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Los expertos coinciden: cuando empieza una migraña y notas que comienza una crisis, actuar pronto puede ayudarte a controlarla mejor

Reconocer las señales iniciales y saber cómo responder ante ellas puede ayudar a controlar mejor el episodio, siempre siguiendo el tratamiento pautado y evitando recurrir por cuenta propia a un uso cada vez mayor de analgésicos

Foto: Las migrañas no son dolores de cabeza normales. (iStock)
Las migrañas no son dolores de cabeza normales. (iStock)

La migraña no es simplemente un dolor de cabeza intenso. Se trata de una enfermedad neurológica que puede acompañarse de náuseas, alteraciones visuales y una marcada sensibilidad a la luz o al sonido, hasta el punto de interferir en las actividades cotidianas. Aprender a reconocer cómo comienza una crisis puede ser una parte importante de su manejo.

Uno de los aspectos fundamentales es no esperar necesariamente a que el dolor alcance su máxima intensidad. Cuando una persona dispone de un tratamiento para las crisis indicado por su médico, utilizarlo siguiendo esa pauta desde las primeras fases puede favorecer un mejor control del episodio. Como recuerdan los especialistas, “cuanto antes te lo tomes, mejor”, siempre respetando las indicaciones médicas y las dosis prescritas.

placeholder El dolor de cabeza provocado por bebidas o alimentos muy fríos suele desaparecer en pocos minutos. (Magnific)
El dolor de cabeza provocado por bebidas o alimentos muy fríos suele desaparecer en pocos minutos. (Magnific)

¿Por qué importa tratar la migraña desde el principio?

Durante una crisis se producen diferentes cambios en el sistema nervioso que pueden hacer que los síntomas evolucionen con el paso de las horas. Por ello, reconocer las señales habituales de cada persona permite poner antes en marcha el plan acordado con el profesional sanitario.

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Otro elemento característico es la fotofobia y la fonofobia, es decir, una sensibilidad anormal a la luz y al ruido. No resulta extraño que durante un ataque apetezca permanecer en una habitación tranquila y con poca iluminación. Reducir estos estímulos puede hacer que la crisis resulte más tolerable, aunque por sí solo no constituye un tratamiento.

Hidratación y alimentación

Beber agua o comer no hace desaparecer una migraña. Sin embargo, la deshidratación y pasar demasiado tiempo sin ingerir alimentos pueden actuar como desencadenantes o agravar los síntomas en algunas personas. Mantener cierta regularidad en ambos aspectos puede formar parte de las medidas complementarias para quienes identifican estos factores en sus ataques.

placeholder La deshidratación puede manifestarse en forma de dolores de cabeza. (Pexels)
La deshidratación puede manifestarse en forma de dolores de cabeza. (Pexels)

Hay otra cuestión especialmente relevante: recurrir cada vez con mayor frecuencia a los analgésicos no es necesariamente la solución. El uso excesivo de determinados medicamentos para tratar las crisis puede acabar asociado a una cefalea por sobreuso de medicación, complicando todavía más el problema.

Por eso, cuando los episodios se repiten con frecuencia, requieren medicación de manera habitual o afectan significativamente a la vida diaria, conviene consultar al médico. Puede ser necesario revisar el diagnóstico, ajustar el tratamiento de las crisis o valorar una estrategia preventiva destinada a reducir su frecuencia y repercusión.

La migraña no es simplemente un dolor de cabeza intenso. Se trata de una enfermedad neurológica que puede acompañarse de náuseas, alteraciones visuales y una marcada sensibilidad a la luz o al sonido, hasta el punto de interferir en las actividades cotidianas. Aprender a reconocer cómo comienza una crisis puede ser una parte importante de su manejo.

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