Hay lugares a los que se regresa cada verano porque terminan formando parte de la historia familiar. Para Matías Prats, uno de esos rincones está en Jávea, en la Costa Blanca alicantina. El periodista mantiene desde hace años una estrecha relación con este destino mediterráneo, convertido en un refugio vacacional donde el mar, los acantilados y las calas de aguas transparentes dibujan un paisaje muy diferente al de su rutina frente a las cámaras.
El municipio permite, además, alternar jornadas de playa con paseos por un casco históricoque conserva fachadas de piedra tosca, estrechas calles y edificios vinculados al pasado de la localidad. Una combinación de naturaleza y ambiente mediterráneo que convierte a Jávea en mucho más que un destino puramente estival.
Uno de los grandes atractivos de Jávea aparece en su litoral meridional, donde los acantilados adquieren cada vez mayor altura y ofrecen panorámicas impresionantes sobre el Mediterráneo. El cabo de la Nao constituye uno de sus puntos más reconocibles: un balcón natural situado sobre paredes rocosas desde el que la mirada se pierde en el horizonte.
Muy cerca se suceden enclaves como el cabo Negro y distintos miradores repartidos por la costa. Desde ellos se aprecia la particular geografía de esta parte de Alicante, con paredes verticales cubiertas de vegetación mediterránea que descienden hacia un mar de intensos tonos azules.
La cala del Portitxol, también conocida como cala Barraca, ofrece otra de las postales más buscadas de la Costa Blanca. Sus tradicionales casas blancas de pescadores se encuentran frente a la isla del Portitxol, creando un escenario que combina arquitectura marinera, roca y aguas turquesas.
Entre acantilados de vértigo, aguas transparentes, calas escondidas y la silueta inconfundible del Montgó, resulta sencillo comprender el vínculo de Matías Prats con este rincón alicantino. Jávea reúne ese equilibrio entre mar, naturaleza y tranquilidad que convierte un destino de vacaciones en un lugar al que querer regresar cada verano.
Hay lugares a los que se regresa cada verano porque terminan formando parte de la historia familiar. Para Matías Prats, uno de esos rincones está en Jávea, en la Costa Blanca alicantina. El periodista mantiene desde hace años una estrecha relación con este destino mediterráneo, convertido en un refugio vacacional donde el mar, los acantilados y las calas de aguas transparentes dibujan un paisaje muy diferente al de su rutina frente a las cámaras.