Urquiola de Palacio: "Nunca he sentido el gusanillo de dedicarme a la política"
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ENTREVISTA

Urquiola de Palacio: "Nunca he sentido el gusanillo de dedicarme a la política"

Acaba de ser elegida vicepresidenta de la Unión Internacional de Abogados y se convierte en la primera española en lograr este importante puesto

placeholder Foto: Uquiola de Palacio. (Cortesía)
Uquiola de Palacio. (Cortesía)

Urquiola de Palacio nunca ha buscado el primer plano mediático y siempre ha sido noticia por cuestiones estrictamente profesionales. En la actualidad se encuentra al frente de Palacio y Asociados, despacho dedicado a asesoría jurídica y consultoría estratégica que abrió sus puertas en 1986 y en la que trabaja con dos de sus hermanos, Ana Palacio, quien fuera ministra de Asuntos Exteriores entre 2002 y 2004, y José María de Palacio. Además, acaba de ser elegida vicepresidenta de la Unión Internacional de Abogados. Para los no iniciados y para entender la trascendencia de este paso en su carrera, debemos subrayar que la UIA se fundó en 1927, es la decana de estas asociaciones profesionales y cuenta con miembros de más de un centenar de países.

De Palacio, que es presidenta de la Corte de Arbitraje de Madrid y del Centro de Mediación Empresarial, nos bloquea una hora de su apretada agenda para realizar una entrevista telefónica, circunstancia, sin embargo, que no marca distancias entre nosotros, porque es una mujer cálida, amable y espontánea. Con un linaje como el suyo -sus padres eran Luis María de Palacio y Palacio, marqués de Matonte; su madre, la galerista Luisa Mariana del Valle Lersundi, y entre sus ancestros maternos está el general Francisco Lersundi, ministro con Bravo Murillo y Narváez-, resulta inevitable que echemos la vista atrás a su legado familiar. Y también al futuro, encarnado en sus sobrinos y en sus hijos, en los que puede germinar algún día la semilla de la política.

Urquiola nos habla también con franqueza y generosidad de las prematuras muertes de su madre y de su hermana Loyola, recordada ministra de Agricultura, la primera en España, y vicepresidenta de la Comisión Europea, de los golpes de los que en su familia han sabido sobreponerse y asumir, y de una vida que, a juzgar por sus palabras, está siendo más que satisfactoria.

PREGUNTA: ¿Cómo has recibido este nombramiento y qué significa para ti y para tu carrera?

RESPUESTA: Como podrás imaginar, lo recibo con muchísima ilusión y es un honor. Además, me he sentido muy respaldada porque los resultados de la elección han sido casi unánimes, no ha habido votos en contra y apenas unas abstenciones. Siendo una asociación a la que le he dedicado diez años y en la que he ido ocupando distintos puestos y en distintas facetas, llegar a las más altas responsabilidades, en cierto modo, es una meta alcanzada. El sistema de la organización está pensado para que no haya grandes rupturas y que exista la posibilidad de establecer políticas a largo plazo. Se te elige como vicepresidente, cargo que ocupas durante un año, otro de presidente electo, otro de la presidencia y otro de presidente saliente. Son un total de cuatro años en los que participas en lo que se denomina el bureau, que es el órgano delegado del consejo de dirección.

P: Eres la primera española en ser elegida para este cargo y, además, mujer. Se habla de techos de cristal, por ejemplo, en la judicatura y en el Consejo General del Poder Judicial, no sé si ocurre lo mismo en tu ámbito. ¿Crees que hay mucho camino aún por recorrer para alcanzar la igualdad?

