Vuelve la palabra 'Navidad': ¿te apetece un polvorón con 175 años de historia?
Con origen en 1850, seis generaciones de la familia Galicia han mantenido viva la tradición confitera en Tordesillas. Hoy, sus dulces buscan crecer fuera de España sin perder la esencia artesana que los hace tan ricos. 3, 2, 1... ¡Navidad!
En 1850, Fermín Galicia abrió una pequeña confitería en Tordesillas llamada a hacer historia. (Cortesía)
La historia de Tordesillas, una de las villas con más peso histórico de Castilla, es fascinante. Su nombre comenzó a sonar en toda Europa en 1494, cuando allí se firmó el Tratado de Tordesillas, por el que España y Portugal se repartieron las zonas de exploración del Nuevo Mundo. Ese documento marcó el inicio de la era colonial y convirtió a la noble villa castellana en epicentro de la diplomacia internacional de la época.
Más allá de ese hecho, la villa fue residencia real en varias etapas y escenario de episodios oscuros, como el encierro de Juana I de Castilla, Juana la Loca, que permaneció recluida en el Palacio Real de Tordesillas durante casi medio siglo.
La ciudad conserva un rico patrimonio monumental, con el puente medieval sobre el río Duero, iglesias góticas como la de San Antolín y conventos que reflejan su importancia en la historia de Castilla. Hoy, Tordesillas combina ese legado con su carácter de animada población, donde la tradición confitera y gastronómica mandan. Vamos, que ya estás tardando en planificar una escapada de fin de semana.
Tordesillas, historia de España. (F. Zubizarreta)
En Tordesillas, esencia de Valladolid, encontramos también una historia que combina tradición, familia y dulces, una historia de las que nos gustan. Allí, en 1850, Fermín Galicia abrió una pequeña confitería que, con el paso de los años, se transformaría en un negocio reconocido en todo el país. Desde entonces, seis generaciones han mantenido el oficio de confiteros, transmitiendo de padres a hijos recetas que hoy siguen enamorando a quienes prueban los polvorones de El Toro.
El verdadero punto de inflexión llegó en 1954, cuando Amador Galicia registró oficialmente el nombre del Polvorón El Toro, producto estrella de la casa. Con su textura suave, su sabor equilibrado y el boca a boca de quienes lo degustaban, el dulce navideño por excelencia se convirtió en símbolo de calidad y en un emblema familiar. Lo que comenzó como un obrador local empezó a extenderse por buena parte del territorio nacional, hasta alcanzar el actual reconocimiento.
Hoy, la nueva generación de los Galicia afronta un reto distinto: combinar tradición e innovación. El obrador sigue seleccionando las mejores materias primas, con preferencia por productores de Castilla y León, pero ha incorporado tecnología moderna para ampliar su capacidad de producción y perfeccionar los procesos de envasado. La fórmula es clara: mantener la autenticidad de la receta original y, al mismo tiempo, adaptarse a las exigencias del siempre competitivo mercado.
Álvaro Galicia, sexta generación de dulces El Toro. (Cortesía)
“El éxito —asegura Álvaro Galicia, sexta generación de dulces El Toro— no se mide solo en cifras, sino en momentos compartidos, en esa memoria afectiva de quienes disfrutan nuestros dulces. En cada polvorón viaja un pedacito de tradición y amor transmitido de generación en generación”. El objetivo es claro: “queremos seguir endulzando la vida de miles de personas, dentro y fuera de España, sin renunciar a nuestro corazón artesano”.
La historia de Tordesillas, una de las villas con más peso histórico de Castilla, es fascinante. Su nombre comenzó a sonar en toda Europa en 1494, cuando allí se firmó el Tratado de Tordesillas, por el que España y Portugal se repartieron las zonas de exploración del Nuevo Mundo. Ese documento marcó el inicio de la era colonial y convirtió a la noble villa castellana en epicentro de la diplomacia internacional de la época.