Una mujer de 117 años tenía la edad biológica de alguien 23 años más joven: científicos españoles descifran por qué
Un estudio español revela las claves biológicas y genéticas que explican su envejecimiento excepcionalmente saludable
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La ciencia ha encontrado en María Branyas Morera un caso excepcional de longevidad extrema. Esta mujer, que alcanzó los 117 años y fue reconocida en enero de 2023 como la persona más longeva del mundo, tenía una edad biológica 23 años inferior a la que marcaba su documento de identidad, según un estudio liderado por científicos españoles.
La investigación, dirigida por el doctor Manel Esteller, responsable del grupo de Epigenética del Cáncer en el Instituto de Investigación contra la Leucemia Josep Carreras de Barcelona, se ha publicado en la revista Cell Reports Medicine. Durante tres años, más de cuarenta investigadores analizaron muestras de sangre, orina, heces y saliva para descifrar qué factores explicaban su envejecimiento saludable y su ausencia de patologías graves asociadas a la edad.
Los resultados evidenciaron un claro desfase entre su edad cronológica y su edad biológica, calculada mediante relojes epigenéticos que estudian las marcas químicas del ADN. Según estas pruebas, sus células se comportaban como las de una persona aproximadamente 23 años más joven. Además, su microbioma intestinal presentaba abundancia de Bifidobacterium, bacteria relacionada con efectos antiinflamatorios, y mostraba un perfil propio de personas más jóvenes. Aunque sus telómeros eran cortos, algo habitual en edades avanzadas, sus marcadores inflamatorios eran bajos y su sistema inmunitario mantenía un funcionamiento eficaz.
El análisis genético también detectó variantes asociadas a menor riesgo cardiovascular, demencia y cáncer, así como la ausencia de mutaciones vinculadas al alzhéimer. A ello se sumaban hábitos de vida estables: dieta mediterránea, consumo frecuente de yogur, ausencia de tabaco y alcohol y una red social activa. Con todo, los autores subrayan que se trata de un único caso (N=1) y advierten de que será necesario estudiar a más supercentenarios para confirmar si estos factores pueden generalizarse.
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