R: En el Consejo General del Poder Judicial sí hay mujeres, lo que ocurre es que no ha habido ninguna todavía que alcance la presidencia, pero estoy convencida de que todo se andará... Lo que hay es que normalizar que las mujeres estén al igual que los hombres en los cargos de responsabilidad. En mi caso no es mérito mío solo, porque no te haces a ti misma sola. Tienes que tener apoyo, inspiración y además una semilla de pasión, como dicen. He tenido la suerte de una familia estupenda en este sentido. Nunca he crecido con la sensación de que hubiera una meta que no podía conseguir por ser mujer.

placeholder Urquiola está en un excelente momento profesional. (Foto: cortesía)
Urquiola está en un excelente momento profesional. (Foto: cortesía)

P: Viendo tu currículum y las responsabilidades que tienes en tu despacho y fuera de él, ¿cómo te dan de sí tanto 24 horas de un día?

R: Pues siendo ordenada. Hay una parte que es un problema de orden, pero, sobre todo, disfrutando de todo lo que hago. Disfruto desde que me levanto y tengo el privilegio de poder desayunar con mis niños y llevarles al colegio, el trabajo en el despacho me apasiona, las actividades complementarias que hago en la Corte de Arbitraje de Madrid y en el Centro de Mediación Empresarial me divierten... No me parecen largas las horas y no me importa acabar tarde. Supongo que eso siempre ayuda. Cuando haces algo que te gusta, no lo consideras una carga y no estás pensando que es una pesadez o que a ver si acabas y te puedes ir a hacer otra cosa.

P: Tu marido, Javier Arrien, también es abogado. ¿Os lleváis el trabajo a casa?

R: No, y además no hemos trabajado nunca juntos. A veces comentamos alguna cuestión jurídica porque nos ha parecido curiosa, pero tenemos otros temas de conversación mucho más entretenidos para despejarse la mente, que también hace falta.

P: La conciliación familiar es otra de las claves para organizarte... Tienes cuatro hijos y me han dicho que uno de ellos tiene ya mucho interés por la política.

R: Tengo tres hijos propios, que los tuve muy seguiditos. En este momento, dos de ellos tienen 13 años, uno acaba de cumplirlos y otro va a cumplir 14 a finales de mes, y otro que tiene 11 y cumplirá 12 en febrero. Y además tengo un sobrino que es hijo del hermano de mi marido. Se quedó huérfano de padre y madre, y es el cuarto hijo. Mi hijo menor decía que hay hermanos que nacen pequeños y hermanos que nacen grandes -nos cuenta, divertida-. El mayor está estudiando Ingeniería de Minas y no tiene ninguna vocación política. Al que le tomamos el pelo y le decimos que va a seguir los pasos de sus antepasados es a Rafael, el que cumple ahora 14, porque le dan unas preocupaciones con los temas políticos y nos suelta unas soflamas que resulta muy divertido ver cómo se va construyendo sus propias ideas y cómo te va dando sus explicaciones de lo que a él le preocupa.

placeholder Urquiola se licenció en Derecho en la Universidad Complutense de Madrid y ejerce la abogacía desde 1992. (Cortesía)
Urquiola se licenció en Derecho en la Universidad Complutense de Madrid y ejerce la abogacía desde 1992. (Cortesía)

P: ¿Nunca te has planteado tú dar el salto a la política?

R: La verdad es que no. Nunca me ha picado el gusanillo de la política con mayúsculas. La fórmula americana en la que la gente pasa un tiempo sirviendo a su país en la política y luego vuelve a la profesión es muy sana. Si fuera así me lo plantearía, pero francamente veo cómo es el retorno a la vida civil de los políticos aquí y volver a lo que hacían antes de dedicarse un tiempo a la política se considera que es fruto de las puertas giratorias, así que no me seduce nada.

P: En el despacho trabajáis tres hermanos. ¿Cuáles son vuestras funciones? ¿Lográis disociar vuestra vida personal del trabajo?

R: Estamos Ana, José María y yo. Ana y yo hacemos labores que en algunas ocasiones son complementarias, muchas otras no. A veces participamos en el mismo expediente y trabajamos muy bien juntas. Sí que conseguimos cerrar la puerta del despacho, cambiar de tema y hablar de otras cosas, lo que es importante. José María tiene lo mejor de todos los mundos porque viene a Madrid una semana de cada dos y la otra vive en medio del campo en Extremadura y hace un trabajo mucho más de reflexión y estudio, con menos contacto tal vez con los clientes. Le da una cierta independencia del trabajo diario que podamos estar haciendo en paralelo Ana y yo. Hablamos mucho de trabajo, lógicamente, pero cuando nos estamos tomando una copa de vino en familia, no entramos en los debates de los problemas de los clientes.

