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VOCES EXPERTAS

Mónica Aránguez, experta en micropigmentación: "Una ceja que funciona en una persona no tiene por qué ser la más adecuada para otra"

Hablamos con una experta en micropigmentación de uno de los rasgos más reconocibles de la actriz y explica qué debemos tener en cuenta antes de pedir unas cejas suyas

Foto: Eva Longoria (Reuters)
Eva Longoria (Reuters)

Eva Longoria lleva más de dos décadas demostrando que se puede cambiar de corte de pelo, jugar con el maquillaje o pasar de una alfombra roja a otra sin tocar demasiado aquello que funciona. Y sus cejas son un buen ejemplo. Marcadas, bastante definidas y con un arco reconocible, se han convertido en uno de esos rasgos que asociamos inmediatamente con la actriz. Ahora que vuelve a estar de actualidad por el estreno de su nueva película, ‘Sunrise: El último amanecer’, también merece la pena detenerse en uno de los detalles de belleza que más contribuyen a construir una imagen.

Porque unas cejas pueden parecer algo bastante secundario hasta que cambian, que se lo digan si no a Cristina Pedroche. Basta adelgazar demasiado su grosor, modificar el arco o alargar unos milímetros la cola para comprobar cómo cambia también la expresión. En el caso de Longoria, la forma que mantiene desde hace años encaja especialmente bien con sus proporciones y ayuda a enmarcar unos ojos que suelen tener bastante protagonismo en sus maquillajes.

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Mónica Aránguez, experta en micropigmentación, explica que precisamente ahí está la clave. No se trata de elegir una forma porque nos guste cómo queda en una famosa, sino de comprobar primero qué necesita nuestro propio rostro. “Una ceja que funciona espectacularmente en una persona no tiene por qué ser la más adecuada para otra”, señala. Una advertencia especialmente útil ahora que las redes sociales han convertido determinados diseños de ceja en tendencia y no siempre resulta fácil resistirse a llevar una fotografía de referencia al centro de belleza.

En Eva Longoria encontramos una ceja definida, limpia y con un arco bastante marcado. Esa estructura funciona con sus facciones, pero Aránguez considera que incluso en la propia actriz hay ocasiones en las que un pequeño cambio consigue suavizar el conjunto. Cuando el maquillaje aplana ligeramente el arco o reduce visualmente su definición, por ejemplo, su expresión puede resultar más relajada y natural. Es decir, no hace falta transformar la ceja para cambiar el efecto que produce.

También interviene la manera de maquillarla. Longoria suele llevarlas peinadas hacia arriba y con suficiente definición como para enmarcar la mirada, pero sin llegar al acabado excesivamente geométrico que durante algunos años se puso de moda. Para Aránguez, el resultado se acerca más al trabajo de sombreado que al efecto pelo a pelo, algo que permite rellenar y reforzar la forma sin necesidad de dibujar cada cabello de manera demasiado evidente.

placeholder Eva Longoria (L'Oréal)
Eva Longoria (L'Oréal)

La personalización es importante

El error estaría en acudir a un especialista pidiendo directamente “las cejas de cualquier famosa”. “La forma de la ceja debe estudiarse siempre en relación con la estructura ósea, los ojos, las proporciones y la expresión de cada rostro. No existen unas cejas universales”, explica la experta. Una cara alargada, una frente más amplia, unos ojos más juntos o un hueso orbital diferente pueden hacer que ese mismo arco que favorece a la actriz produzca un efecto completamente distinto en otra persona.

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Además, las cejas tienen una capacidad considerable para modificar cómo percibimos un rostro. Un arco muy elevado puede endurecer la expresión o hacer que parezca permanentemente sorprendida; una ceja demasiado recta puede restar movimiento, y una cola que cae más de la cuenta puede dar sensación de cansancio. Por eso, antes de pensar en modas, conviene analizar qué forma ya tiene el pelo de manera natural y hasta dónde merece la pena intervenir.

Esto también explica por qué cada vez se habla más de personalización en tratamientos como la micropigmentación. El objetivo ya no debería ser reproducir una plantilla idéntica en distintas clientas, sino corregir pequeñas asimetrías, recuperar zonas con menos densidad o reforzar ligeramente la arquitectura existente. Cuanto menos se note el procedimiento y más coherente resulte con la cara, mejor suele funcionar.

Las cejas de Eva Longoria, por tanto, pueden servir de inspiración, pero no necesariamente de modelo para llevar a la práctica. Lo interesante de las suyas no es únicamente su grosor ni la altura del arco, sino la manera en que encajan con el resto de sus facciones. Y ahí está probablemente la lección de belleza más útil: antes que buscar las cejas de una celebrity, merece más la pena encontrar las que hacen que nuestra propia cara funcione mejor.

Eva Longoria lleva más de dos décadas demostrando que se puede cambiar de corte de pelo, jugar con el maquillaje o pasar de una alfombra roja a otra sin tocar demasiado aquello que funciona. Y sus cejas son un buen ejemplo. Marcadas, bastante definidas y con un arco reconocible, se han convertido en uno de esos rasgos que asociamos inmediatamente con la actriz. Ahora que vuelve a estar de actualidad por el estreno de su nueva película, ‘Sunrise: El último amanecer’, también merece la pena detenerse en uno de los detalles de belleza que más contribuyen a construir una imagen.

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