Lo de Ethel Cain en Coachella con vestido negro de seda de Dior y tocado floral no fue solo un look potente. Fue también una forma bastante clara de ver por dónde se está moviendo ahora el lujo. Porque ya no va tanto de fichar a la persona más perfecta, más pulida o más inalcanzable. Va de otra cosa: de talento, de personalidad y de elegir perfiles que ya traen un universo de casa.
Su actuación este fin de semana, vestida de negro riguroso, con ese aire entre litúrgico, raro y muy suyo, encaja muy bien con el momento actual de Dior. No parecía una artista metida dentro de un vestido de marca para cumplir. Parecía Ethel Cain siendo Ethel Cain, solo que con Dior detrás. Y eso, ahora mismo, vale muchísimo más que la foto impecable de siempre.
Ethel Cain (Cortesía Dior)
El lujo lleva ya un tiempo cambiando el tipo de embajadores que busca. Durante años funcionó muy bien el esquema de la figura perfecta: rostro bonito, imagen limpia, presencia aspiracional y muchos seguidores en redes. Pero ese modelo se ha quedado corto. No porque haya desaparecido, sino porque ya no basta. Las marcas quieren gente que mueva conversación, sí, pero sobre todo gente que tenga algo detrás. Talento real. Trayectoria. Por eso ahora miran tanto a músicos, actores y artistas.
Jonathan Anderson lo está dejando bastante claro en Dior. Después del anuncio de Guitarricadelafuente como embajador, se entiende aún mejor. En sus últimos conciertos había algo que llamaba la atención más allá de la música. No era solo que fuese bien vestido, era que había una coherencia. Un look bastante claro, bastante Dior. Y ahora ya tiene sentido: la casa acaba de anunciarlo como nuevo embajador. Ahí la jugada está bien pensada, porque Guitarricadelafuente funciona justo por eso: por talento, por identidad y por una manera de mezclar tradición y presente sin parecer una caricatura. Su música tiene ese punto de raíz, pero no suena a folclore de postal. Suena a alguien que lo entiende y se lo lleva a su terreno.
De hecho, da la sensación de que Anderson está afinando justo ahí: menos perfil perfecto y más gente con una narrativa propia. Más cultura, más música, más cine. Menos “modelo de campaña” y más persona con algo que contar. Ethel Cain entra de lleno en esa idea. No es una artista cómoda, no es una elección obvia y precisamente por eso funciona tan bien. Tiene imaginario, tiene discurso y tiene una estética reconocible. No necesita que una marca la invente.
Y no solo está pasando en Dior. Chanel también está moviendo ficha en esa dirección. Pedro Pascal ha sido nombrado nuevo embajador de la maison y, además, aparece en la campaña de gafas Primavera-Verano 2026 junto a Nicole Kidman y G-Dragon. La firma, además, lleva tiempo insistiendo en su vínculo con el cine y la creación cultural en su propia comunicación oficial.
El último vestido de Ethel en Coachella (Dior)
Lo interesante aquí es que Pedro Pascal no responde al embajador de lujo más clásico. Funciona por carisma, por carrera, por momento cultural y por esa mezcla rara entre actor muy respetado y fenómeno popular. Tiene prestigio, pero también cercanía. Tiene oficio, pero también meme, internet, conversación. Y Chanel, que históricamente ha sido muchísimo más rígida en su imaginario, parece estar diciendo que eso también es lujo ahora.
Al final, el giro va por ahí. Las marcas siguen queriendo deseo, claro. Pero ahora el deseo ya no pasa solo por lo perfecto. Pasa por lo singular. Por alguien que tenga voz, que tenga escena propia, que no parezca intercambiable. Por alguien que no solo lleve la ropa, sino que la contamine un poco con su mundo.
Por eso Ethel Cain en Coachella importa más de lo que parece. Porque no es solo un vestido negro bonito sobre un escenario enorme. Es Dior diciendo bastante claramente qué tipo de figuras le interesan ahora. Y es el lujo, en general, asumiendo que hoy el verdadero valor no está en encontrar a la cara más impecable, sino al talento que ya llega con relato, con peso y con verdad.
Si quieres, te lo rehago todavía más Vanitatis, más afilado y más de columna-editora.
Lo de Ethel Cain en Coachella con vestido negro de seda de Dior y tocado floral no fue solo un look potente. Fue también una forma bastante clara de ver por dónde se está moviendo ahora el lujo. Porque ya no va tanto de fichar a la persona más perfecta, más pulida o más inalcanzable. Va de otra cosa: de talento, de personalidad y de elegir perfiles que ya traen un universo de casa.