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Los 100 años de Cayetana de Alba y sus fotos inéditas: nace el libro que sí está a la altura de su leyenda
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Los 100 años de Cayetana de Alba y sus fotos inéditas: nace el libro que sí está a la altura de su leyenda

La prestigiosa editorial Assouline publica un lujoso 'coffee table book' sobre la duquesa con fotografías inéditas, escenas íntimas y textos de sus hijos que reivindican, en el centenario de su nacimiento, a la mujer detrás del mito aristocrático

Foto: Jackie Kennedy y Cayetana Fitz-James Stuart, XVIII duquesa de Alba, en Sevilla, abril de 1966. (Getty Images/Bettmann)
Jackie Kennedy y Cayetana Fitz-James Stuart, XVIII duquesa de Alba, en Sevilla, abril de 1966. (Getty Images/Bettmann)

Una mañana de abril de 1926, una carroza decimonónica tirada por mulas —fabricada en el taller parisino de Ehler con madera de caoba y lacado amarillo— salió del Palacio de Liria rumbo al Palacio Real de Madrid. Sobre las mantas bordadas que cubrían a los animales se repetía la misma letra: una 'A' mayúscula, el monograma de la Casa de Alba. Dentro de la carroza viajaba una recién nacida. Iba a ser bautizada. Sus padrinos serían nada menos que Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia. Aquella niña se llamaba María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y Silva y, con el tiempo, el mundo la conocería, simplemente, como Cayetana.

La prestigiosa editorial parisina Assouline dedica ahora a nuestra duquesa favorita de todos los tiempos uno de sus muy lujosos volúmenes bajo el título ‘Cayetana, the Duchess of Alba: Art, Aristocracy, and the Soul of Spain’, un libro de gran formato firmado por Cristina Carrillo de Albornoz que reúne fotografías familiares inéditas, imágenes de los interiores de sus palacios y escenas cotidianas de su vida privada para trazar el retrato íntimo hasta la fecha de la XVIII duquesa de Alba.

La edición, enriquecida con un prólogo de Eugenia Martínez de Irujo y textos de Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo —actual duque de Alba— y Jacobo Siruela, llega además en el año del centenario del nacimiento de Cayetana (28 de marzo de 1926 - 20 de noviembre de 2014) y refuerza la dimensión cultural, artística y legendaria de una de las figuras más singulares de la aristocracia europea.

placeholder La duquesa de Alba cabalgando con traje cordobés en Sevilla, 1965. (Getty Images/Jerry Cooke)
La duquesa de Alba cabalgando con traje cordobés en Sevilla, 1965. (Getty Images/Jerry Cooke)

Dieciocho nombres para un gran apellido

A Cayetana le impusieron más de dieciocho nombres —entre ellos Eugenia, en honor a la emperatriz francesa, y Alfonsa, por su padrino el rey—, pero su padre, Jacobo Fitz-James Stuart, duque de Alba, la llamaba con diminutivos afectuosos: Tanuca o Taniquet. Nadie podía imaginar entonces que aquella niña acabaría convertida en una de las figuras más singulares y reconocibles de la aristocracia europea.

A los 27 años, tras la muerte de su padre en 1953, Cayetana heredó la jefatura de la Casa de Alba, una de las estirpes nobiliarias más antiguas e influyentes de Europa. Era hija única y, desde ese momento, responsable de una herencia que acumulaba más de cinco siglos de historia. Llegó a reunir más de cuarenta títulos nobiliarios —entre ellos seis ducados— y catorce grandezas de España, lo que la convirtió en la aristócrata con más títulos del mundo.

Llegó a reunir más de 40 títulos nobiliarios y 14 grandezas de España, lo que la convirtió en la aristócrata con más títulos del mundo

Su árbol genealógico era un mapa de Europa. Entre sus antepasados figuraban Eugenia de Montijo, Cristóbal Colón o Cosme de Médici. A través de los Fitz-James Stuart estaba emparentada con los duques de Marlborough y con la familia Spencer, lo que la hacía pariente lejana de Winston Churchill. De niña, durante sus estancias en Inglaterra, jugó incluso con la futura Isabel II.

Pero la historia de los Alba no es solo una genealogía de sangre azul. También es una historia de arte. Durante siglos, la familia reunió una de las colecciones privadas más extraordinarias de Europa, con obras de Zurbarán, Fra Angelico, Goya, Murillo, El Greco, Tiziano, Van Dyck, Velázquez o Bruegel. Entre sus tesoros se conservan la primera edición del ‘Quijote’ de 1605, mapas de navegación utilizados por Cristóbal Colón y el testamento de Fernando el Católico.

