Confesiones con Assumpta Serna: su gran cambio familiar, Hollywood y nuevas metas
La actriz, que triunfó en 'Falcon Crest' tras hacerse un nombre en España, está felizmente casada con Scott Cleverdon y centrada en la enseñanza y el cuidado de su madre
Desde que comenzara su carrera como actriz con el grupo teatral Dagoll Dagom con 'Antiviana' a finales de los 70 en Cataluña, el horizonte profesional de Assumpta Serna se fue ampliando hasta convertirse en los años 90 en una actriz muy solicitada en producciones internacionales, que la llevaron a rodar diversos capítulos de 'Falcon Crest', a protagonizar una tórrida escena con Mickey Rourke en 'Orquídea salvaje' o a participar en la película ahora de culto 'Jóvenes y brujas'. Desde hace un par de décadas, sus actividades se diversificaron, creó la Fundación First Team con su marido, el actor escocés Scott Cleverdon, a quien conoció cuando rodaba la serie inglesa 'Sharpe' junto a Sean Benn, y ahora se ha reinventado con 'Familia de cine', una comunidad de creadores de 11 países que funciona en streaming y que se ha convertido en una nueva ventana al mundo de la creación.
La actriz, que estuvo anteriormente casada con el actor Carlos Tristancho y mantuvo una larga relación con el belga Patrick Beauchau, cuyos caminos se cruzaron en el rodaje de 'Lola' de Bigas Luna, ha seguido trabajando en el cine y la televisión en los últimos años (los fans de 'Aquí no hay quien viva' la recordarán por su papel de la Pantumaca), pero están siendo la docencia, la escritura e incluso la dirección teatral sus principales ocupaciones. A nivel personal, tiene un pie en Madrid y otro en Barcelona, donde está muy pendiente de su madre, de avanzada edad, con quien está viviendo unos años de redescubrimiento personal, como ella misma nos cuenta.
En estos años, aunque en proyectos que no han tenido una gran difusión, no has dejado de trabajar como actriz, sobre todo con el director Pablo Moreno, con quien has rodado las películas 'Red de libertad', 'Claret', 'Sobre la piedra' y 'La sirvienta'.
He trabajado en proyectos con personas que no necesariamente la película se iba a ver mucho, gente que empezaba.... Es el nuevo cambio y es donde me siento cómoda. Hay mucha gente con la que me encantaría trabajar, pero cuesta un poquito llegar a ellos. Es un camino largo y tengo mucha esperanza en esos directores a los que hace diez años les di cursos en dirección de actores y que ahora están haciendo películas. Se renueva generacionalmente el estado de las cosas. Creo que esa gente que ha crecido va a intentar hacer unos proyectos que vayan más hacia el espectador. No tanto que tenga su idea sino que busque cómo generar preguntas al espectador. En la profesión hay gente como Nestor López Ferreira o Álvaro Longoria, que están también como asesores de proyectos. Son gente que ya ha tenido una carrera y quiere dar cosas.
Mi carrera de actriz se resiente porque hay un punto en el que que tienes que protegerte de lo exterior. Primero tienes que ir al exterior, después te proteges, y ahora tienes que volver al exterior. Mi carrera internacional en los 90 ha hecho que perdiera fuerza en mi propio país. Tendría que entrar en el sector, pedir cosas al sector, pero como estoy tan ocupada no me da la vida. Es una cosa generacional en la que no te apetece tanto ir. Me acuerdo que a veces la gente me preguntaba si no estaba en Los Ángeles, y llevaba ya quince años aquí. A veces las etiquetas que te ponen te limitan, te ponen en un lado y estás en otro. Más que quejarme del sector, me quejo de mí misma. Sé que si hiciera ciertas cosas, fuera a estrenos... Esto cambiaría, pero no tengo ganas. Las películas las veo en casa. Me gusta hacer lo que hago y siempre he hecho lo que me gusta. Yo creo que también influye el cambio generacional, los 80 quedan lejos, los 90 también... Todo el mundo está como gallina sin cabeza buscando y yo estoy en otra época.
Hubo un tiempo en que tenías casa abierta en Madrid, en Francia, en Los Ángeles, ¿sientes nostalgia de esa época?
