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Telma Ortiz y Jaime del Burgo acallan los rumores de separación en París

Unos días en la ‘capital de la luz’ para despejar cualquier sombra, aunque muchos las siguen viendo. Así es como Jaime del Burgo y Telma Ortiz, hermana de la

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    Unos días en la ‘capital de la luz’ para despejar cualquier sombra, aunque muchos las siguen viendo. Así es como Jaime del Burgo y Telma Ortiz, hermana de la princesa de Asturias, parecen dar carpetazo a los rumores y las publicaciones que los daban por separados. La pareja ha pasado recientemente unos días en París, ajenos a los comentarios que se han vertido este mismo mes sobre su separación. Tras visitar París, ciudad frecuentada por del Burgo en algunos de sus viajes de negocios, han estado en Barcelona, lugar de residencia habitual de Telma junto a su hija Amanda.

    La breve escapada ha roto por unos días la distancia que les suele mantener bastante tiempo alejados debido a sus trabajos, que les hacen vivir en ciudades diferentes. Del Burgo suele estar, a causa de sus negocios, entre Nueva York y Londres, y Telma mantiene fija su residencia en Barcelona. El viaje a París confirma la unión de la pareja y desmiente la separación que publicó una conocida revista a mediados de este mes de mayo. Fuentes cercanas a la pareja se apresuraron a desmentir cualquier alejamiento entre ambos, más allá del puramente geográfico. En declaraciones a Vanitatis, el abogado de Telma, Antonio Alberca, afianzó su intención de demandar a la revista que había publicado tal noticia, que daba por falsa.

    Rumores de separación

    No era la primera vez que, por un motivo o por otro, ambos se convierten en tema de conversación en los medios de comunicación o que se filtran rumores que los alejan. La pareja  pronunció el ‘sí, quiero’ el 11 de mayo de 2012 en el monasterio benedictino de Leyre, Navarra. Un mes más tarde volvían a casarse, de forma más oficial, en Roma. Si la primera boda fue de cara a conseguir unos papeles que les permitirían instalarse (como se creyó entonces) en Estados Unidos y además sirvió como falso señuelo para la prensa, la segunda se celebró en un hotel de lujo del siglo XVII en el mar de Tirreno, a 35 kilómetros de Roma. A esta boda sí que acudieron los príncipes de Asturias y las infantas Leonor y Sofía. Una treintena de invitados intentaban perpetuar, sin éxito, el secretismo que había rodeado a la primera boda.

    Desde el mismo día del enlace, la pareja se vio sometida a dificultades varias. La primera de ellas fue la imposición de un juez que obligó a Telma Ortiz a vivir en Barcelona tras su periplo neoyorkino. Se dictó que, de residir en Estados Unidos, la pequeña Amanda, fruto de la unión de Telma con Enrique Martín Llop, apenas sería vista por su padre. Fue a partir de ese momento cuando la hermana de la princesa de Asturias tuvo que fijar su residencia en Barcelona y cuando la prensa comenzó a ‘separarla’ de del Burgo. Ella no se cortó un pelo a la hora de amenazar a todo aquel que la difamase. Se adelantó a lo que los medios de comunicación pudieran publicar y demandó a más de cincuenta publicaciones convirtiéndose en el primer personaje que presenta una demanda de estas características. En su requerimiento aseguraba un “insoportable y permanente acoso a la prensa” y una “posible existencia de peligro físico” por el acoso de los medios. Sin embargo, la demanda fue desestimada y Telma debió hacer frente a los 40.000 euros de costas judiciales, algo a lo que en principio hizo oídos sordos.

    La 'bola' de habladurías se fue haciendo más grande a medida que Telma se marchaba de viaje completamente sola por lugares como Marruecos o Madrid. No ayudaba tampoco a deshacerla que Telma no pudiese salir con su hija de España, ni que afianzase cada vez más su residencia en la ciudad condal. En febrero de este mismo año, alquilaba una casa por 1.600 euros en una zona residencial en la que suelen vivir familias de clase media-alta. 160 metros cuadrados distribuidos en cuatro habitaciones y dotados de un enorme salón-comedor darían cobijo a Telma, a su hija Amanda y a del Burgo cuando este viajase a nuestro país a verlas. Así ha sido estos últimos días tras pasar por la capital del Sena, la ciudad donde “uno puede hacer lo que se le antoja sin llamar la atención”, como dijo Chopin; hasta parecer una pareja normal y olvidar las distancias geográficas y los poco habituales cataclismos de un primer año de matrimonio bastante tumultuoso.

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