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Crítica de 'Euphoria' (T3): sordidez, nihilismo y humor en un festín visual no apto para todos los estómagos
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Crítica de 'Euphoria' (T3): sordidez, nihilismo y humor en un festín visual no apto para todos los estómagos

Más nihilista que nunca, la tercera entrega multiplica las dosis de humor satírico y potencia los aspectos visuales que la han convertido en una experiencia casi onírica a la hora de representar la belleza de la degradación

Foto: Zendaya, más religiosa que nunca en la tercera entrega de 'Euphoria'. (HBO Max)
Zendaya, más religiosa que nunca en la tercera entrega de 'Euphoria'. (HBO Max)

Sam Levinson creó un producto único con las dos primeras temporadas de 'Euphoria'. Una serie de adolescentes perdidos que daba una vuelta de tuerca al subgénero de adolescentes perdidos. Porque la generación Z también es hija de la desesperanza de unos tiempos oscuros e inciertos.

El creador no solo situaba a esos ángeles caídos en un entorno de degeneración máxima, adicción a las drogas, superficialidad tóxica y bella tristeza.

También proporcionaba a sus historias un envoltorio único, mediante una narrativa casi publicitaria y una fotografía que, gracias a sus toques de luz de neón y sus sombras simbólicamente expresionistas, era fascinante.

placeholder Cartel promocional de 'Euphoria 3'. (HBO Max)
Cartel promocional de 'Euphoria 3'. (HBO Max)

Los mismos atributos siguen presentes en la tercera entrega, para la que hemos tenido que esperar la friolera de cuatro años. Para muestra, un dato: la mayoría de episodios están filmados en 65 mm y ofrecen vistas francamente espectaculares desde los primeros minutos.

Los planos abiertos del primer capítulo, en los que vemos a Rue caminando por el desierto, desesperada por saltar la valla que separa la frontera mexicana de Estados Unidos, lo demuestran.

Cada fotograma exuda vida y cada encuadre está compuesto con exquisitez artística. Pese a lo terrible de los hechos narrados (las críticas a Levinson por la crudeza y lo desagradable del primer episodio han sido varias), el apartado meramente visual resulta enormemente atractivo, como si estuviésemos contemplando un western operístico dirigido por Sergio Leone.

placeholder Zendaya, carne de cañón en el tercer 'Euphoria'. (HBO Max)
Zendaya, carne de cañón en el tercer 'Euphoria'. (HBO Max)

La belleza visual está de vuelta. También otra característica de la ficción: en esta tercera 'Euphoria', o al menos en el primer capítulo al que ha tenido acceso este medio, la vida de los ya adultos protagonistas es tan desesperanzada como la de años atrás. Nihilismo químicamente puro.

¿Por qué aparece Rue (Zendaya) en mitad del desierto en los primeros minutos? Ella misma nos cuenta, vía flashback y a través de una irónica voz en off, cómo se convirtió en mula para traficar fentanilo al servicio de Laurie, la que antaño fue su camella. Una señora, esta última, digna del Tony Montana más sibilino.

placeholder Cartel promocional de 'Euphoria'. (HBO Max)
Cartel promocional de 'Euphoria'. (HBO Max)

Una vez despojada de la adicción que marcó su vida en las dos primeras temporadas, la joven, tan desastrosa como de costumbre, trata de zafarse de su deuda con Laurie y se topa con Álamo Brown, un gánster que dirige varios clubs de streaptease. Vamos, que pasa de Málaga a Malagón. Para Brown trabaja Magick, el personaje de Rosalía al que podemos ver a partir del segundo capítulo.

El primer capítulo también nos muestra la vida premarital de Nate y Cassie (como en el caso de Zendaya, se nota que Jacob Elordi y Sidney Sweeney los interpretan desde un estrellato cinematográfico que no poseían cuando se estrenó 'Euphoria 2').

El primero vive centrado en un negocio que no acaba de arrancar y la segunda está obsesionada con ganar dinero exhibiéndose en redes sociales, hasta el punto de plantearse tener un perfil en OnlyFans.

placeholder Jaco Elordi, más adulto en la tercera entrega de 'Euphoria'. (HBO Max)
Jaco Elordi, más adulto en la tercera entrega de 'Euphoria'. (HBO Max)

Los primeros minutos de Sweeney, posando ante el móvil de su asistenta, disfrazada de perrito, muestran el acercamiento de la serie a un humor scorsesiano que en las anteriores temporadas no tenía tanto protagonismo.

Las humoradas 'what the fuck', también herederas del lado más oscuro de los Coen, se multiplican. No es difícil echarse a reír con una Rue que conduce un Uber mientras repite pasajes bíblicos, ante la cara de estupefacción de un pasajero, o ante las frases de un Álamo que da mucho juego como nuevo personaje. "Soy el puto rey de los coños", exclama en una secuencia.

placeholder Álamo Brown, el nuevo gangster de 'Euphoria'. (HBO Max)
Álamo Brown, el nuevo gangster de 'Euphoria'. (HBO Max)

Las primeras críticas en Estados Unidos han señalado la poca coherencia de los personajes protagonistas con respecto a cómo los conocimos previamente. Sin embargo, y por surrealista que parezca, no resulta difícil ver la evolución de la Rue adicta a la Rue traficante de drogas. De hecho, supone una visión bastante más realista de lo que podría parecer a priori.

Levinson ha asegurado que esta temporada está inspirada en el tercer paso de Alcohólicos Anónimos, consistente en rendirse a un poder mayor. La inesperada búsqueda religiosa de Rue no solo lo demuestra sino que supone uno de los pocos anclajes emocionales de la serie.

placeholder Sharon Stone en la tercera temporada de 'Euphoria'. (HBO Max)
Sharon Stone en la tercera temporada de 'Euphoria'. (HBO Max)

En esta nueva tanda de episodios, se apuesta más por la sátira o la crítica a la cultura pop y al mundo del cine (de ahí el personaje de productora de culebrones interpretado por una espléndida Sharon Stone) que por rompernos el corazón como hacían algunos capítulos anteriores.

placeholder Alexa Demie en 'Euphoria'. (HBO Max)
Alexa Demie en 'Euphoria'. (HBO Max)

Para algunos, quizá el mayor alcance del humor y del sarcasmo sea un defecto, pero cuesta encontrar un producto que muestre de manera más brillante la degradación de sus personajes.

Sin juzgarlos (eso ya es marca de la casa) y con un cruce de géneros que sería bendecido por artistas tan dispares como el mencionado Scorsese o Larry Clark, el director de 'Kids' que de degradación juvenil sabe un rato.

placeholder Hunter Schafer  en la tercera entrega de 'Euphoria'. (HBO Max)
Hunter Schafer en la tercera entrega de 'Euphoria'. (HBO Max)

'Euphoria' vuelve más descarnada y más nihilista que nunca, pero con un punto satírico en el guion que, desde los disparos a una manzana encima de la cabeza de la protagonista a los pedos de una traficante cuyo estómago está lleno de globos de narcóticos, resulta tan irresistible como sus espectaculares recursos audiovisuales.

Como pensarían los jóvenes de este tótem generacional de la televisión moderna, ya que el mundo es una mierda, al menos riámonos un poco de él.

Sam Levinson creó un producto único con las dos primeras temporadas de 'Euphoria'. Una serie de adolescentes perdidos que daba una vuelta de tuerca al subgénero de adolescentes perdidos. Porque la generación Z también es hija de la desesperanza de unos tiempos oscuros e inciertos.

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