Revisar que las ventanas cierran bien es el primer paso para proteger nuestro hogar de las altas temperaturas. (iStock)
El primer paso es comprobar si las ventanas cierran correctamente. Si al pasar la mano cerca del marco se nota aire caliente, si entra polvo con facilidad o si la estancia se recalienta demasiado rápido, puede haber un problema de aislamiento. A veces, una junta envejecida basta para que el calor entre sin que apenas se note.
En ventanas antiguas, los cristales simples suelen dejar pasar más calor que los sistemas de doble acristalamiento. Cuando no es posible cambiarlas, se pueden añadir burletes, cortinas térmicas o láminas solares para reforzar el aislamiento sin hacer una gran obra.
Una vez revisadas las ventanas, es importante acompañar el aislamiento con buenos hábitos. Bajar persianas durante las horas de más sol, cerrar cortinas claras y ventilar solo a primera hora o por la noche ayuda a evitar que el calor se acumule dentro de casa.
El error más habitual es abrir las ventanas cuando fuera hace más calor que dentro. Aunque parezca que entra aire, en realidad se está introduciendo temperatura elevada en la vivienda. Lo ideal es ventilar cuando el exterior está más fresco y después cerrar bien para conservar esa sensación de frescor. Al final, el truco más eficaz para disfrutar de una casa fresca en verano está en impedir que el calor entre antes de intentar expulsarlo.