Los psicólogos coinciden: obligarte a ver el lado bueno de todo no es ser una persona resiliente, sino una evitación emocional que acaba pasando factura
Los psicólogos coinciden: obligarte a ver el lado bueno de todo no es ser una persona resiliente, sino una evitación emocional que acaba pasando factura
Mantener una actitud optimista puede ser beneficioso en muchos momentos, pero convertir el “todo va a salir bien” en una obligación constante puede tener el efecto contrario
Ser capaces de entrenar nuestra mente para que se centre en lo positivo. (Pexels)
Las frases como “todo pasa por algo”, “hay que quedarse con lo positivo” o “podría ser peor” forman parte del lenguaje cotidiano. Suelen pronunciarse con buena intención, pero los especialistas explican que, cuando se utilizan para evitar cualquier emoción desagradable, pueden convertirse en un ejemplo de lo que se conoce como positividad tóxica.
Este concepto hace referencia a la necesidad de mantener una actitud positiva a toda costa, incluso cuando las circunstancias son difíciles. Lejos de ayudar, esta forma de afrontar los problemas transmite la idea de que sentirse triste, enfadado o preocupado es algo que debería evitarse, cuando en realidad todas esas emociones forman parte del funcionamiento normal del ser humano.
Lejos de ayudar, esta forma de afrontar los problemas transmite la idea de que sentirse triste, enfadado o preocupado es algo que debería evitarse (Pexels)
La psicología positiva no consiste en sonreír siempre
Los expertos recuerdan que la psicología positiva, impulsada por el psicólogo Martin Seligman a finales de los años noventa, nunca defendió ignorar las emociones negativas. Su objetivo era estudiar factores como el optimismo, la resiliencia, la gratitud o las fortalezas personales para mejorar el bienestar, sin dejar de reconocer que el sufrimiento también forma parte de la vida.
Con el paso de los años, esa idea se simplificó hasta convertirse, en muchos casos, en un mensaje muy distinto: pensar en positivo siempre, pase lo que pase. Los psicólogos advierten de que esta interpretación distorsiona el verdadero significado de la resiliencia.
Esta evitación emocional puede traducirse con el tiempo en mayor ansiedad, sensación de bloqueo, irritabilidad o dificultades para regular las propias emociones. Además, intentar convencerse de que uno está bien cuando no lo está puede aumentar el desgaste psicológico.
A ello se suma otro efecto frecuente: la culpa. Muchas personas llegan a pensar que, si no consiguen encontrar el lado bueno de una situación complicada, es porque están haciendo algo mal o porque no son lo suficientemente fuertes.
Los psicólogos señalan que algunas expresiones muy habituales pueden minimizar, sin querer, el sufrimiento de quien las recibe. Comentarios como “hay gente que está peor”, “ya se te pasará”, “no pienses en eso” o “todo ocurre por una razón” desvían la atención de la emoción que la persona está intentando expresar. En lugar de sentirse comprendida, puede experimentar que su malestar no tiene espacio o no es legítimo.
alidar lo que alguien siente con frases como “entiendo que lo estés pasando mal” o “es normal que te sientas así” suele resultar mucho más útil que intentar buscar el aspecto positivo de forma inmediata (Pexels)
La evidencia psicológica coincide en que ninguna emoción es buena o mala por sí misma. La tristeza, el miedo, la rabia o la frustración cumplen una función adaptativa y aportan información sobre lo que está ocurriendo. Aceptar estas emociones no significa resignarse ni quedarse atrapado en ellas. Al contrario, reconocerlas suele ser el primer paso para gestionarlas de una manera más sana.
Las frases como “todo pasa por algo”, “hay que quedarse con lo positivo” o “podría ser peor” forman parte del lenguaje cotidiano. Suelen pronunciarse con buena intención, pero los especialistas explican que, cuando se utilizan para evitar cualquier emoción desagradable, pueden convertirse en un ejemplo de lo que se conoce como positividad tóxica.