Auerlio Rojas, cardiólogo, aclara sobre el consumo del kéfir: "Los intolerantes a la lactosa no pueden tomarlos"
El kéfir concentra interés por su posible impacto en la microbiota, la inflamación y la salud cardiometabólica, pero siempre hay que tener en cuenta el riesgo
Rojas responde en formato pregunta–respuesta y subraya que el kéfir sí “mejora la microbiota intestinal”, sí “ayuda a reducir la inflamación” y sí “puede apoyar al sistema inmune”. También apunta efectos favorables sobre colesterol, tensión arterial, control del peso y función cardíaca, y destaca que “es mejor que el yogur normal, sobre todo en diversidad de probióticos”.
Aunque “es bajo en lactosa comparado con la leche normal”, Rojas es claro: “¿Pueden tomarlo entonces los intolerantes a la lactosa? Pues no.” Además, recuerda que puede provocar gases o diarrea, “sobre todo si lo tomas en exceso”. El mensaje práctico es comprobar la tolerancia individual y evitar su consumo cuando exista intolerancia diagnosticada o síntomas compatibles tras la ingesta.
Rojas sugiere cantidades moderadas y regulares: un vaso pequeño (150–200 ml) al día, preferiblemente por la mañana. Recomienda combinarlo con fruta rica en vitamina C, como kiwi o fresas, porque “aumentas la acción de los probióticos, mejoras las defensas y disminuyes el cortisol, la hormona del estrés”. Integrarlo en una dieta rica en fibra y alimentos poco procesadospuede favorecer su efecto sobre la microbiota.
El cardiólogo resalta que el kéfir aporta proteínas de alta calidad y “mejora la absorción de vitaminas y minerales” del resto de la dieta. En el eje intestino–cerebro, afirma que “puede mejorar el estado de ánimo” y “ayudarte a dormir mejor” al favorecer mensajeros como GABA y serotonina.
Lo mejor siempre será hacer nuestro propio kéfir. (Pexels)
Además de quienes no toleran la lactosa, conviene extremar la precaución en personas inmunodeprimidas o con patologías digestivas activas, y pedir orientación profesional. Para quienes tienden a la hinchazón, empezar con raciones pequeñas y observar la respuesta del cuerpo ayuda a ajustar su uso sin molestias.
Una pauta sencilla, ajustada a cada persona y respaldada por hábitos saludables —alimentación variada, descanso y actividad física— es la vía más razonable para aprovechar el kéfir sin convertirlo en una promesa exagerada.
Rojas responde en formato pregunta–respuesta y subraya que el kéfir sí “mejora la microbiota intestinal”, sí “ayuda a reducir la inflamación” y sí “puede apoyar al sistema inmune”. También apunta efectos favorables sobre colesterol, tensión arterial, control del peso y función cardíaca, y destaca que “es mejor que el yogur normal, sobre todo en diversidad de probióticos”.