Miguel Ángel Revilla, a sus 83 años, ha abierto una ventana íntima a su pasado en un emotivo reportaje televisivo con motivo de los 100 programas de 'Directo al grano'. Acompañado por Gonzalo Miró, el expresidente de Cantabria regresó a la casa familiar donde vivió sus primeros 17 años y recorrió algunos de los lugares que marcaron su infancia, en un viaje cargado de memoria, dureza y agradecimiento.
Desde niño aprendió a desenvolverse en un entorno hostil, donde cada jornada exigía esfuerzo físico y resiliencia. La pesca era uno de sus pocos pasatiempos, aunque también formaba parte de la subsistencia familiar. “Con siete años mi madre me decía: ‘niño, vete al río a ver si coges alguna trucha para cenar’. Raro era el día que no venía con cinco”, relató, dibujando una estampa rural hoy casi desaparecida.
Miguel Àngel Revilla, en 'El hormguero'. (Atresmedia)
Las condiciones de vida eran extremas. Sin carreteras ni electricidad, con inviernos marcados por nevadas que podían alcanzar los cuatro metros de altura, Revilla recuerda cómo en ocasiones salían de casa directamente desde la planta superior. “Llevábamos las albarcas junto con los esquís”, bromeó, sin restar dureza a una realidad en la que también tocaba sacar adelante el ganado. “De jóvenes teníamos que ir con las vacas y las ovejas”, explicó en otra ocasión ante estudiantes.
En ese contexto, la cocina se convirtió en el verdadero corazón del hogar. Era el espacio donde la familia se reunía cuando el frío hacía imposible calentar toda la vivienda. Al volver a pisarla, Revilla se detuvo unos segundos antes de resumirlo todo en una frase: “Esto era todo, todos los recuerdos los tengo aquí. Mi madre cocinando, hacíamos lumbres y cuando hacía mucho frío, me gustaba coger un cojín y dormir ahí”.
Miguel Ángel Revilla, a sus 83 años, ha abierto una ventana íntima a su pasado en un emotivo reportaje televisivo con motivo de los 100 programas de 'Directo al grano'. Acompañado por Gonzalo Miró, el expresidente de Cantabria regresó a la casa familiar donde vivió sus primeros 17 años y recorrió algunos de los lugares que marcaron su infancia, en un viaje cargado de memoria, dureza y agradecimiento.