La afirmación sugiere que un mismo acontecimiento puede adquirir significados completamente diferentes dependiendo de quien lo viva. Una dificultad puede sentirse como una derrota definitiva o convertirse, con el tiempo, en un aprendizaje inesperado. Para Saint-Exupéry, la realidad exterior no basta por sí sola para explicar la felicidad, el sufrimiento o el valor de una experiencia.
El escritor Antoine de Saint-Exupéry, autor de 'El principito'. (Cortesía)
Interpretar la frase como una defensa del pensamiento positivo permanente sería reducir demasiado su mensaje. Hay pérdidas, enfermedades y dificultades que no pueden suavizarse mediante una simple decisión mental. La serenidad tampoco consiste en negar el sufrimiento, sino en evitar que este ocupe para siempre todo el espacio interior.
La actitud cobra importancia cuando llega el momento de responder a lo sucedido. Una persona quizá no pueda modificar el pasado, pero sí decidir qué lugar concederle en su presente. Puede convertir una decepción en desconfianza permanente o utilizarla para establecer límites más sanos y comprender mejor sus propias necesidades.
Portada de 'El Principito', de Antoine de Saint-Exupéry. (Cortesía)
Esto puede aplicarse a las situaciones más corrientes: un retraso, una crítica, un error laboral o un plan que no sale como estaba previsto. Antes de convertir el contratiempo en una catástrofe, conviene preguntarse qué interpretación se le está dando y si existe otra forma más útil de afrontarlo. La frase atribuida a Antoine de Saint-Exupéry recuerda que cada persona participa en la construcción del sentido de las cosas mediante sus recuerdos, sus afectos y sus decisiones.