Los expertos en bancos coinciden: "Hay 2 tipos de familias en España, las que piden créditos para todo y las que se endeudan para bienes duraderos"
El modo en que las familias españolas se relacionan con los préstamos está cambiando y los expertos llevan tiempo advirtiéndolo. Detrás de esa transformación asoman nuevas formas de consumo, distintas maneras de gestionar el dinero
Los que buscan un crédito hipotecario tienen una previsión de futuro (iStock)
El uso del crédito se ha convertido en una herramienta habitual en la economía doméstica de muchas familias en España. Lo que antes se asociaba a grandes decisiones, como la compra de una vivienda o un coche, ahora forma parte también del día a día, desde gastos cotidianos hasta compras impulsivas. Este cambio en los hábitos financieros ha llevado a economistas y analistas a identificar dos perfiles muy distintos de endeudamiento.
Por un lado, están los hogares que recurren al crédito de forma constante para cubrir necesidades habituales. En estos casos, el dinero prestado no se destina únicamente a grandes inversiones, sino también a consumo corriente, como compras del hogar, ocio o incluso gastos básicos. Este modelo suele generar una acumulación de cuotas mensuales que se prolongan en el tiempo y que reducen el margen económico disponible cada mes. El problema no siempre es visible a corto plazo, pero acaba afectando a la capacidad de ahorro y a la estabilidad financiera.
La última y peligrosa moda para no dejar de pagar la hipoteca: tirar de tarjeta de crédito. (Foto: iStock)
En el otro extremo se sitúan las familias que utilizan la financiación de manera más puntual y planificada. Este perfil se endeuda principalmente para adquirir bienes duraderos, como un vehículo, una reforma del hogar o determinados equipamientos necesarios. En estos casos, el crédito responde a una estrategia concreta, con una previsión más clara de los pagos y una mayor capacidad para asumirlos sin comprometer el equilibrio económico del hogar.
Los datos recientes reflejan hasta qué punto el crédito al consumo ha ganado peso en España. El volumen de préstamos destinados a las familias ha crecido en los últimos años, impulsado tanto por el encarecimiento del coste de vida como por la facilidad para acceder a pagos aplazados. Comprar ahora y pagar después se ha normalizado, especialmente en periodos de alto consumo como el Black Friday o la Navidad, donde el gasto se dispara y muchas compras se financian.
Este contexto ha provocado que millones de personas sigan pagando meses después productos o servicios que ya han consumido, lo que alarga su impacto en la economía familiar. A medida que se acumulan las cuotas, el dinero disponible se reduce y aumenta la dependencia del crédito para mantener el mismo nivel de gasto.
Los expertos advierten de que esta tendencia no es casual. El aumento de los gastos fijos, como la vivienda o la energía, deja menos espacio para el ahorro, lo que empuja a muchas familias a financiar parte de su consumo. A esto se suma la proliferación de opciones de pago aplazado, que facilitan el acceso al crédito sin grandes barreras y lo integran en la rutina financiera.
En paralelo, el crédito hipotecario sigue representando una parte importante del endeudamiento total, con compromisos a largo plazo que, en general, están más planificados. Sin embargo, cuando se combina con préstamos al consumo, el peso de las deudas puede aumentar considerablemente y limitar la capacidad de maniobra económica.
La diferencia entre ambos tipos de familias no está solo en cuánto se endeudan, sino en cómo y para qué lo hacen. Mientras unos utilizan el crédito como una extensión de sus ingresos mensuales, otros lo ven como una herramienta puntual para alcanzar objetivos concretos. Esa distinción resulta clave para entender la evolución del endeudamiento en España y los retos financieros a los que se enfrentan muchos hogares en el corto y medio plazo.
El uso del crédito se ha convertido en una herramienta habitual en la economía doméstica de muchas familias en España. Lo que antes se asociaba a grandes decisiones, como la compra de una vivienda o un coche, ahora forma parte también del día a día, desde gastos cotidianos hasta compras impulsivas. Este cambio en los hábitos financieros ha llevado a economistas y analistas a identificar dos perfiles muy distintos de endeudamiento.