Lydia Bosch: “Ir a terapia me da herramientas para surfear la vida con cierto equilibrio”
La actriz tiene importantes novedades a la vista, en un momento vital sobrado de energía que le llevará de nuevo a los escenarios este verano, y que le permite sincerarse con nosotros: "A lo hecho, ¡pecho!"
Lydia Bosch vuelve a las tablas nada menos que con 'Fedra, en los infiernos' en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. (Cortesía)
¿Qué le ha pasado a Lydia Bosch para que ahora vea la vida con otros ojos? Un, Dos, Tres... ¡Responda otra vez! —quien no entienda este giro inesperado de guion, que le pregunte a sus padres—. Lo primero que ha hecho la actriz es no resignarse al paso del tiempo. Y no, no estamos hablando de medicina estética, sino de algo que no se ve… o quizá sí. La exazafata del 'Un, Dos, Tres' venida a más —de aquello hace ya más de 40 años— nos cuenta lo feliz que está por haber cogido el toro por los cuernos para mejorar su calidad de vida. Una operación de presbicia tiene la culpa de su euforia. De los proyectos profesionales de Lydia Bosch, y de su interpretación de Fedra en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, hablamos después. De eso, y de sus comienzos, de las malas pasadas que le ha jugado la IA, de terapia y de su convicción de que "lo que sucede, conviene".
"En octubre del año pasado tuve una lectura dramatizada, y fue un punto de inflexión en mi vida. Claro, yo tenía gafas para ver de cerca, cosas que trae la edad, pero al tiempo que leía tenía que moverme, interpretar… Ponte las gafas por aquí, quítatelas por allá… y aquello era un mareo. Tuve que hacerme una copia del libreto con letras en tamaño gigante, y era todo muy incómodo, un show. Ese día dije: “¡Hasta aquí hemos llegado!”. Por suerte, Belén Rueda se había operado de presbicia y se lo había recomendado. “Ella, y otros compañeros de profesión también. Me fui a Baviera y allí la doctora Clara Martín disipó todas mis dudas, que eran muchas. Tenía miedo, pero ahora sé que es lo mejor que he hecho en mucho tiempo. Quince minutos y listo. Y encima, al haberme puesto una lente intraocular, me 'ahorro' en un futuro operarme de cataratas. He recuperado seguridad y mi libertad. ¡Adiós, gafas!”.
La actriz es madre de tres hijos: Andrea y los mellizos Juan y Ana. (Javier Mantrana)
Ahora que ya lo vemos todo claro —y que las letras del WhatsApp de la actriz han vuelto al tamaño normal—, ya estamos en disposición de hablar de trabajo, de gustos, de Chicho, de risas bajo el paraguas y de todo lo que se tercie. Cuéntanos, Lydia…
PREGUNTA. En tu caso, ser actriz, ¿es vocación o pura casualidad?
RESPUESTA. Ambas. Tuve la gran suerte de que la vida me llevara de forma casual al lugar exacto, en el momento oportuno, y me permitiera poder desarrollar mi vocación. Pasó de forma fortuita en Barcelona, cuando una amiga y yo estábamos esperando a otros amigos porque nos íbamos juntos el fin de semana. Alguien nos dijo que Chicho Ibáñez Serrador estaba con el ballet Zoom en una sala de fiestas cercana. Decidimos ir allí para cotillear.
Fue entrar, y yo noté una mano en el hombro acompañada por una voz que me decía: "Sube". Me giré, y era Chicho (Ibáñez Serrador), con las gafas medio caídas como él las llevaba, mirándome por encima de las lentes. No sé cómo ni por qué, pero hice lo que me dijo. Subí al escenario. Esa cosa hipnótica que tenía Chicho, ¿sabes? Y en un momentito yo estaba haciendo una prueba, probablemente con la tranquilidad que da la inconsciencia.
P. ¿Estás hablando de tu debut en televisión como azafata del mítico 'Un, Dos, Tres', allá por 1984?
R. Exacto. Chicho estaba buscando una azafata para sustituir a Silvia Marsó. A esa primera osadía en la sala de fiestas de Barcelona le siguieron pruebas de fotogenia, de telegenia… Y de repente me encontré con poco más de 20 años con planes para una nueva vida en Madrid. En septiembre de 1984 empezó aquella aventura maravillosa que lo cambió todo.