Aprendí mucho en esa época en la que se podía hacer todo si querías, pero tenías que sacrificar muchas cosas por esta profesión. Tienes que irte, como le digo a mis alumnos, si tienes algo detrás, no con una mano delante y otra detrás. Como tenía yo en aquel momento, que rodaba seis o siete películas al año y proyecto siempre. Es como una rueda que va... Si paras un poco, tiene también sus consecuencias. En cuanto a la nostalgia, es una emoción mezclada. Es como cuando recuerdas tu juventud, piensas 'qué pena que ya haya pasado, pero qué horror, no me gustaría volver a hacerlo'. No tengo tanta nostalgia del coche descapotable, de los viajes, es una época que viví a fondo y muy bien, con respeto para los demás, pero te has convertido un poco en aquella actriz que fue para los demás. Y eso duele un poquito.
Reencuentro familiar
Al principio de tu carrera tuviste que superar muchos obstáculos, incluso prescindir de tu apellido paterno para tu nombre artístico... Tuviste que renunciar a muchas cosas, ¿ha merecido la pena?
Sí, sí. No hay nada de lo que me arrepienta, aunque siempre puedes reflexionar que podrías haber hecho ciertas cosas mejor, como por ejemplo ahorrar más. De todas maneras me lo pasé muy bien, a fondo y me lo estoy pasando bien ahora, me gusta mucho lo que hago. Estoy constantemente con gente, aunque durante la pandemia es cuando más he necesitado estar con gente. Me gusta mucho la comunicación, lo sigo haciendo.
Al final recompusiste tus relaciones familiares, ¿verdad?
Sí. Llega un momento en el que la rebeldía funciona muy bien como motor, el afirmarte como eres. Ese periodo que tenemos todos. Luego hay un momento en el que dices que he perdido mucho, hay algo en ti que no sabes muy bien qué es que te hace volver a ese principio. A entender tu relación con tus padres. Si no haces eso, la vida te pasa factura. Tenemos que mirarnos a nosotros mismos, entender por qué hacemos las cosas. Hay un momento en el que quieres hacer cosas y no puedes, no sabes por qué. Lo mío fue los hijos. En ese momento se produce un quiebro porque la única cosa que quieres hacer no puedes hacerla porque has llegado tarde. Son cosas que tienes que revisar y mirarte a ti mismo. A mí me sirvió mucho ese año de caída, de reflexión, de entender por qué hacía las cosas. No sé si quería hacerlo por rebelíón o porque lo deseaba. Ahí fue cuando empecé a escribir, cuando formé la escuela... Adquieres otras herramientas porque tú mismo te das cuenta de que había algunas cosas de las que te habías olvidado. Volví, estuve con mis padres, mi padre murió hace cuatro años y estuve con él la última temporada. Además, estuve como representante en la Academia de Cine Europeo, traje los premios aquí... Hice esta labor de gestión en la que mi padre me veía tan capaz...
Porque habías estudiado Derecho...
¡Sí, sí! Y mi padre me pudo ver en todo eso. Cuando tienes una fisura tan grande con tus padres porque dicen no a que hagas ciertas cosas, esta rebeldía lo que hace es que tengas que volver a calibrarlo más tarde. Me costó entender lo que había pasado, dónde estaba y qué quería hacer. Esa elección de las cosas te va llevando a caminos satisfactorios para ti. Lo mío no es una queja al sector sino un cambio de intereses. A los actores y actrices les pasa en un determinado momento. Se suele decir que a las actrices no les dan papeles a los 40 años, pero... ¿vamos a ser siempre jóvenes, vamos a hacer siempre lo mismo, recurrir a la cirugía estética? Te interesan otras cosas y ese cambio se puede ver como fracaso desde fuera y a ti te afecta porque lo recibes así: 'Oye, hace mucho tiempo que no te veo, que no haces cosas...'.
Reflexionar sobre una misma
Hubo una época en la que se te catalogaba de sex symbol, ¿te ha costado en este sentido asumir el paso del tiempo?
Eso a mí no me costó mucho... A los 40 años la mujer qué vende, ya no es objeto de deseo... Se lo digo mucho a mis actrices, qué imagen quieres proyectar. No la que el mercado compra sino la que quieres ofrecer, y eso lleva mucho tiempo entender tu misión en la vida, por qué estás aquí y qué es lo que quieres. Eso no es fácil, es tanto como '¿quién soy yo?'. Es difícil porque no hay respuesta para eso sino que uno debe hacer lo que le gusta con la gente que le gusta. Es importante que trabajemos en sitios donde nos gusta trabajar, te da una satisfacción total. No hacer cosas porque tienes que hacerlas. Puedes hacer alguna cosas por dinero, pero que no sea siempre. Ese mirarte al espejo lo haces cuando maduras y si no lo haces acabarás pagándolo.
He leído que te habías mudado a Barcelona para cuidar de tu madre, ¿es así?