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placeholder Arriba: Jacqueline Lee Bouvier Kennedy, la condesa de Romanones y Cayetana Fitz-James Stuart, XVIII duquesa de Alba, asistiendo a una corrida de toros en Sevilla, abril de 1966. Abajo: misma fecha por las calles de Sevilla. (Rolls Press, Popperfoto, Getty Images y Gianni Ferrari, Cover, Getty Images)
Arriba: Jacqueline Lee Bouvier Kennedy, la condesa de Romanones y Cayetana Fitz-James Stuart, XVIII duquesa de Alba, asistiendo a una corrida de toros en Sevilla, abril de 1966. Abajo: misma fecha por las calles de Sevilla. (Rolls Press, Popperfoto, Getty Images y Gianni Ferrari, Cover, Getty Images)

Esa relación íntima entre aristocracia y cultura marcaría también la vida de Cayetana. La duquesa fue fotografiada por Cecil Beaton y Richard Avedon, retratada por Ignacio Zuloaga y esculpida por Mariano Benlliure. Picasso quiso pintarla —ella declinó la propuesta—, pero lo defendió públicamente cuando el artista malagueño estaba vetado en la España franquista.

Su figura oscilaba entre la tradición y la irreverencia. Encarnó como pocas la aristocracia del siglo XX, pero también supo reinventarla. Liberal, cosmopolita, bohemia y profundamente española, fue llamada en ocasiones “la noble rebelde”. Amaba el flamenco, los toros, el cine, la moda y la cultura popular con la misma pasión con la que defendía el patrimonio artístico de su familia. Con el tiempo, esa mezcla improbable de grandeza y cercanía le valió otro apodo: la “duquesa pop”.

placeholder Cayetana en su estudio del Palacio de Liria de Madrid. (Getty Images/Cover/Gianni Ferrari)
Cayetana en su estudio del Palacio de Liria de Madrid. (Getty Images/Cover/Gianni Ferrari)

Ahora, la editorial Assouline publica un volumen de lujo que reúne fotografías familiares inéditas, imágenes de los interiores de sus palacios y escenas íntimas de su vida cotidiana. El libro, firmado por la historiadora del arte Cristina Carrillo de Albornoz, aspira a mostrar a la mujer detrás del mito.

El prólogo de ‘Cayetana, the Duchess of Alba: Art, Aristocracy, and the Soul of Spain’ corresponde a Eugenia Martínez de Irujo, duquesa de Montoro, quien recuerda a su madre como “una mujer adelantada a su tiempo”, educada desde la infancia para custodiar un legado histórico, pero capaz de ejercer ese papel con una libertad poco habitual en su época. “Más allá de su patrimonio artístico, su mayor legado fue su capacidad para transformar con libertad su posición y su forma de ver el mundo”, escribe.

"Más allá de su patrimonio artístico, su mayor legado fue su capacidad para transformar con libertad su posición y su forma de ver el mundo", Eugenia Martínez de Irujo

Eugenia evoca también su generosidad —muchas veces discreta— y su compromiso con causas sociales y con la defensa de los animales, una pasión heredada de su padre. “Aun hoy sigo recibiendo palabras de agradecimiento de personas que recuerdan la ayuda que les ofreció cuando acudieron a ella como último recurso”, añade Eugenia.

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El actual duque de Alba, Carlos Fitz-James Stuart, subraya por su parte que comprender la Casa de Alba exige algo de filosofía clásica. “Quien la gestione debe tener una visión aristotélica del mundo: historia, literatura, pintura, música, gestión… y, por encima de todo, el pensamiento que conecta todas esas disciplinas”. Para él, la institución siempre fue inseparable de la familia: “Mis padres tenían muy claro que la Casa de Alba y la familia eran el núcleo de sus vidas”.

"Mi madre tenía un gran corazón y un encanto personal enorme. Era tremendamente vital y transmitía a los demás su entusiasmo por la vida", Carlos Fitz-James Stuart

De su madre recuerda una personalidad desbordante. Liberal y moderna, pero también profundamente respetuosa con las tradiciones. “Tenía un gran corazón y un encanto personal enorme. Era tremendamente vital y transmitía a los demás su entusiasmo por la vida”. Amaba la pintura, la jardinería, el cine, los perros y, sobre todo, el flamenco. “Nunca he conocido a nadie que lo bailara con tanto arte”.

Este coffee table book aparece coincidiendo con el centenario del nacimiento de la duquesa y la exposición en el Palacio de Dueñas de Sevilla, y funciona como una suerte de álbum familiar ampliado: una mirada íntima a una mujer que vivió entre palacios y artistas, entre la tradición de una dinastía y la libertad de su propio carácter.

Porque, al final, Cayetana de Alba fue ambas cosas. Un título heredado y una personalidad irrepetible. Una duquesa, sí. Pero también —como recordaban quienes la conocieron— un espíritu indomable con una debilidad insobornable por la vida.

Una mañana de abril de 1926, una carroza decimonónica tirada por mulas —fabricada en el taller parisino de Ehler con madera de caoba y lacado amarillo— salió del Palacio de Liria rumbo al Palacio Real de Madrid. Sobre las mantas bordadas que cubrían a los animales se repetía la misma letra: una 'A' mayúscula, el monograma de la Casa de Alba. Dentro de la carroza viajaba una recién nacida. Iba a ser bautizada. Sus padrinos serían nada menos que Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia. Aquella niña se llamaba María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y Silva y, con el tiempo, el mundo la conocería, simplemente, como Cayetana.

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