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TRISTE PÉRDIDA

Los últimos años de Juan Tamariz: el Parkinson, sus manos escondidas y la magia hasta el final

Alejado poco a poco de los focos, Tamariz pasó sus últimos años entregado a la enseñanza, rodeado de magos y haciendo lo que más amaba prácticamente hasta el final: magia.

Foto: Juan Tamariz en una imagen de archivo con su mítica baraja. (Getty)
Juan Tamariz en una imagen de archivo con su mítica baraja. (Getty)

Durante décadas resultó prácticamente imposible imaginar a Juan Tamariz sin una baraja entre las manos. Aquellas manos protagonizaron algunos de los juegos más recordados de la televisión española y convirtieron al madrileño en uno de los grandes referentes mundiales de la cartomagia. Paradójicamente, en sus últimos años fueron también las manos que intentó esconder cuando el Parkinson comenzó a hacerse visible.

Juan Tamariz nunca anunció una retirada. En realidad, nunca llegó a retirarse. Su presencia en televisión y sobre los grandes escenarios fue disminuyendo con el paso de los años, pero el mago encontró otras formas de continuar ligado al oficio al que había dedicado prácticamente toda su vida. Siguió estudiando, reuniéndose con otros ilusionistas y, especialmente, enseñando.

placeholder Juan Tamariz en una imagen de archivo. (Gtres)
Juan Tamariz en una imagen de archivo. (Gtres)

Todavía con más de 80 años ejercía como maestro de nuevas generaciones. Su actividad se había alejado ya del ritmo frenético de décadas anteriores, pero continuaba vinculado al círculo profesional de la magia y a la escuela dirigida por su hija Ana.

En abril de 2024 protagonizó una de sus últimas grandes apariciones televisivas. Después de varios años alejado de las cámaras, Juan Tamariz fue el encargado de inaugurar la cuarta temporada de 'La matemática del espejo', el programa de entrevistas de Carlos del Amor en La 2. Tenía entonces 81 años.

Tamariz apareció acompañado por parte de su familia: su mujer, Consuelo Lorgia; su hija Ana y su hija Alicia. Durante casi 50 minutos volvió a ser el personaje que varias generaciones reconocían inmediatamente: bromista, imprevisible y con una baraja preparada para sorprender a quienes tenía delante. Incluso reivindicó una de las ideas que había defendido durante toda su carrera: él no hacía 'trucos', sino 'juegos' de magia.

placeholder Juan Tamariz en una imagen de archivo. (Europapress)
Juan Tamariz en una imagen de archivo. (Europapress)

Detrás de aquellas apariciones, sin embargo, su vida comenzaba a cambiar. La enfermedad fue reduciendo progresivamente su movilidad y también sus compromisos profesionales. Aun así, Tamariz continuó enseñando. En julio de 2025, cuando tenía 82 años, la 'Gran Escuela de Magia', Ana Tamariz todavía anunciaba unas 'Clases Geniales' impartidas por él y por Manu Vera. Eran encuentros dedicados a estudiar a los grandes maestros de la historia del ilusionismo, sus técnicas, juegos y anécdotas.

El gran maestro seguía siendo alumno y profesor al mismo tiempo. Pocos meses después, el 3 de noviembre de 2025, la sala Galileo Galilei de Madrid acogió una fiesta para celebrar sus 83 años. Sobre el escenario estuvieron, entre otros, Jorge Blass, Manu Vera y numerosos profesores, alumnos y amigos de la escuela.

El anuncio de aquella celebración incluía, sin embargo, una frase que hoy adquiere un significado diferente: "Cruzaremos los dedos para que la salud de Juan Tamariz le permita asistir". Su mundo comenzaba a hacerse más pequeño. También más íntimo. El Parkinson había avanzado. Según ha revelado ahora Moisés Rodríguez, portavoz de la familia, Tamariz tenía importantes problemas de movilidad y llegó un momento en el que dejó prácticamente de actuar. Seguía haciendo algunas cosas puntuales, especialmente relacionadas con el mundo de la magia, pero cada vez rechazaba más compromisos.

placeholder Juan Tamariz en una imagen de archivo. (Europapress)
Juan Tamariz en una imagen de archivo. (Europapress)

Había una razón detrás de aquella decisión. Juan Tamariz no quería que el público lo recordara enfermo. Rodríguez ha explicado que el mago se desplazaba ya en silla de ruedas y que intentaba preservar hasta el final aquella imagen que millones de personas conservaban de él: la chistera, el pelo alborotado, la sonrisa y, sobre todo, el humor.