P: Sois una familia muy grande, erais siete hermanos. ¿Costaba, antes de la pandemia, reuniros a todos?

R: Somos afortunados por tener un polo de atracción en la casa familiar en Vizcaya -hace referencia al palacio de Urrijate, una sobria construcción del siglo XVII, en el cruce de caminos de Markina, Ondarroa, Lekeitio- y nuestro contacto es bastante constante. El resultado es que al final somos muy piña. En Madrid también nos encontramos, pero hay alguno de los hermanos que no vive aquí. Siempre hemos procurado reunirnos en Navidades y en Semana Santa cuando hemos podido. Mi marido dice que "si no hay clan, no hay plan". No llega a tanto, pero somos muy clan -dice, entre risas-. Intentamos reunirnos durante varios días y es muy enriquecedor, también para la próxima generación.

placeholder Urquiola, con su mascota. (Cortesía)
Urquiola, con su mascota. (Cortesía)

P: Esa sensación de pertenencia y de estar arropada la debiste de experimentar especialmente con tus hermanos cuando murió tu madre porque solo tenías cuatro años.

R: La verdad que sí. Estaba a punto de cumplir los cinco y en ese momento no tienes consciencia de lo que estás sucediendo. En mi caso esa pérdida, que es tremenda, en gran medida se suplió con tener hermanos mayores, porque el anterior a mí me saca cinco años, mientras que los mayores me sacan entre veintidós y dieciocho. Había un grupo de hermanos con bastantes más años que yo. En concreto, Ana y Loyola, que dieron un paso al frente y se ocuparon de la familia, porque nuestro padre se quedó bastante afectado y fue muy importante. Fue importantísimo ese paso.

P: Loyola fue una mujer muy valiente y luchadora, que nos informaba a la prensa de cómo evolucionaba su enfermedad, nunca ocultó nada. ¿Fue el golpe más duro de tu vida perderla?

R: Hacer una clasificación de los golpes más tremendos es complicado. Si no es el que más, desde luego uno de lo más tremendos. Hay que seguir viviendo y asumir, interiorizar y convivir con la pena. Que fallezca con 56 años tu hermana es un palo. Es en cierta manera una repetición de la historia, en el sentido de que nuestra madre murió más o menos a la misma edad y Ana estuvo con cáncer en una época similar. Afortunadamente, se recuperó y aquí la tenemos, esperemos que por muchísimos años.

Fue un golpe tremendo. Para mí fue muy repentino, a pesar de conocer la enfermedad y saber en la situación en la que estaba, porque, como bien dices, no lo ocultó en ningún momento. Mi hijo Rafael nació el 27 de noviembre, Loyola falleció el 13 de diciembre y fue ella quien nos fue a recoger al hospital (di a luz en San Sebastián). Estuvo conmigo hasta hasta tres o cuatro días antes de fallecer, que se tuvo que venir a Madrid porque le tenían que dar otra sesión de quimio. La había estado viendo con su enfermedad, pero en un estado razonable, disfrutando del niño y luego, de repente, me dijeron que estaba reaccionando mal a la sesión. Y que todo ocurriera en apenas 24 horas impresiona -nos dice sobre la despedida a su hermana, cuyos restos descansan en Deba, el pueblo natal de su madre, y donde se encuentra el panteón familiar en el que también están enterrados sus padres, Luis María de Palacio y Palacio, que falleció en 1997 a los 79 años, y Luisa María del Valle Lersundi, víctima de un cáncer de pulmón en 1972.

P: Tu madre fue una galerista muy importante y trabajaron en su establecimiento de la calle Serrano de Madrid Ana y Loyola. ¿Alguien de la familia ha heredado esa vocación?

