Tánger, la ciudad entre dos mares que apela a su memoria, sofisticada y cosmopolita, para conjurar un brillante futuro
Llega 'Tangier Tangerine', otro espectacular volumen editado por Assouline, que recorre la luz, la historia y el magnetismo de una ciudad mestiza, literaria y sofisticada que enlaza continentes, generaciones, culturas y nuevas formas de soñar
Una mañana en la medina de Tánger. (Héctor Meléndez Ramírez | Getty Images)
Incluido en su Classics Collection, Assouline nos presenta 'Tangier Tangerine', otro lujoso e impresionante volumen dedicado a un destino singular. Para recorrer la historia, la memoria y la inconfundible atmósfera de Tánger, la editorial ha contado con la complicidad del escritor marroquí Souleiman Berrada, estrechamente vinculado a la vida cultural de la ciudad.
Tras estudiar Literatura, Berrada publicó en Francia su primera novela, 'Le Baigneur' (2025). Ese mismo año se convirtió enel autor más joven elegido para representar a Marruecos en la Feria del Libro de París. Desde 2022 ejerce como secretario de la Fundación para la Fotografía de Tánger, una labor que refuerza tanto su profundo conocimiento de la ciudad como su sensibilidad para dialogar con literatura, memoria e imagen.
En este volumen —que verá la luz este agosto de 2026— descubrimos que Tánger no admite una sola definición. Es mediterránea y atlántica, marroquí y cosmopolita, antigua y contemporánea. Su identidad nace de la mezcla de civilizaciones, religiones, lenguas y memorias que han dejado huella en sus calles. Frente a Europa y abierta al mundo árabe, la ciudad ha aprendido a vivir en una frontera que, lejos de separar, conecta.
De arriba abajo: Cuadro de James McBey expuesto en la Legación Americana (Julie Chazelle), techo de una alcoba de la mezquita de la Kasbah construida a finales del siglo XVII por el sultán Moulay Ismail (Oliver Pilcher) y café del Cinema Rif, punto de encuentro de artistas y cineastas (Ana Lui).
El Petit Socco, el Grand Socco, la medina, la Kasbah y los cafés históricos forman parte de ese paisaje en el que conviven comerciantes, artesanos, perfumistas, viajeros y vecinos. Mezquitas, iglesias, sinagogas, legaciones diplomáticas y palacios recuerdan las distintas épocas que han modelado la ciudad. Fenicios, romanos, portugueses, andalusíes, judíos y europeos pasaron por aquí, pero Tánger nunca quedó detenida en su pasado. Su patrimonio permanece vivo porque continúa transformándose con cada nueva generación.
De arriba abajo: Las Chicas, una encantadora tienda de dos plantas fundada por la cineasta Farida Benlyazid (Julie Chazelle), guías de viaje del siglo XX (Laurence Benaïm) y el escritor y compositor estadounidense Paul Bowles en Tánger, hacia 1967 (Terence Spencer | Popperfoto | Getty Images).
La luz, el mar y la vida de sus calles atrajeron a pintores como Delacroix, Matisse, Fortuny, Van Dongen y Claudio Bravo. Escritores como Paul Bowles, William Burroughs, Truman Capote, Jean Genet, Samuel Beckett o Tennessee Williams contribuyeron a convertirla en una capital literaria. Músicos, actores, diseñadores, coleccionistas y miembros dela generación beat encontraron también en Tánger un espacio de libertad, inspiración y experimentación. La ciudad no fue únicamente un escenario para sus obras: pasó a formar parte de ellas.
De arriba abajo: La rue d’Italie discurre junto al exterior de la muralla de la medina y formaba parte de la Zona Internacional (Sergio Villalba), Maison Maggie, con su salón verde y sus arcos curvos que evocan la arquitectura histórica de Tánger (Boz Gagovski) y Galerie Conil, inaugurada en 2012, y su cuidada selección de exposiciones de arte local y contemporáneo (Sergio Villalba).
El periodo en que Tánger tuvo el estatus de Zona Internacional, entre 1923 y 1956, reforzó su carácter abierto y diplomático. Durante aquellos años, Tánger desarrolló una vida social y cultural extraordinaria, marcada por el teatro, la música, las carreras de caballos, el polo, el hockey, las corridas de toros y las grandes celebraciones. Esa tradición continuó en villas, palacios y jardines, donde aristócratas, miembros de la realeza, artistas, intelectuales y bohemios compartieron fiestas de disfraces, bailes y cenas. La elegancia y la excentricidad convivían allí con naturalidad, y cada encuentro podía reunir a personas que difícilmente se habrían conocido en otro lugar.
De arriba abajo: Turistas estadounidenses reunidos para tomar un cóctel por la tarde en la azotea de un apartamento de la Kasbah, con vistas a la bahía y al puerto de Tánger, en 1950 (Jack Birns | The LIFE Picture Collection), y miembros de la generación beat, atraídos por la atmósfera bohemia de la ciudad (George Pickow | Three Lions | Getty Images).
Pero Tánger no vive únicamente de su leyenda. En las últimas décadas ha emprendido una profunda transformación. La ampliación de Tanger Med, la llegada del tren de alta velocidad Al Boraq, la modernización del aeropuerto, la creación de la marina y la apertura de nuevos museos, galerías y fundaciones culturales han reforzado su proyección internacional. Al mismo tiempo, la recuperación de hoteles, teatros y edificios históricos demuestra que el futuro de la ciudad puede construirse sin borrar su memoria.
La Gran Mezquita, la más antigua e importante de la ciudad, fue construida en 1684 (Sergio Formoso | Getty Images).
La verdadera riqueza de Tánger reside en quienes la habitan, la visitan y la reinventan. Sus monumentos cuentan una parte de la historia, pero su alma se encuentra en las relaciones, los relatos y las emociones que pasan de unas generaciones a otras.
Cada persona descubre una ciudad distinta y, al hacerlo, encuentra también una forma nueva de mirarse a sí misma. Tánger sigue siendo luminosa, sensual, plural e inasible: una ciudad en movimiento que nunca deja de ofrecer nuevas posibilidades. Si nunca has estado, es tu destino.
Incluido en su Classics Collection, Assouline nos presenta 'Tangier Tangerine', otro lujoso e impresionante volumen dedicado a un destino singular. Para recorrer la historia, la memoria y la inconfundible atmósfera de Tánger, la editorial ha contado con la complicidad del escritor marroquí Souleiman Berrada, estrechamente vinculado a la vida cultural de la ciudad.