La longevidad se ha convertido en una de esas palabras que han saltado del lenguaje médico al universo beauty, wellness y estilo de vida. Antes hablábamos de “antiaging” casi sin pensar demasiado en lo que implicaba: borrar arrugas, frenar el tiempo, disimular los años. Ahora el enfoque empieza a ser otro. Ya no va tanto de parecer eternamente joven, sino de llegar mejor. Con más energía, más autonomía, más calma y, por qué no decirlo, con más seguridad en una misma.
Ese fue precisamente el punto de partida de la nueva edición de las Power Talks de Kérastase, celebradas en el espacio Solo CSV de Madrid. La firma reunió a tres mujeres muy reconocibles del mundo de la moda, el cine y la televisión, Nieves Álvarez, Juana Acosta y Vicky Martín Berrocal, para hablar de confianza, madurez y belleza desde un lugar bastante menos obvio que el de siempre.
El contexto ayuda a entender por qué esta conversación tiene sentido ahora. Según los datos compartidos por Kérastase y la Fundación Woman Forward, una de cada dos mujeres se siente menos segura que los hombres y un 74% reconoce dudar en momentos decisivos de su carrera. Así que hablar de longevidad aquí no es solo hablar de cumplir años, sino de cómo una mujer se coloca frente al mundo según va pasando el tiempo.
Juana Acosta fue una de las más claras al explicar ese cambio interno. “Ahora mismo me siento una mujer segura. No me sentía así hace 10, 20 o incluso 30 años. Llega un momento en la vida en la que empezamos a estar más tranquilas con nuestra esencia, más cómodas en nuestra piel, y eso está muy vinculado a la edad y la experiencia”, contó la actriz. Y ahí está una de las claves: la edad como algo que también puede ordenar, no solo restar.
Nieves Álvarez (Cortesía Kérastase)
Una idea, muchas capas
La idea encaja con cómo se está entendiendo hoy la longevidad desde la medicina preventiva. Ya no basta con mirar la edad del DNI. Se habla cada vez más de edad biológica, es decir, de cómo está realmente el cuerpo por dentro. El diccionario de longevidad de Longevytum lo explica de forma sencilla: no es la edad que aparece en el documento de identidad, sino lo “joven” o “envejecido” que está el organismo. Y eso, en parte, se puede medir y modificar con hábitos, prevención y seguimiento médico.
También lo señala David Lloyd Clubs en su propuesta de “Comunidades de Longevidad”, donde el envejecimiento activo se entiende como una combinación de salud funcional, movimiento, entrenamiento de fuerza, conexión social y bienestar mental. Daniel Martínez, entrenador personal de la compañía, lo resume así: “La edad biológica es maleable y puede optimizarse mediante un trabajo constante. No existen ejercicios prohibidos, sino adaptaciones necesarias según la patología o capacidad de cada individuo”.
"Ahora mismo me siento una mujer segura. No me sentía así hace 10, 20 o incluso 30 años", Juana Acosta
Esto conecta muy bien con lo que se habló en las Power Talks: cuidarse ya no se entiende como un gesto superficial. Juana Acosta lo expresó desde su propia experiencia: “Yo empecé a cuidarme por fuera a partir de los 30, después de tener a mi hija. A partir de los 40, empecé a tener la necesidad de cuidarme por dentro, de sentirme en calma”. Es decir, primero llega la rutina visible, la piel, el pelo, el cuerpo. Después aparece otra necesidad más profunda: dormir mejor, vivir con menos ruido, poner límites, elegir mejor el entorno.
Vicky Martín Berrocal insistió precisamente en eso: en la importancia de cuidar también lo que rodea. Porque la longevidad no va solo de comer bien o entrenar, aunque eso pese mucho. También va de cómo se vive, con quién, desde qué nivel de estrés y con qué capacidad para sostener la propia energía.
Vicky Martin Berrocal (MBFWM)
Nieves Álvarez llevó la conversación hacia la identidad y el control del relato personal. “Tener poder hoy en día es tener control de tu narrativa: saber quién eres, saber cuáles son tus inseguridades y aplaudir tus virtudes”, afirmó. No es una frase menor, porque durante años la belleza femenina ha estado muy marcada por lo contrario: por gustar, encajar, corregirse, suavizarse. Aquí el discurso cambia. La madurez aparece como un lugar desde el que mirarse con más perspectiva.
El pelo: un símbolo
Y en ese territorio el cabello tiene un papel bastante simbólico. Para Kérastase, no es solo una cuestión estética, sino una parte de la identidad. Nieves lo contó con una frase heredada de su madre: “Una mujer elegante es aquella que tiene los zapatos bien limpios y el cabello bien peinado”. En su caso, el cuidado capilar sigue siendo un ritual importante: “Para mí, es innegociable ir a la peluquería cada 10 días. Valoro mucho la confianza y la cercanía con mi peluquero. Me gusta que conozcan las necesidades de mi pelo”.
La longevidad, vista así, se aleja bastante de la obsesión por no envejecer. Tiene más que ver con conservar fuerza, autonomía, claridad mental y autoestima. Desde David Lloyd Clubs añaden otro punto interesante: los deportes de raqueta, como el tenis o el pádel, no solo trabajan el cuerpo, también estimulan la parte cognitiva. Ricardo Sandoval, psicólogo deportivo y entrenador de tenis, explica que “el tenis obliga al cerebro a resolver problemas en milisegundos, activando la plasticidad cerebral y fortaleciendo la reserva cognitiva”. Además, introduce algo clave: el componente social como antídoto frente al aislamiento.
Al final, todas las piezas encajan en una misma idea. La longevidad ya no se cuenta solo en años, sino en calidad de vida. En cómo se mueve el cuerpo, cómo se recupera, cómo se gestiona el estrés, cómo se cuida la mente y cómo se construye la confianza.
La longevidad se ha convertido en una de esas palabras que han saltado del lenguaje médico al universo beauty, wellness y estilo de vida. Antes hablábamos de “antiaging” casi sin pensar demasiado en lo que implicaba: borrar arrugas, frenar el tiempo, disimular los años. Ahora el enfoque empieza a ser otro. Ya no va tanto de parecer eternamente joven, sino de llegar mejor. Con más energía, más autonomía, más calma y, por qué no decirlo, con más seguridad en una misma.