Clara Sanz, florista: "Así puedes mantener verde el eucalipto preservado"
No es cuestión de magia, sino de entender qué le pasa a la hoja cuando deja de estar viva y acompañar ese proceso para que envejezca bonito
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El eucalipto preservado se ha convertido en un básico de la decoración: dura, perfuma y encaja casi en cualquier estilo. El problema llega cuando, tras el proceso, ese verde que parecía eterno se apaga y vira a tonos aceituna o pardos. La florista Clara Sanz asegura que no es un fallo ni un “mal preservado”, sino pura química vegetal: “El eucalipto, por dentro, es pura química. Tiene muchos aceites, taninos y compuestos naturales que, cuando la hoja deja de estar viva y entra la glicerina, se oxidan”.
La comparación que hace es muy gráfica: ocurre “igual que una manzana cuando la cortas y se vuelve marrón”. Esa oxidación es la que estropea el aspecto de recién cortado y frustran los resultados, sobre todo cuando buscamos un ramo limpio y luminoso para casa.
El primer paso del método que comparte Sanz es preparar la disolución de preservado: “mezclar 2 partes de agua con una de glicerina y agitar enérgicamente”. Después llega el detalle que marca la diferencia: añadir un tinte hidrosoluble para flor natural.
Aquí la florista insiste en un matiz importante: aunque el tinte “parezca naranjita”, al incorporarlo “se vuelve sorprendentemente verde”. Se agita de nuevo “hasta que la mezcla quede totalmente homogénea” y se introduce el eucalipto en el recipiente.
En apenas dos días, explica, ya se aprecia el efecto: “verás como el tinte va subiendo por las hojas”. Es la señal de que la planta está absorbiendo el líquido y que el color está viajando por el interior, no quedándose en la superficie.
Sanz pone el foco en la parte menos intuitiva del proceso: el tipo de tinte. “El truco está en usar un tinte hidrosoluble para flor natural”. Y explica el motivo: este producto se mezcla con agua y la planta lo “bebe” por el tallo, como haría con el agua. “No pinta la hoja por fuera: la tiñe por dentro, viajando por sus venitas”.
Al añadirlo a la mezcla de preservado se consiguen dos cosas a la vez: un verde más estable y, además, “llenar los tejidos antes de que la oxidación los apague”. Por eso, sostiene, el eucalipto no deriva hacia el marrón y mantiene un verde más vivo.
Es entender cómo envejece una hoja y acompañarla para que lo haga bonito
De ahí su advertencia: no sirven sprays, pinturas ni colorantes alimentarios. “Tiene que ser un tinte que entre por el tallo y viaje por dentro de la planta”. Si alguien quiere buscarlo, recomienda fijarse en la etiqueta: “tinte hidrosoluble para flor natural” o “colorante para teñir flores por absorción”.
Para rematar el preservado, la florista recomienda cortar los tallos en diagonal o en cruz y volver a introducirlos en la disolución, facilitando la absorción. Pasada una semana, el eucalipto “ya está totalmente preservado”.
Luego llega la parte práctica (y algo laboriosa): limpiar los tallos uno a uno si hace falta para que no quede ninguna gota y colgar el ramo boca abajo hasta que termine de secar. A partir de ahí, queda listo “para que aguante semanas así” y poder disfrutarlo en casa.
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El eucalipto preservado se ha convertido en un básico de la decoración: dura, perfuma y encaja casi en cualquier estilo. El problema llega cuando, tras el proceso, ese verde que parecía eterno se apaga y vira a tonos aceituna o pardos. La florista Clara Sanz asegura que no es un fallo ni un “mal preservado”, sino pura química vegetal: “El eucalipto, por dentro, es pura química. Tiene muchos aceites, taninos y compuestos naturales que, cuando la hoja deja de estar viva y entra la glicerina, se oxidan”.