche limpiadora, el tónico, la crema hidratante… Y eso lo tengo grabado desde pequeña.

También miraba muchísimo a mi madre maquillarse. Cuando ella se iba yo me ponía sus pelucas y me maquillaba. Me fascinaba todo ese mundo desde los siete u ocho años, muchísimo antes de imaginar que me dedicaría a esto.

placeholder Pastora Vega durante el estreno del musical 'El fantasma de la ópera' en octubre de 2023, en Madrid. Óscar Ortiz / Europa Press
Pastora Vega durante el estreno del musical 'El fantasma de la ópera' en octubre de 2023, en Madrid. Óscar Ortiz / Europa Press

Y también recuerdo mucho a mi bisabuela, Pastora Imperio. Aunque era muy mayor, seguía teniendo su ritual. ¿Sabes con qué se limpiaba la cara? Con colonia. Porque en su época no existían tónicos ni nada parecido. Se limpiaba con colonia fresca y tenía una piel impresionante.

Y luego hay un truco que alguien me enseñó hace años y que sigo utilizando: llenar el lavabo con agua muy fría y hielo y meter la cara varias veces cuando tienes mala cara o estás agotada. Es mano de santo”.

P. Después de tantos años de exposición pública, ¿cómo proteges tu bienestar emocional y qué haces para seguir viéndose bien frente al espejo, incluso en los días menos luminosos?

R. “Pues mira, lo primero que hago es dar gracias por un día más. Me recuerdo a mí misma que todo lo básico está bien y doy gracias por eso. Porque hasta que no estás enfermo o no tienes a alguien muy querido pasándolo fatal, no te das cuenta de que muchas veces nos entristecemos por tonterías.

Entonces me tomo un café conmigo misma y me siento a pensar: ‘A ver, ¿por qué estás de mal humor? ¿Por qué estás venida abajo?’. Y otras veces simplemente me digo: ‘Bueno, pues hoy estás así’.

Porque sé que se va a pasar. Los días grises pasan. Y creo que lidio bastante bien con ellos porque soy una persona generalmente positiva y optimista. Aunque tenga mucho carácter y a veces explote o me venga abajo, al final siempre pongo en la balanza todo lo bueno. Porque si no, ya me contarás”.

Pastora Vega atraviesa uno de esos momentos en los que no hay género de dudas: sigue brillando sobre los escenarios y también fuera de ellos. La actriz y presentadora protagoniza junto a Pablo Carbonell la comedia GÉNERO DE DUDAS en el Teatro Infanta Isabel de Madrid y, además, nos ha concedido una entrevista en la que habla de belleza, cuidados (confía en el prestigioso Dr. Moisés Amselem, de la clínica DEMYA, para algunos de sus tratamientos favoritos) y de cómo consigue mantenerse tan estupenda a sus 65 años.

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