Kristi Noem, la vaquera y ex reina de la belleza que lidera la ofensiva migratoria de Trump
Perfil de la secretaria de Seguridad Nacional, forjada en el rancho y en la política dura, cuya gestión de la operación en Mineápolis amenaza con terminar su carrera
La imagen era calculada hasta el último detalle: botas vaqueras de cuero gastado, sombrero de ala ancha, una mirada desafiante clavada en el horizonte desde una valla fronteriza. Kristi Noem, la secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, cultivó con esmero el arquetipo de la frontier woman, la mujer dura, práctica e implacable que heredó de las llanuras de Dakota del Sur. Hoy, ese mismo personaje tejido a base de instinto salvaje y nostalgia del Lejano Oeste podría ser su sentencia política. En el Despacho Oval, Donald Trump y su círculo íntimo sopesan estos días si sacrificar a una de sus más leales soldados, la responsable del fiasco de la operación Metro Surge en Minnesota, una crisis que ha dejado dos ciudadanos estadounidenses muertos, un reguero de heridos, protestas multitudinarias y la credibilidad del Gobierno tambaleándose.
Aunque el presidente salió esta semana brevemente a defenderla ("creo que está haciendo un trabajo excelente"), las fuentes cercanas a la Casa Blanca citadas por medios como el 'New York Times' pintan un cuadro distinto. Trump está furioso por la crisis reputacional. La frontera puede estar más cerrada que nunca, pero las encuestas reflejan un desplome de 11 puntos en el apoyo a su política migratoria. El despliegue paramilitar en Mineápolis, con agentes federales del ICE y la Patrulla Fronteriza actuando en suelo urbano, ha desatado una tormenta judicial y política. El lunes, Trump despidió sin miramientos al máximo responsable de la Patrulla Fronteriza, Gregory Bovino, un hombre empoderado por Noem. La pregunta que recorre Washington es: ¿Será ella la siguiente?
El Congreso, con demócratas e incluso algunos republicanos, amenaza con un impeachment. "Ha perdido su derecho a liderar", clamó la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul. "Estadounidenses han muerto y ella está traicionando la misión principal del DHS", añadió el independiente John Fetterman. Para muchos en el Partido Republicano, su cabeza es el precio necesario para reconducir la estrategia: dejar de lado las redadas masivas que aterrorizan a comunidades y volver a centrarse, con apoyo social, en la deportación de criminales convictos. Noem, acusada de convertir el departamento creado tras el 11-S en una gran oficina de persecución migratoria, se ha convertido en el símbolo de todo lo que huele a exceso y error.
La forja de una vaquera
Para entender el ascenso y la posible caída de Kristi Noem, hay que viajar a los vastos silencios de Dakota del Sur. Nació en 1971 en Watertown, en el seno de una familia de rancheros. Su infancia tuvo más que ver con el trabajo duro que con los juegos. "Era una niña de rancho. Tan pronto como terminaban el trabajo en la granja, metían los caballos en un remolque y se iban a las Montañas Rocosas a cazar alces a caballo", recuerda Mark Bedor, un conocido de la familia, en un extenso perfil publicado sobre ella en la BBC.
La propia Noem contó una anécdota reveladora en un evento de la Asociación Nacional del Rifle: con nueve o diez años, tras una jornada de caza, su padre la dejó sola en el bosque al anochecer. "'Kristy, encuentra cómo volver al campamento'. Y desapareció". Asustada, siguió su instinto. "Años más tarde, mi madre me contó que mi padre me había seguido a una distancia prudencial. Antes de que se enfaden con él, también quiero decirles que estuvo haciendo ruidos de oso todo el tiempo", relató entre risas. La moraleja era clara: en su mundo, la debilidad no era una opción.En la escuela secundaria de Hamlin, Kristi Arnold (su nombre de soltera) era la chica que lo hacía todo: editora del periódico escolar, presidenta de la Sociedad Nacional de Honor, animadora, estrella de baloncesto y voleibol. En 1990, fue elegida Reina de las Nieves de Dakota del Sur, un título de belleza que consolidaba su estatus como el ideal de la América rural: bella, aplicada y atlética. Dos años después, se casaría con su novio del instituto, Bryon Noem. En lo referente a su aspecto físico, la Kristi de entonces y la de ahora no tienen nada que ver.