P. "Han sido dos respuestas acertadas, a 25 pesetas cada una…". Te tocó ser la cajera del concurso...
R. ¡Sí! En esta época teníamos que hacer de todo: bailar, cantar, actuar, multiplicar… Un excelente training, sin duda, y Chicho, el mejor de los maestros.
"No puedo soportar la mentira, la prepotencia, la manipulación y la mala educación"
P. ¿Alguna referencia a la que hayas copiado y pegado más que a otra?
R. Pues mira, cuando empecé, la verdad es que no tenía ningún referente. Porque fue inesperado, nada planeado. Pero de pequeña me apuntaba siempre a las obras de teatro que se hacían en el colegio, y disfrutaba como una loca viendo películas musicales, haciendo playback delante del espejo. Si tengo que decir una película que marcó un antes y un después, esa fue 'Lo que el viento se llevó'. Pero también era superfan del 'Un, Dos, Tres', que veía en casa con mi familia. Siempre decía que algún día sería azafata. ¡Qué fuerte!
P. ¿Eres de las que se han currado llegar hasta donde están con sangre, sudor y lágrimas, o has tenido la suerte justa y necesaria?
R. La vida me ha sorprendido para bien, he tenido suerte. Eso sí, cuando ha llegado la oportunidad, yo siempre he actuado con responsabilidad, con pasión y con trabajo. Para eso soy muy seria.
P. Para vivir y ser razonablemente feliz, ¿qué necesitas?
R. ¡Ganas! Ganas en mayúsculas. Y salud para disfrutarlas. O sea, ganas para seguir aprendiendo, para hacer deporte, para trabajarme, para amar… Yo qué sé: conocer, leer y seguir apasionándome con lo que hago.
Lydia Bosch recomienda la operación de presbicia, que le ha permitido 'deshacerse' de la esclavitud de sus gafas. (Cortesía)
P. Esa vez que dijiste: ¿Quién me manda a mí meterme en esto?
R. El sentido de esa expresión lleva implícito arrepentimiento. Y yo soy de las que piensan que todo lo que sucede conviene. Lo menos bueno nos da un aprendizaje valioso para crecer. Además, estoy convencida siempre de que, a lo hecho, ¡pecho!
P. ¿En qué eres buena, sin paños calientes ni falsa modestia?
R. Cocinando y cuidando a la gente que quiero.
P. No puedes soportar…
R. La mentira, la prepotencia, la manipulación y la mala educación.
"Me equivoqué hasta el fondo cuando dejé entrar en mi vida a según qué personas"
P. ¿Eres de las que alimentan las listas de espera de los psicólogos?
R. Voy a terapia y me ayuda mucho cuando lo necesito. Con su ayuda he conseguido conocerme mejor y tengo las herramientas suficientes para lo que yo llamo surfear la vida con cierto equilibrio. En cualquier caso, la verdad es que juego con ventaja porque mi mejor amiga, que es como una hermana para mí —y que vive en Barcelona—, es también psicóloga y desde hace más de 20 años me acompaña en mi día a día. Ella, obviamente, no es mi terapeuta, pero es un gran apoyo.
P. Te equivocaste hasta el fondo cuando...
R. Cuando dejé entrar en mi vida a según qué personas.
P. Un recuerdo que aún te pone la piel de gallina.
R. Cuando experimenté lo que es llorar de felicidad por primera vez en mi vida. Pasó cuando me quedé a solas con mi hija mayor, con Andrea —a quien tuvo con Micky Molina—, recién llegadas las dos a casa después de su nacimiento. No podía controlar el llanto mientras la miraba dormidita en la cuna. Una pasada.
P. ¿Qué le está pasando al mundo?
R. El mundo se está deshumanizando. No hay empatía, no hay respeto y muchas veces el sentido común brilla por su ausencia.