Tengo mi casa en Madrid, en la calle Mayor, me he cambiado desde Ópera y estoy encantada, un piso sin ascensor... Es una manera de vivir la vida como me gusta y como empecé. Lo mismo que hice con mi padre lo estoy intentando hacer con mi madre. Desde que murió mi padre. Mis padres eran una unidad muy fuerte entre ellos desde que se conocieron con 16 años. Yo no sé lo que es vivir 60 años con una persona. Es toda una vida, se te va media vida al perderlo. ¿Cómo lo llenas? Es imposible. Mi madre tenía entonces 90 años y ahora tiene 95. Estos cinco años han servido mucho para aproximarnos. Y me gusta ver cómo ve las cosas ahora, porque además mi madre siempre fue una mujer que trabajó. Mis padres siempre habían querido una Cataluña que fuera poderosa, habían pensando en la idea de separarse de España, lo que me hace plantearme si yo me hubiera quedado allí cómo pensaría. Esto te ayuda mucho a entenderte. Es un proceso bonito hasta donde dure y has de estar ahí lo máximo posible.
Llevas 27 años con tu marido, Scott, ¿cuál ha sido la clave para que sigáis juntos?
Es un trabajo... -dice entre risas-. En los primeros años vives los cambios de esa persona, el entender que esa persona cambia también, que no es la idea que tenías de él. Eso es lo más difícil, hay que entender qué proyectos tienes que hacer juntos y que proyectos por separado, entender que esta especie de núcleo que existe fuerte y cimentado por el día a día que tenga un valor mucho más grande que la dispersión en tu vida. Todo eso cuesta entenderlo. He tenido la suerte de encontrar una persona con la que me divierto hablando, que es esencial. Su mente me fascina, le respeto no solo como actor, que es el mejor actor con el que he estado en mi vida, sino también como persona. Esa persona que respetas profundamente. Y si eso no existe, no puedes construir. Hacer un proyecto juntos nos ha ayudado mucho también porque hemos entendido por nuestras obras lo que queríamos en cada momento. ¿Hubiera podido estar con una persona que no fuera actor? Quizás no.
Todas tus parejas lo han sido...
Porque entiendo profundamente las necesidades y pienso que en el caso de Scott, que hace esta profesión como un servicio de hacer reír, porque es buenísimo en comedia, piensas que es honorable. Me gusta siempre que tengamos maneras de hacer las cosas diferentes. Hay ese respeto mutuo, es una persona maravillosa y él piensa lo mismo de mí. Hay respeto y admiración mutua.
Decías antes que tal vez te hubiera gustado ahorrar un poco más, pero me da la sensación de que no le das demasiada importancia a lo material.
Nada, nada... Nadie necesita grandes lujos. Las personas tarde o temprano se dan cuenta de que lo que necesitan es el amor, el regalar cosas al otro, que es lo único que te vas a llevar al final. Hacer una vida como has querido, que has querido y respetado a la gente. Es como dice mi agente, que soy un poco monja. Es también como me han educado.
Tengo entendido que no eres creyente, pero sin embargo estuviste haciendo coaching para sacerdotes.
Sí, me he encontrado con gente muy buena. La vida me ha puesto delante a unas personas de Ciudad Rodrigo que tienen una productora, que me dieron la oportunidad de hacer uno de los personajes bombón de mi carrera, 'Red de libertad', que me encantó hacer, pero no se vio mucho en el sector por los prejuicios que tiene, porque vamos poniendo etiquetas que impiden ver. En este caso, la Iglesia, donde cada congregación tiene sus ideas y su carisma, gente buena y gente mala. Es como la vida, pero nos cuesta cuando en el mundo cultural hemos estado poniendo etiquetas sin que lo hayamos notado tanto, izquierdas, derechas... Creo que con el tiempo te das cuenta de que hay personas buenas en todas partes y yo intento estar con ellas, las que no son tóxicas, que son generosas y te respetan. En ese grupo he encontrado personas ávidas de diálogo, de conocimiento, de entender las cosas desde el otro lado. Estos cursos que he hecho a sacerdotes me han nutrido para deshacer esos prejuicios y para entender ciertas cosas. Creo que la gente del cine estamos un poco descreídos y eso no es bueno en la vida. Creo que debemos creer en cosas.
Y sobre todo respetar a la gente, tenga fe o no.
Eso ya es mucho. Te encuentras personas de la otra parte que quieren aprender de ti cómo comunicarse desde esa fe y esa creencia. No es proselitismo sino que quieren explicarte las cosas que les sirven a ellos para que te sirvan a ti. Para mí fue un desafío para que desde el púlpito darles esas herramientas para que fueran más cercanos al público de hoy.
