A un piloto como Marc Márquez es imposible no relacionarlo con coches veloces, aunque lo suyo sean las motos. El piloto ha explicado cuál ha sido uno de sus mayores caprichos lejos de los circuitos, y la respuesta tiene mucho que ver con el mundo del motor.
El piloto ha contado que se compró un Porsche Turbo S, uno de los pocos coches que ha adquirido por decisión propia, aunque la experiencia no ha sido exactamente la que imaginaba.
Según ha relatado, el problema no estaba tanto en el coche como en el uso que le daba. Márquez ha reconocido que apenas lo sacaba del garaje porque no se sentía cómodo conduciendo un vehículo tan llamativo. “Me daba vergüenza ir con ese coche”, ha confesado, dejando ver una faceta mucho más discreta de la que podría esperarse en un deportista de su nivel.
Esa sensación ha hecho que el capricho terminara convirtiéndose casi en una obligación. El motociclista ha explicado que lo utilizaba más por haber hecho la inversión que por auténticas ganas de conducirlo. “Lo tenía en el garaje, llevaba un año con el coche y tenía cuatro mil kilómetros”, ha señalado sobre el poco recorrido que acumuló durante ese tiempo.
También ha influido una cuestión práctica. Márquez ha contado que suele moverse acompañado de amigos, de gente cercana, de su hermano o su pareja, y el Porsche no resultaba cómodo para ese tipo de planes. Al ser un coche pensado principalmente para dos personas, no encajaba demasiado con su rutina diaria.
Finalmente, ha decidido venderlo y comprarse un Audi RS 6, un modelo más amplio y funcional. Con esta anécdota, Márquez ha dejado claro que, incluso cuando se trata de un gran capricho, para él pesa más la comodidad y la utilidad que el simple hecho de tener un coche de lujo aparcado en el garaje.
A un piloto como Marc Márquez es imposible no relacionarlo con coches veloces, aunque lo suyo sean las motos. El piloto ha explicado cuál ha sido uno de sus mayores caprichos lejos de los circuitos, y la respuesta tiene mucho que ver con el mundo del motor.