El álbum de boda de Fernando Morientes y Victoria López: "Hubo muchos invitados y una nube de fotógrafos, pero también fue un enlace muy de verdad"
El ex jugador del Real Madrid y la selección española y su novia de toda la vida, Victoria López, se casaron en Toledo la víspera de Nochebuena tras toda una vida enamorados. Su hijo Nando, de cinco meses, fue el invitado más especial
Fernando Morientes y Victoria López el día de su boda, un 23 de diciembre de 1999. (Gtres)
La historia de amor del exfutbolista y actual comentarista deportivo Fernando Morientes y su mujer, Victoria López, no comenzó en una cita romántica, ni en un viaje inesperado, ni siquiera por amigos comunes sino, ¡en el colegio! "Éramos compañeros de pupitre en Sonseca, donde vivíamos los dos, y también muy buenos amigos. A los 15 años nos hicimos novios y con 23, nos casamos". ¿La fecha elegida? Un gélido 23 de diciembre de 1999. "La decisión de casarnos en plena Navidad fue simplemente práctica. Fernando tenía algunos días libres en su agenda deportiva y aprovechamos la ocasión. Además, a mí me encantan las bodas de invierno. Es cierto que hizo un frío polar pero, por la fecha que fue, también tuvo una magia doblemente festiva, familiar y muy romántica", nos cuenta nuestra protagonista.
Fernando Morientes llegando a la ceremonia religiosa. (Gtres)
El peinado de la novia. (Cortesía)
La prueba del vestido de novia de Victoria López. (Cortesía)
La ceremonia religiosa se celebró en el imponente Monasterio de San Juan de los Reyes, en Toledo, un templo gótico del siglo XV repleto de historia, belleza y solemnidad. "La elección de la iglesia fue muy natural para nosotros. Ambos sentimos un vínculo muy especial con esta ciudad y desde que fijamos la fecha de la boda, tuvimos claro que nos casaríamos aquí. Con las impresionantes tallas y lienzos del altar y adornada con flores blancas sobre fondo verde, resultaba espectacular", recuerda Victoria. El novio, vestido con un clásico chaqué negro deFélix Ramiro, camisa blanca y chaleco gris, llegó acompañado de su madre y madrina, que lucía un elegante traje color azul añil. Entretanto, multitud de gente se agolpaba a la puerta de la iglesia desde primera hora de la mañana para no perder detalle del paso de los novios y los invitados.
La pareja durante la ceremonia religiosa. (Cortesía)
Momentos entre Fernando Morientes y Victoria López. (Cortesía)
La novia, que apenas se hizo esperar unos minutos, llegó a la iglesia a bordo de un coche negro acompañada de su padre, Manuel López. "Aquel día estaba muy nerviosa. Durante el trayecto, mi padre me miraba sin decir palabra, pero estaba más emocionado que yo. Por suerte, cuando comencé a cruzar la nave central con la marcha nupcial de Mendelssohn y ví a Fernando esperándome al final del pasillo, conseguí tranquilizarme. Ese fue el momento más emotivo para mí. La majestuosidad de la iglesia, los acordes de un cuarteto de cuerda y el fantástico coro hicieron lo demás. Es cierto que hubo muchos invitados, muchos compromisos, una nube de fotógrafos... pero también fue una boda muy bonita, cercana y muy de verdad. Lo único que nos importaba era compartir la felicidad de aquel día con nuestros seres más queridos. Especialmente con mi hermano Juan Manuel. Ahora que no está, me doy cuenta de la suerte que tuve de tenerle ese día", dice la novia.
Una vez casados, y tras recibir la esperada lluvia de arroz, los novios se trasladaron al Cigarral de las Mercedes. Una antigua finca rural maravillosamente integrada en la naturaleza, presidida por una casona del siglo XVI y con Toledo desplegándose al fondo, donde tuvo lugar el banquete y la fiesta. Allí les esperaban sus casi 400 invitados, entre los que se encontraban rostros conocidos como el entonces presidente del Real Madrid, Lorenzo Sanz, y los jugadores Raúl González con su mujer Mamen Sanz, Fernando Hierro, Aitor Karanka y Manolo Sanchís, entre otros. "La entrada al Cigarral, atravesando con Fernando aquel camino cuajado de velas y antorchas, a punto de anochecer y con el maravilloso skyline de Toledo al fondo, fue uno de mis momentos favoritos de aquel día", rememora emocionada Victoria.
La pareja con los padrinos. (Cortesía)
Los recién casados. (Cortesía)
A dos días de la Navidad, los novios apostaron por una decoración repleta de guirnaldas de luces, velas y, por supuesto, grandes Árboles navideños con tonalidades rojas, verdes y doradas, creando un ambiente de lo más cálido y ensoñador. "En aquella época no contábamos con la ayuda de ninguna wedding planner de modo que fui yo misma, con ayuda de mi familia y mis amigas, quien se encargó de todos los detalles. Y, aunque cada día surgía una nueva tarea que resolver, también resultó muy emocionante". Para celebrar el almuerzo, el Cigarral habilitó unas carpas enormes donde se dispusieron las mesas, todas redondas y vestidas con manteles rojos, vajillas clásicas y centros cuajados de bayas, acebo y ramas de encinas. El menú, con platos tradicionales y una tarta gigante de bizcocho y crema, lo sirvió el propio Cigarral.