"Ya no se trata de disfrutar de las bellas artes, ahora lo que se hace es consumirlas, y da mucha pena"
P. ¿Y en qué punto está tu profesión?
R. Las nuevas tecnologías, las plataformas, han generado cambios de hábito en el consumo. La gente va cada vez menos al cine, desgraciadamente, y prefiere ver las películas en el sofá de casa. Ahora puedes ver una temporada completa en dos días, decenas de capítulos, a granel. Y eso a mí, personalmente, me produce tristeza. Ya no se trata de disfrutar, sino más bien de consumir. Y la inteligencia artificial mal empleada también me da mucho miedo; nos hace perder la perspectiva.
P. ¿Alguna mala experiencia con la IA?
R. Hace poco tiempo compartí una historia en mi Instagram —Lydia tiene más de 300.000 seguidores—, algo que había visto y me había emocionado muchísimo, con toda mi inocencia. Y empezaron a bombardearme con mensajes diciéndome que me había creído algo que era IA. Tremendo chasco el que me llevé. Ya no puedes creerte nada. Por suerte, con tanta IA y tanta mentira, el teatro es uno de los pocos lugares seguros que quedan: donde todo lo que sucede es verdad.
P. ¿A qué no te atreverías nunca?
R. A saltar en paracaídas.
Lydia Bosch, durante la presentación del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, donde estará defendiendo su 'Fedra, en los infiernos' de José María del Castillo. (Jero Morales)
P. Lo primero que piensas al levantarte por la mañana.
R. En dar gracias a Dios por todo lo que tengo.
P. Esa anécdota que aún no ha salido en TikTok, pero con la que nos sacas una sonrisa.
R. Algo que me ha pasado recientemente. Estaba lloviendo y tuve que ir a la farmacia a recoger un encargo que había pedido. Cuando entré, veo que las farmacéuticas sonríen mucho y pienso: "Mira, qué monas, me han conocido". Pero seguían las miradas y las risas. Fue entonces cuando sospeché que algo raro estaba pasando.
P. ¡Qué intriga!
R. Bueno, pues es que me había plantado en el mostrador con mi paraguas abierto y chorreando. Así voy últimamente por la vida.
"Con tanta IA y tanta mentira, el teatro es uno de los pocos lugares seguros que quedan: donde todo lo que sucede es verdad"
P. Perdón, por favor, gracias. ¿Eres de las que practican esta fórmula en desuso?
R. Desde bien pequeña mis padres me enseñaron el valor de estas palabras. Las practico a diario y me ocupo personalmente de que en casa se pronuncien a menudo.
P. ¿Lo que más te estresa?
R. Las entrevistas. Sin lugar a dudas.
P. ¿Qué piensas de ti cuando te ves?
R. Que tengo la mejor profesión del mundo.
P. ¿En qué tienes puestos tus cinco sentidos ahora mismo?
R. En la función de teatro 'Fedra, en los Infiernos' de José María del Castillo, que estrenaremos en el Teatro Romano de Mérida dentro del Festival Internacional del Teatro Clásico este verano. Estaremos allí —del 12 al 16 de agosto— Julio Peña, Alejandro Albarracín, Marta Calvó, Antonio Albella, Yaiza Marcos y Eva Diago. Estoy ilusionadísima, es un montaje que va a sorprender a todo el mundo y para mí es una responsabilidad enorme y también un orgullo.
¿Qué le ha pasado a Lydia Bosch para que ahora vea la vida con otros ojos? Un, Dos, Tres... ¡Responda otra vez! —quien no entienda este giro inesperado de guion, que le pregunte a sus padres—. Lo primero que ha hecho la actriz es no resignarse al paso del tiempo. Y no, no estamos hablando de medicina estética, sino de algo que no se ve… o quizá sí. La exazafata del 'Un, Dos, Tres' venida a más —de aquello hace ya más de 40 años— nos cuenta lo feliz que está por haber cogido el toro por los cuernos para mejorar su calidad de vida. Una operación de presbicia tiene la culpa de su euforia. De los proyectos profesionales de Lydia Bosch, y de su interpretación de Fedra en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, hablamos después. De eso, y de sus comienzos, de las malas pasadas que le ha jugado la IA, de terapia y de su convicción de que "lo que sucede, conviene".