Pero el destino, y la tierra, tenían otros planes. En 1994, su padre murió trágicamente al caer en un silo de grano. Kristi, de 22 años, dejó la universidad y tomó las riendas del rancho familiar. La tragedia se mezcló con la crudeza administrativa: mientras la familia lloraba, recibió una factura de impuestos de sucesiones que reclamaba la mitad del valor de la propiedad. Aquella injusticia galvanizó su ira y la lanzó a la política. Inició una campaña para cambiar la ley tributaria estatal y, en 2006, ganó un escaño en la legislatura de Dakota del Sur. Su arma secreta: convertir en fortaleza una debilidad. Cuando se supo que tenía más de 20 multas por exceso de velocidad, ella le dio la vuelta a la tortilla y se autodescribió como una mujer con prisa por trabajar y sacar adelante a los suyos.
El giro y la sombra del perro
Su carrera fue meteórica: en 2010 llegó a la Cámara de Representantes en Washington, donde dormía en su oficina para ahorrar viajes y nunca abandonó las botas vaqueras como uniforme identitario. Como gobernadora de Dakota del Sur (la primera mujer en lograrlo), su conservadurismo se hizo más estridente y atractivo para el movimiento MAGA de Trump: se negó a dictar confinamientos durante la pandemia, prohibió la participación de mujeres trans en deportes escolares y se alineó con las teorías más duras contra la inmigración.
Su nombre resonó para la vicepresidencia en 2024. Sin embargo, una confesión en una de sus dos autobiografías lo arruinó. Reveló que, años atrás, había llevado a su perro de 14 meses, un Cricket "ingobernable" y "peligroso", a una gravera y le había disparado. "No fue una tarea agradable, pero había que hacerlo", escribió. Pensó que reforzaría su imagen de dureza pragmática. Error. Para gran parte de América, fue un relato de crueldad gratuita. "La hizo parecer cruel e insensible", analizó Rick Wilson del Proyecto Lincoln. La sombra de aquel perro la persiguió durante sus audiencias de confirmación para el DHS.
Kristi Noem’s punishment shouldn’t just be resignation, she should be forced to return to her old face and haircut and live with it for eternity pic.twitter.com/oLEJPTOvu9
— sam greisman (@SAMGREIS) January 27, 2026
Hoy, al borde del abismo político, Kristi Noem encarna la paradoja final de su personaje. La misma voluntad férrea y el instinto de supervivencia forjados en el rancho (ese "encuentra el camino de vuelta") la llevaron a los picos más altos del poder. Pero esa misma inflexibilidad, esa incapacidad para calibrar el daño colateral y leer una realidad urbana y compleja como la de Mineápolis, la han dejado aislada. La vaquera que aprendió a cazar alces y a matar a su propio perro por el bien del rancho, puede ser la próxima pieza sacrificada por el granjero en jefe de la Casa Blanca.
La imagen era calculada hasta el último detalle: botas vaqueras de cuero gastado, sombrero de ala ancha, una mirada desafiante clavada en el horizonte desde una valla fronteriza. Kristi Noem, la secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, cultivó con esmero el arquetipo de la frontier woman, la mujer dura, práctica e implacable que heredó de las llanuras de Dakota del Sur. Hoy, ese mismo personaje tejido a base de instinto salvaje y nostalgia del Lejano Oeste podría ser su sentencia política. En el Despacho Oval, Donald Trump y su círculo íntimo sopesan estos días si sacrificar a una de sus más leales soldados, la responsable del fiasco de la operación Metro Surge en Minnesota, una crisis que ha dejado dos ciudadanos estadounidenses muertos, un reguero de heridos, protestas multitudinarias y la credibilidad del Gobierno tambaleándose.