Arthur Brooks, experto en felicidad en Harvard, sobre el matrimonio: "El secreto de un matrimonio feliz es una amistad profunda"
La pasión suele acaparar todo el protagonismo al inicio de una relación, pero no es lo que garantiza que dure, el experto pone el foco en mirar más allá de esa primera etapa y sitúa la clave del matrimonio en un lugar menos idealizado
Durante años, la idea del amor romántico ha dominado el imaginario colectivo sobre las relaciones de pareja. La pasión, la intensidad emocional o la conexión inmediata suelen ocupar el centro del relato. Sin embargo, el experto en felicidad Arthur Brooks plantea una visión distinta y más a largo plazo: lo que realmente sostiene un matrimonio no es la emoción inicial, sino el vínculo que se construye después.
Brooks explica que la psicología distingue entre dos grandes etapas del amor romántico. La primera es la fase pasional, marcada por la atracción intensa y la novedad. La segunda, menos idealizada pero mucho más determinante, es la que denomina amor de compañía o “companionate love”. Es en este punto —que suele llegar entre los tres y cinco años de relación— donde muchas parejas encuentran su verdadero equilibrio… o donde empiezan los problemas.
Según el experto, uno de los motivos por los que algunas relaciones pasan rápidamente del enamoramiento al conflicto es que nunca llegan a desarrollar esa base de amistad. Las parejas que se quedan únicamente en la fase pasional, sin evolucionar hacia una conexión más profunda, corren el riesgo de perderse cuando la intensidad inicial disminuye. En sus palabras, no logran “culminar” la relación en su forma más completa, que no es otra que la amistad.
Lejos de ser una idea romántica en sentido superficial, Brooks respalda esta evolución con una explicación científica. Habla de un proceso neuroquímico en el que intervienen diferentes sustancias cerebrales a lo largo del tiempo. La fase final de ese proceso está marcada por la liberación de oxitocina, una hormona asociada al apego y al vínculo emocional. Es esa base biológica la que sostiene las relaciones más estables y duraderas.
Esa “amistad profunda” de la que habla no es una simple afinidad, sino un tipo de conexión que también aparece en otros vínculos esenciales, como el que se tiene con la familia o los amigos más cercanos. En el contexto de la pareja, implica compartir valores, sentirse comprendido y construir una confianza sólida que va más allá de la atracción.
El planteamiento de Brooks encaja con una tendencia cada vez más visible en las conversaciones sobre relaciones: la necesidad de redefinir el éxito en pareja. Más allá de la intensidad o la idealización, cada vez se valora más la estabilidad emocional, el respeto mutuo y la capacidad de crecer juntos en el tiempo.
Las claves para disfrutar de una relación de pareja sana. (Pexels)
Su mensaje invita a replantear las expectativas sobre el amor. La pasión puede ser el inicio, pero no es suficiente por sí sola. Lo que realmente marca la diferencia, según defiende, es la capacidad de convertirse en el mejor aliado del otro, en alguien con quien compartir no solo momentos extraordinarios, sino también la vida cotidiana.
Así, la clave no estaría en buscar una relación perfecta, sino en construir una relación sólida. Una en la que, con el paso del tiempo, la pareja deje de ser solo un amor y se convierta también en un amigo imprescindible.
Durante años, la idea del amor romántico ha dominado el imaginario colectivo sobre las relaciones de pareja. La pasión, la intensidad emocional o la conexión inmediata suelen ocupar el centro del relato. Sin embargo, el experto en felicidad Arthur Brooks plantea una visión distinta y más a largo plazo: lo que realmente sostiene un matrimonio no es la emoción inicial, sino el vínculo que se construye después.