Annie Horth conoce el armario de Céline Dion casi tan bien como la propia cantante. Sabe cómo se mueve sobre un escenario, qué prendas funcionan cuando tiene un micrófono en la mano y hasta dónde se puede complicar una silueta sin que termine convirtiéndose en un problema durante un concierto. Por eso tiene bastante sentido que Dion haya recurrido de nuevo a ella para una de las etapas más importantes de su carrera.
La estilista canadiense, que trabajó junto a la artista durante buena parte de su trayectoria, desde mediados de los años noventa, está detrás del vestuario de sus conciertos de París. Su regreso no significa, sin embargo, recuperar simplemente a la Céline de hace veinte años. Los primeros looks dejan claro que Horth está trabajando con archivo, grandes casas y alta joyería, pero intentando que todo tenga una lectura muy actual.
El mejor ejemplo es el vestido negro de Dior con el que Dion reapareció sobre el escenario el pasado 12 de septiembre. Creado especialmente para ella por Jonathan Anderson, parte de uno de los diseños más reconocibles de Christian Dior: el modelo Poulenc, de 1949, bautizado así por el compositor francés Francis Poulenc, amigo del diseñador. El original jugaba con un complicado trabajo de pliegues que abría el tejido casi en abanico alrededor del cuerpo. Anderson recuperó esa idea en su segunda colección de alta costura para la casa y la versión de Céline lleva ese volumen directamente al escenario.
Celine Dion. REUTERS Sarah Meyssonnier
No se trata únicamente de conseguir vestidos espectaculares. Hay bastante investigación de archivo detrás. En Schiaparelli, por ejemplo, se ha recurrido a una chaqueta de noche de 1937, reinterpretada en una pieza negra bordada que conserva los hombros rotundos y el carácter casi joya de aquellas prendas. En el caso de Alaïa, uno de los looks más contundentes toma como referencia una silueta de primavera de 2003: corsé negro rígido, ajustadísimo, combinado con falda larga. Céline puede permitirse ese tipo de ropa porque nunca ha tenido demasiado miedo a que un vestido entre en la habitación antes que ella.
También está Givenchy. Sarah Burton preparó para el espectáculo un minivestido cubierto de brillo acompañado por una enorme capa rosa de plumas. Después de varios estilismos oscuros, el rosa funciona casi como un cambio de acto. Es probablemente el conjunto más excesivo de los primeros conciertos y también uno de los que mejor recuerdan que el vestuario de una cantante no tiene exactamente las mismas reglas que una alfombra roja: desde la última fila, las cosas tienen que verse.
Horth lleva años defendiendo precisamente esa diferencia entre vestir a alguien y vestir a alguien que va a actuar. Con Dion ha trabajado tradicionalmente con grandes casas y piezas de alta costura, adaptándolas a las necesidades de un espectáculo. No parece casual que ahora haya vuelto al archivo de firmas como Dior, Alaïa o Schiaparelli. La ropa tiene referencias reconocibles para quien sigue moda, pero no exige que sean superreconocibles (a no ser que seas un experto en moda).
Hasta las joyas participan del montaje. Con el Dior negro, Dion llevó un impresionante collar de alta joyería de Boucheron, realizado en oro blanco y presidido por un diamante talla esmeralda de más de diez quilates. La pieza necesitó más de 1.100 horas de trabajo y su construcción geométrica incluye una referencia a la forma octogonal de la plaza Vendôme.
La relación de Céline Dion con la moda, de todas formas, no empezó con su posterior transformación en fenómeno de street style. Antes de Law Roach, de las sudaderas de Vetements o de aquellas salidas parisinas que parecían editoriales improvisados, estaba Annie Horth. Después llegó Roach y llevó esa afición de la cantante por la ropa hacia terrenos mucho más imprevisibles. Él mismo explicaba en 2024 en la revista Elle que nunca había considerado que hubiese cambiado a Dion. Según el estilista, simplemente le dio espacio para enseñar una parte de sí misma que ya existía.
Céline Dion (Gtres)
Céline, entonces, empezó a alternar alta costura con piezas de Balenciaga, Off-White o Vetements y pasó de gran estrella de la música que vestía bien a personaje seguido específicamente por la industria de la moda.
Ahora Horth no parece querer borrar nada de todo aquello. Más bien ordenarlo. Incluso antes de los conciertos, Dion ha convertido las salidas del Royal Monceau en un pequeño desfile: trench de Alaïa, cuero de Loewe, Tom Ford, Givenchy, Bottega Veneta o Saint Laurent.
Negro, cintura muy marcada, piezas de archivo, joyas importantes y algún golpe de efecto muy bien colocado. Annie Horth ha vuelto a una clienta a la que conoce desde hace décadas, pero no para vestirla como entonces.
Annie Horth conoce el armario de Céline Dion casi tan bien como la propia cantante. Sabe cómo se mueve sobre un escenario, qué prendas funcionan cuando tiene un micrófono en la mano y hasta dónde se puede complicar una silueta sin que termine convirtiéndose en un problema durante un concierto. Por eso tiene bastante sentido que Dion haya recurrido de nuevo a ella para una de las etapas más importantes de su carrera.