Has trabajado con grandes directores como Almodóvar, Carlos Saura, María Luisa Bemberg, Mario Monicelli, Samuel Fuller, Bigas Luna, Mario Camus... ¿Crees que tu gran papel está aún por llegar?
Yo creo que si preguntas eso al 99% de los actores te dirán que está por llegar. Por supuesto, está por llegar.
¿Y dirigir? Porque hace unos años tuviste un proyecto de una película sobre Boris I, el efímero rey de Andorra, que finalmente no se hizo.
Me gustaría que me la ofrecieran. Ahora estoy en escribir. Estoy escribiendo una obra de teatro, que me gustaría que se distribuyera en distintos sitios, un regalo a nuestro grupo. Me gustaría probarlo porque ya lo hice en la escuela. Un texto dicho por distintos actores es completamente distinto. Es una obra complicada, porque es una obra grande para que cupieran 10 actores. Me da mucha gasolina para escribir y para intentar hacerlo. A veces me han propuesto para dirigir, pero no me ha gustado el material. Creo que podría hacerlo bien. Tengo un proyecto de dirigir teatro, una obra que hice como actriz en los 80 y que ahora querría dirigir, vamos a ver qué pasa... El teatro es donde empecé y quiero cerrar un círculo.
Una importante comunidad
Has creado una comunidad virtual de cine con la que estás en contacto con la industria de todo el mundo, ¿cómo nace esta iniciativa y hasta dónde quieres llegar con ella?
La necesidad es de dialogar, de comunicar, porque lo hacemos mal los del cine. Siempre he visto que íbamos en compartimentos estancos, los actores por un lado, los productores o los directores de casting por otro... En la escuela, en ese nucleo tan ideal donde puedes hacer cosas ideales, vimos que todo iba bien, pero que la estructura era muy pesada, entre otras cosas por los alquileres, y no te dejaba trabajar con gente que podía ser que tuviera mucho talento, pero no tenía tanto dinero. Al no tener tampoco ningunas ayudas la especialidad de Interpretación Cinematográfica, que era eso que hacíamos desde hace 20 años, no era posible conseguir que fuera estable. Vi que lo que nosotros hacemos, la ética en lo audiovisual, el sector no estaba para eso. Pensé en encontrar a las personas, que estaba segura de que existían, pese a que las instituciones no lo apoyaran. Vino el covid, lo lanzamos un día, me parece que fue en abril de 2020 y empezamos a invitar a gente que no hubiéramos podido invitar a la escuela como Phillip Noyce -director australiano de 'Juego de patriotas'- y de todo el mundo que había conocido a través de mi carrera. Zoom permitía hacerlo.
Empezamos a trabajar online y vimos que existía la posibilidad de personalizar mucho las clases, que los alumnos no tuvieran que esperar un mes y medio a hacer un ejercicio, que lo podíamos hacer más rápido. Ahora mismo somos 120 personas, que ya no son alumnos sino profesionales que fueron nuestros alumnos, que están luchando ahora para tener un poco de ayuda entre nosotros, en proyectos de teatro y de cine. Fue Phillip Noyce quien nos animó a que hiciéramos proyectos con el teléfono o de cualquier forma, y salieron 17 cortometrajes y entre todos dijimos que había que apoyarles. Nos hemos organizado en 10 comisiones, la gente da voluntariamente su tiempo y entre nosotros intentamos hacer proyectos que nos gustan con gente que nos gusta y mientras tanto nos conocemos entre nosotros. Son gente de 11 países y hemos creado un código de ética con total transparencia, con contratos de confidencialidad para que las cosas vayan por el camino que tienen que ir.
Desde que comenzara su carrera como actriz con el grupo teatral Dagoll Dagom con 'Antiviana' a finales de los 70 en Cataluña, el horizonte profesional de Assumpta Serna se fue ampliando hasta convertirse en los años 90 en una actriz muy solicitada en producciones internacionales, que la llevaron a rodar diversos capítulos de 'Falcon Crest', a protagonizar una tórrida escena con Mickey Rourke en 'Orquídea salvaje' o a participar en la película ahora de culto 'Jóvenes y brujas'. Desde hace un par de décadas, sus actividades se diversificaron, creó la Fundación First Team con su marido, el actor escocés Scott Cleverdon, a quien conoció cuando rodaba la serie inglesa 'Sharpe' junto a Sean Benn, y ahora se ha reinventado con 'Familia de cine', una comunidad de creadores de 11 países que funciona en streaming y que se ha convertido en una nueva ventana al mundo de la creación.