R: Efectivamente, Ana y Loyola tomaron el testigo a la muerte de nuestra madre y se implicaron a la hora de ver qué hacían con su galería. En la actividad no ha seguido nadie de la familia, sin perjuicio de que tenemos una afición al arte, a las artes decorativas y a los muebles antiguos, que nos viene de esa dedicación de nuestra madre.

P: Tu hermano mayor, Luis María, heredó el marquesado de Matonte. ¿Qué significa para vosotros este título?

R: Los títulos nobilarios son en general, a mi modo de entender, un tributo a tus ancestros, una deuda de honor hacia ellos. El llevarlo bien y el ser merecedor de ello es hacer honor a los que te precedieron y a quien se lo otorgaron en su momento. Más allá de eso, en la sociedad actual, tienen pocas ocasiones para ser utilizados y lo que vale al final más es un título universitario, por ejemplo.

placeholder Con sus hermanas, Ana y Loyola. (Cortesía)
Con sus hermanas, Ana y Loyola. (Cortesía)

P: Fuiste albacea testamentaria de la duquesa de Medina Sidonia, gran amiga tuya. ¿Crees que se ha logrado respetar su voluntad, después de los litigios judiciales que ha habido entre su hijo y su viuda?

R: Era muy amiga, sí. Ese es el motivo por el que aceptamos ser albaceas, porque yo no era la única, por nuestra amistad. Hay veces que las voluntades no se pueden cumplir plenamente, porque te debes a la voluntad del testador y también a la ley. Debes cumplir la voluntad desde los márgenes que te permite la ley. La testamentaría se hizo buscando una fórmula que cumpliera estos dos requisitos. Lo que me parece una pena ha sido las posteriores vicisitudes, con las impugnaciones judiciales y ese tipo de cuestiones, porque, además, creo que todavía no está cerrado.

Foto: Los duques de Medinaceli. (Sevilla Press)

Estamos, en efecto, hablando de un caso complicado y aún inconcluso, que ha entrentado al actual duque de Medina Sidonia, Leoncio Alonso González de Gregorio, y a la Fundación Casa Medina Sidonia, presidida por Liliane Dahlmann, viuda de su madre, a quien se conocía popularmente con el sobrenombre de la duquesa Roja. Muy amablemente, Urquiola nos explica lo sucedido desde una perspectiva estrictamente legal y ordenada, a la vista de que todo ello es público. Explica que, como es bien sabido, Luisa Isabel aportó gran parte de sus bienes a la Fundación Medina Sidonia, y que si los hijos no hubieran dicho nada, no habría pasado nada. Sin embargo, ellos levantaron la mano y dijeron que había donaciones inoficiosas, que se había excedido la disposición del tercio de libre disposición y se había dispuesto más allá de eso, puesto que prácticamente no quedaban bienes en el momento de defunción y querían que se tuviera en cuenta. Los albaceas lo comprobaron, dijeron que, efectivamente, se podía estar dando esa situación, no cumplieron con los legados que se disponían porque ya no se podía al haberse dispuesto de ese tercio de libre disposición. Lo que su hijo ha hecho ha sido ir al juez a pedir que declarara que se había excedido ese tercio de libre disposición y que llamara de nuevo a la masa hereditaria los bienes que excedieran eso.

P: Con una vida tan intensa en experiencias como la tuya, ¿Hay algo que tengas pendiente y que te gustaría hacer en el futuro, alguna afición que te quede en el tintero?

R: De aficiones voy bien servida, porque he podido disfrutar de ellas. Me encanta navegar a vela, me saqué el título de patrón de yate con 17 años, fui la más joven en España, me encanta esquiar... He tenido la suerte de poder combinar en la vida las aficiones, las devociones y las actividades profesionales... Me siento afortunada y no hay nada que diga 'si volviera a nacer...' o 'si tuviera tiempo...'. Tocar el piano, quizas.

Y seguramente también acabe haciéndolo, concluimos nosotros.

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