María, hija de Juan Luis Cano en su primera entrevista: "Mi padre ha tenido más reconocimiento que fama"
María, la desconocida hija del mítico locutor de 'Gomaespuma' Juan Luis Cano concede su primera entrevista a Vanitatis para hablar de su infancia, la Fundación Gomaespuma y abre su álbum familiar repleto de imágenes inéditas
"La filosofía que sigue mi padre son pequeños proyectos pero que se hagan. Pasan tantas cosas en el mundo que no podemos intentar arreglarlo todo. Pero sí ayudar en lo que puedas, con las causas que encuentres o se crucen en tu camino".
María Cano lo explica sin énfasis, como si esa idea hubiera estado siempre ahí. Es la hija pequeña del locutor Juan Luis Cano, una de las voces de Gomaespuma junto a Guillermo Fesser, el dúo radiofónico que marcó una forma de hacer radio y que más tarde impulsó la Fundación Gomaespuma.
La Fundación surge, en parte, de aquellos viajes que realizaban a distintos países y continentes. En los años noventa fueron pioneros al incorporar emisiones desde el extranjero, abriendo el programa a otros contextos y realidades. No solo eso: lograron entrelazar humor con actualidad, política y defensa de los derechos humanos, alcanzando hitos como la entrevista al rey Abdalá II de Jordania tras su coronación, la primera que concedía.
"Si dramatizas todo, es más fácil caer en el sensacionalismo", explica María. "Ellos utilizaban el humor como una vía para tratar muchos temas. Aunque los oyentes de Gomaespuma saben que, cuando tenían que ponerse serios, lo hacían".
Hace unos meses María volvió sobre ese legado. Revisó el archivo familiar, aún conservado en cintas y VHS, y lo digitalizó. "Fue increíble escuchar programas de mi padre de los años ochenta, cuando yo todavía no había nacido". No lo cuenta desde la nostalgia, sino desde el descubrimiento.
Nunca le ha interesado estar delante del foco. Su relación con la notoriedad de su padre ha sido, dice, natural y, sobre todo, sana. "No recuerdo un momento en el que me diera cuenta de que mi padre era alguien especialmente conocido". Es cierto —añade— que mucha gente lo reconoce de nombre y que, al haber hecho radio, no siempre le ponen cara. Pero en el colegio o por la calle le paraban, le pedían fotos, y nada de eso le resultaba extraño. "Siempre ha sido cariño. Nunca hemos vivido en casa interés mediático ni sensación de pérdida de privacidad".
Recuerda también las visitas al estudio de radio. Para ella no tenía nada de excepcional: era un lugar más, integrado en la rutina.
"Mi infancia fue muy feliz, teníamos gallinas en casa y un huerto"
Cuando habla de su infancia, lo hace en términos sencillos: una infancia feliz, con un huerto, gallinas e incluso —dice entre risas— una iguana. De ahí permanece otra constante: el humor. "Él es como se le escucha, muy gracioso. A los dos nos hace mucha gracia lo absurdo, aunque el mío quizá es más ácido". Luego matiza: "Como padre es estricto. Normal".
Hay otra herencia más clara: la inquietud por viajar y conocer otras culturas. "En Occidente se peca mucho de cruzar el charco para ir a un resort, cuando eso lo puedes hacer en cualquier parte de España. Desde pequeña me han enseñado que viajar es conocer, estar en contacto con culturas diferentes, no solo ver lugares emblemáticos, sino hablar con la gente y entender otras formas de vivir". Lo resume en una idea: "Siempre lo he sentido como un privilegio".
Es, en el fondo, lo que ha visto en casa. Cuando su padre y Guillermo Fesser viajaron a Cuba para realizar un programa de Gomaespuma, llenaron un avión con material escolar y medicinas. Al llegar, descubrieron que había muchas más necesidades. "Surgió así", dice. "Era un momento en el que tenían mucha visibilidad y recursos, y lo aprovecharon". Años después, ese impulso continúa, sostenido por un equipo consolidado y por colaboraciones con organizaciones en distintos países.
Al cumplir dieciocho años, María viajó con su padre y su hermano a Senegal, en aquella ocasión con Campamentos Solidarios. Más tarde, tras la pandemia, regresó con la Fundación Gomaespuma en colaboración con Ruta de la Luz. "Llevamos ópticos porque, por la exposición al sol, mucha gente pierde visión muy pronto. Les hacían revisiones, les daban gafas…". No añade más.
Hoy, la Fundación desarrolla múltiples proyectos también en Sri Lanka, el Congo y Nicaragua. Entre ellos, la colaboración con Think Equal, centrada en la educación socioemocional de niños entre tres y seis años. El programa alcanza a más de 500.000 alumnos en todo el mundo y en España se está implementando en distintas comunidades autónomas con gran presencia en Andalucía. En enero, Letizia Ortiz acudió a un encuentro para mostrar su apoyo.
Su desconocido recorrido profesional
Además de su implicación en la Fundación, María ha construido su propio recorrido con independencia. Ni ella ni su hermano han optado por ponerse delante de los micrófonos, pero ambos trabajan dentro del sector audiovisual.
"Nunca me planteé estar delante", explica. Sin embargo, durante unas prácticas en Shine Iberia —productora de MasterChef— encontró su lugar. "Ahí entendí que la producción es el esqueleto de cualquier proyecto. Si no está, no hay nada". Se define como una persona inquieta, más cómoda en el movimiento que en la exposición.
Tras formarse, ha pasado por distintos trabajos —desde dependienta hasta captación para ONG— y actualmente trabaja en una empresa de organización de eventos. "Nunca he tenido una vocación clara, pero en todos los trabajos he sabido disfrutarlos. Ahora estoy muy bien". No descarta, en algún momento, probar la producción cinematográfica.
Su hermano, por su parte, es técnico de iluminación, gaffer, también vinculado al sector desde un lugar menos visible. "En algún momento llegará a la dirección de fotografía", dice.
Al final, lo que permanece no es la exposición ni el reconocimiento, sino una forma de hacer: trabajar desde el margen visible, sostener lo que otros ven terminado. En la casa de Juan Luis Cano, ese aprendizaje no tenía que explicarse; estaba en la manera de estar. Y quizá por eso María no necesita ocupar el centro para formar parte de la historia.
"La filosofía que sigue mi padre son pequeños proyectos pero que se hagan. Pasan tantas cosas en el mundo que no podemos intentar arreglarlo todo. Pero sí ayudar en lo que puedas, con las causas que encuentres o se crucen en tu camino".