El detalle más revelador volvió a estar en sus manos. En una de aquellas últimas apariciones relacionadas con el cine, Tamariz trataba de mantenerlas escondidas. Cuando Rodríguez le preguntó el motivo, el mago terminó confesándole que padecía Parkinson y que había momentos en los que no podía controlar el temblor. Sabía además que, en cuanto sacara una baraja, aquello podía hacerse evidente.

placeholder Juan Tamariz en una imagen de archivo. (Europapress)
Juan Tamariz en una imagen de archivo. (Europapress)

Las mismas manos con las que había engañado durante décadas a millones de espectadores podían ahora revelar algo que él prefería mantener en la intimidad. No se trataba únicamente de una cuestión estética. Tamariz quería preservar el recuerdo del personaje que había construido durante toda una vida. No quería provocar la sensación de estar ante un hombre enfermo. Quería continuar siendo, ante los ojos de los demás, el hombre que hacía reír antes incluso de empezar el juego.

Su hija Ana Tamariz ha permitido conocer ahora hasta qué punto la enfermedad llegó a afectar a su padre. Durante varios meses, el Parkinson llegó a impedirle hacer algo aparentemente tan sencillo pero esencial para él como coger una baraja. Para Juan Tamariz aquello significaba mucho más que dejar de trabajar.

placeholder Juan Tamariz en una imagen de archivo con su hija Ana. (Ana Tamariz)
Juan Tamariz en una imagen de archivo con su hija Ana. (Ana Tamariz)

Las cartas habían acompañado prácticamente toda su existencia. Habían sido su profesión, pero también su forma de relacionarse con el mundo. Cuando un tratamiento consiguió que pudiera volver a cogerlas, su familia recuperó también una parte del Juan Tamariz de siempre. Ana lo ha explicado de una manera especialmente gráfica: fue como si su padre hubiera "vuelto a nacer". Y volvió a hacer magia.

Ya no necesitaba un plató de televisión ni un teatro lleno. Tampoco cientos de espectadores. En aquella última etapa fueron los propios magos quienes acudían a verlo y Tamariz continuaba intentando sorprender precisamente a quienes mejor conocían los secretos de su oficio. Era, además, una de sus grandes pasiones: la magia para magos. El deterioro físico fue obligándolo a abandonar casi por completo la vida pública. En Navidad ya tenía importantes dificultades de movilidad y utilizaba una silla de ruedas.

placeholder Juan Tamariz en una imagen de archivo. (Europapress)
Juan Tamariz en una imagen de archivo. (Europapress)

Pero su cabeza, según han recordado quienes lo acompañaron en esta última etapa, continuó funcionando perfectamente y su sentido del humor permaneció intacto.

También permaneció intacta su necesidad de hacer magia. Su hija ha revelado tras su muerte que continuó realizando juegos para los magos que iban a visitarlo prácticamente hasta el final. Incluso el penúltimo día de su vida todavía hubo magia. Quizá no podía existir una despedida más coherente para alguien que jamás concibió aquello como un simple trabajo. Muchos años antes, cuando todavía le preguntaban por una hipotética retirada, Tamariz había bromeado con que pensaba jubilarse a los 106 años. Para él resultaba difícil retirarse de una pasión. Mientras existiera aquel fuego interior y el cuerpo se lo permitiera, seguiría. No llegó a los 106.Pero, de alguna manera, cumplió su palabra.

Durante décadas resultó prácticamente imposible imaginar a Juan Tamariz sin una baraja entre las manos. Aquellas manos protagonizaron algunos de los juegos más recordados de la televisión española y convirtieron al madrileño en uno de los grandes referentes mundiales de la cartomagia. Paradójicamente, en sus últimos años fueron también las manos que intentó esconder cuando el Parkinson comenzó a hacerse visible.

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