Candela Peña y el tiempo de la berenjena: por qué ha decidido no taparse las canas y hablar sin rodeos de la menopausia
La actriz protagoniza una de las entrevistas del número 1 de la nueva publicación de Olistic, centrada en la salud de la mujer, y habla de caída del pelo, cambios hormonales, presión estética y de una madurez que prefiere asumir sin disimulos
Candela Peña tiene una relación bastante poco solemne con todo lo que rodea a la belleza. Habla de su pelo, de las canas, de la menopausia o de cómo ha cambiado su cuerpo con el mismo sentido del humor con el que comenta su carrera. Esa naturalidad es precisamente uno de los hilos de la entrevista que ha concedido al número 1 de la nueva publicación de Olistic, un proyecto editorial de la firma especializada en cabello enfocado en la salud de la mujer, elaborado por expertas y que busca combinar ciencia explicada de forma accesible, experiencias personales e historias de mujeres reales.
El encuentro tuvo lugar durante una sesión de fotos en el madrileño barrio de El Viso y, aunque la conversación pasa también por sus comienzos como actriz y algunos recuerdos personales, buena parte gira alrededor de asuntos que hasta hace relativamente poco rara vez aparecían con esta normalidad en una entrevista: la caída estacional del cabello, las canas, los síntomas asociados a la menopausia o la presión por mantener una determinada imagen a medida que pasan los años.
Uno de los momentos más curiosos de la conversación con Peña habla de lo que en su familia conocían como «el tiempo de la berenjena». La expresión procede de su abuela y servía para identificar octubre y noviembre, meses en los que la actriz asegura notar especialmente la caída del cabello. Lo cuenta entre bromas, mezclando ese conocimiento transmitido en casa con algo que hoy sabemos que tiene bastante que ver con la caída estacional. Para ella es una época recurrente: llega el otoño y empieza a encontrar más pelo del habitual.
Candela Peña (RTVE)
Su melena, precisamente, ocupa buena parte de la conversación. Candela reconoce que tiene mucha cantidad y un cabello que crece con rapidez, pero tampoco pretende presentar el asunto como una cuestión exclusivamente genética. Explica que actualmente utiliza productos para cuidarlo y defiende, sobre todo, el valor de haberlo sometido a relativamente pocos tratamientos. Su particular manera de describirlo es mucho menos técnica: un cabello natural, con personalidad y poco manipulado.
Con las canas ha terminado aplicando una lógica parecida. La actriz relata que alguien le sugirió cubrir una que comenzaba a verse antes de esta entrevista. Su razonamiento fue sencillo: aunque la ocultase en ese momento, volvería a aparecer unas semanas después. A partir de ahí decidió dejar de librar esa pequeña batalla estética y empezar a convivir con ella. No porque el proceso de asumir los cambios físicos haya sido inmediato, reconoce que no siempre resulta sencillo, sino porque cada vez le convence menos la idea de intentar conservar permanentemente la imagen de otra etapa de su vida.
Ese planteamiento se extiende al discurso antiaging. Peña cuestiona la cantidad de mensajes comerciales construidos alrededor de conceptos como no envejecer, no cambiar o combatir cualquier signo asociado al paso del tiempo. Ella misma ve diferencias respecto a cómo era hace diez años: en el cabello, en el rostro y hasta en la mirada. Su posición no consiste en renunciar a cuidarse, sino en distinguir entre cuidarse y vivir intentando congelar una versión anterior de una misma.
La menopausia aparece entonces como una pieza fundamental de esa conversación. Candela cuenta que durante años no tuvo demasiada información sobre lo que podía sucederle y que ni siquiera en casa se había hablado con detalle de sus síntomas. Fue a través de otras mujeres como comenzó a anticipar algunos cambios. Después llegaron las alteraciones hormonales y la sensación de estar entrando en una etapa distinta. Esa experiencia terminó llevándola también a hablar públicamente del asunto en 'La Revuelta', algo que considera especialmente necesario después de generaciones en las que muchas mujeres atravesaban este periodo prácticamente sin ponerle palabras.
Cadela Peña en un fotograma (Cortesía)
Mientras reconoce cambios físicos, asegura sentirse profesionalmente con más registros y parece bastante menos preocupada por encajar en la idea tradicional de actriz que tenía cuando era joven. Incluso recuerda cómo durante años imaginó su profesión asociada a determinados códigos de éxito, grandes papeles o alfombras rojas. Ahora observa ese imaginario con bastante más distancia.
También hay sitio para hablar de la exigencia estética que sigue pesando sobre las mujeres. Candela admite que el canon continúa funcionando y que existe una expectativa especialmente intensa para que ellas permanezcan impecables. Su respuesta, sin embargo, está cada vez más relacionada con aceptar la transformación antes que con fingir que no existe. Con más canas, otra cara o un cabello diferente, la actriz no pretende ser exactamente la misma de hace una década.
En la entrevista habla de aprender a ser más amable consigo misma y hasta descarta, al menos de momento, la necesidad de buscar pareja: está más interesada en ocuparse de su propia vida. Eso sí, incluso cuando se pone trascendente consigue rebajarlo rápidamente con humor.
Candela Peña tiene una relación bastante poco solemne con todo lo que rodea a la belleza. Habla de su pelo, de las canas, de la menopausia o de cómo ha cambiado su cuerpo con el mismo sentido del humor con el que comenta su carrera. Esa naturalidad es precisamente uno de los hilos de la entrevista que ha concedido al número 1 de la nueva publicación de Olistic, un proyecto editorial de la firma especializada en cabello enfocado en la salud de la mujer, elaborado por expertas y que busca combinar ciencia explicada de forma accesible, experiencias personales e historias de mujeres reales.