Para abrir el baile los novios eligieron el vals 'El Danubio azul' de Strauss. "Fernando y yo los ensayamos durante días, pero a la hora de la verdad nos salió fatal, de modo que resolvimos el momento con risas y buen humor", explica. La fiesta se prolongó hasta altas horas de la madrugada a ritmo de pop y rock de los 80' y los 90', alguna balada de Frank Sinatra y, por supuesto "nuestra canción favorita: 'Y nos dieron las diez' de Joaquín Sabina, que nos acompaña siempre". Al día siguiente, Nochebuena, iniciaron su viaje de novios con destino aRoma.
Una novia con abrigo invernal
Victoria no fue una de esas chicas que imaginaba su vestido de novia desde la adolescencia. Lo que decidió rápidamente es que Chus Basaldúa seria la elegida para diseñar su traje nupcial. Fue su amiga Mamen Sanz, mujer del futbolista Raúl González, quien le aconsejó ir a su taller en Madrid, donde ella misma había encargado meses antes su propio traje de novia.
Fernando y Victoria bailando como marido y mujer. (Cortesía)
El banquete de la boda. (Cortesía)
"Recuerdo que llegué al atelier sin ninguna idea previa. Mi única intención era llevar un vestido sencillo, bonito y nada pomposo. Eso sí, como me casaba en invierno tenía que ir abrigada. Por suerte, Chus captó de inmediato mi estilo y mi personalidad y acertó con un diseño que me conquistó desde el primer boceto", apunta Victoria. ¿El resultado final? Un vestido ligero realizado en satén de seda color marfil, con tirantes anchos, escote redondo y falda evasé. Se acompañaba con un abrigo largo abotonado, muy estructurado, con detalles de pedreríaen la solapa y los puños y cola de dos metros. Lo combinó con unos zapatos de Pilar Burgos forrados con la misma tela que el vestido, un voluminoso velo de tul y un bouquet de rosas color melocotón.
Como única joya, la novia lució unos pendientes botón de brillantes, pertenecientes a su madre, muy especiales para ella. Del maquillaje, en tonos muy suaves, se encargó una amiga de la novia y el peinado, un recogido trenzado adornado con flores de tela a modo de tiara, fue obra del estilista Eduardo Sánchez.
'Sí, quiero' veinticinco años después
Para celebrar sus veinticinco años de amor, Victoria y Fernando volvieron a renovar sus votos en una ceremonia oficiada por el mismo sacerdote que les casó la primera vez celebrada en diciembre de 2024. Después celebraron una gran fiesta en su casa de Madrid que duró hasta la madrugada, en la que destacaron cuatro invitados muy especiales: sus hijos Nando, Lucía, Gabriella y Martina, "que, además de leernos una carta preciosa y vivieron aquel día contentísimos y muy emocionados", señala su madre.
El matrimonio en sus bodas de plata. (Instagram)
Victoria lució un vestido color salmón salpicado de paillettes con escote barco, mangas abullonadas y cuerpo ajustado a la cintura, además de una pequeña cola, diseñado por Rafa Valverde. Llevaba la melena recogida en un moño bajo, dejando algunos mechones sueltos y ondulados. Tras la cena, se deshizo de las mangas y la cola para poder disfrutar al máximo de la fiesta.
Recién cumplidas sus bodas de plata, Victoria y Fernando siguen apostando por su historia de amor y la vida que han construido juntos. Así lo reconocían recientemente en sus redes sociales: "26 años después y sigues siendo mi lugar favorito -decía Fernando-. Admiro muchísimas cosas de mi mujer: su evolución, su capacidad de adaptación y su generosidad, especialmente con la familia. Pero lo que más necesito es su positivismo". Por su parte, Victoria escribió: "Juntos, todo da menos miedo. Y yo tuve la suerte de encontrarme contigo con 15 años y no soltarme nunca más. Eres tan buena gente, tan humilde, tan constante y comprometido en todo y con todos... Más de media vida después, te elegiría siempre". No hay que añadir nada más.
La historia de amor del exfutbolista y actual comentarista deportivo Fernando Morientes y su mujer, Victoria López, no comenzó en una cita romántica, ni en un viaje inesperado, ni siquiera por amigos comunes sino, ¡en el colegio! "Éramos compañeros de pupitre en Sonseca, donde vivíamos los dos, y también muy buenos amigos. A los 15 años nos hicimos novios y con 23, nos casamos". ¿La fecha elegida? Un gélido 23 de diciembre de 1999. "La decisión de casarnos en plena Navidad fue simplemente práctica. Fernando tenía algunos días libres en su agenda deportiva y aprovechamos la ocasión. Además, a mí me encantan las bodas de invierno. Es cierto que hizo un frío polar pero, por la fecha que fue, también tuvo una magia doblemente festiva, familiar y muy romántica", nos cuenta nuestra protagonista.