El recurso a pruebas como la resonancia magnética o el TAC se ha convertido en una constante cuando aparece dolor persistente en articulaciones o columna. Sin embargo, el traumatólogo Ángel Hidalgo advierte de que depositar toda la confianza en estas herramientas puede llevar a errores. “La resonancia es una prueba extraordinaria”, explica en una entrevista concedida a 'Diario Navarro', pero matiza que “hay una distancia crucial entre lo que muestra la imagen y lo que realmente está provocando el dolor”.
El problema no es la tecnología en sí, sino su interpretación aislada. Tal y como subraya el doctor Ignacio Sancho en la misma entrevista, es frecuente encontrar casos contradictorios: “Hay pacientes con resonancias llenas de cambios degenerativos [...] que hacen vida completamente normal”. También ocurre lo contrario, personas con dolor intenso sin hallazgos relevantes en las imágenes.
TAC (Pexels)
Ambos especialistas coinciden en que el diagnóstico médico no puede depender de una única prueba. “Hay que integrar tres pilares: lo que nos cuenta el paciente, la exploración física y las pruebas complementarias”, señala Sancho en 'Diario Navarro'. Este enfoque integral evita interpretaciones erróneas y permite ajustar mejor el tratamiento.
El temor que generan algunos informes radiológicos también juega un papel importante. Términos como “hernia discal” o “artrosis” pueden alarmar al paciente, aunque no siempre sean la causa del dolor. “El informe radiológico solo describe lo que ve el radiólogo. No establece qué hallazgo es el responsable de los síntomas”, aclara Sancho, insistiendo en que esa labor corresponde al especialista clínico.
TAC (Pexels)
Uno de los mayores riesgos, según Hidalgo, es tomar decisiones relevantes basándose casi exclusivamente en la imagen. “Hemos visto pacientes operados con malos resultados porque se había tratado la imagen en lugar de tratar la enfermedad real”, afirma en Diario Navarro. Para evitarlo, insiste en la necesidad de correlacionar los hallazgos con la clínica del paciente.
Además, otras herramientas diagnósticas siguen siendo fundamentales. La radiografía, por ejemplo, aporta información sobre la alineación y la biomecánica que la resonancia no muestra igual. A esto se suma el auge de la ecografía musculoesquelética, que permite estudiar tendones y músculos en movimiento y realizar intervenciones guiadas con precisión.
TAC (Pexels)
A pesar de estas advertencias, los especialistas reconocen que la resonancia es decisiva en determinados casos. “Es esencial cuando responde a una sospecha clínica bien definida”, explica Hidalgo, especialmente en situaciones como ciáticas persistentes, déficits neurológicos o sospechas de patologías graves. El mensaje final al paciente es claro: “Tiene en sus manos una descripción radiológica, no un diagnóstico”, concluye Hidalgo en Diario Navarro. La clave está en acudir a un especialista que interprete esos datos dentro de un contexto clínico completo, evitando así incertidumbres y tratamientos innecesarios.
El recurso a pruebas como la resonancia magnética o el TAC se ha convertido en una constante cuando aparece dolor persistente en articulaciones o columna. Sin embargo, el traumatólogo Ángel Hidalgo advierte de que depositar toda la confianza en estas herramientas puede llevar a errores. “La resonancia es una prueba extraordinaria”, explica en una entrevista concedida a 'Diario Navarro', pero matiza que “hay una distancia crucial entre lo que muestra la imagen y lo que realmente está provocando el dolor”.