Anabel Gonzalez, psiquiatra: "Los recuerdos que nos hacen daño ahora son los que todavía tienen carga emocional y eso no depende de la gravedad de lo que pasó"
Una experiencia aparentemente pequeña puede dejar una huella profunda si ocurrió en un momento especialmente vulnerable, afectó a una relación importante o conectó con situaciones anteriores
Hay recuerdos de acontecimientos importantes que podemos contar sin experimentar apenas malestar y otros, aparentemente mucho más pequeños, que todavía provocan tristeza, miedo o rabia. Para la psiquiatra y psicoterapeuta Anabel González, esta diferencia ayuda a entender por qué el impacto emocional de una experiencia no siempre guarda proporción con su gravedad vista desde fuera.
“Los recuerdos que nos hacen daño ahora son los que todavía tienen carga emocional y eso no depende de la gravedad de lo que pasó”, explica González durante una entrevista en el podcast El Secreto de la Vida. La especialista recuerda que aquello que afecta a cada persona es individual y depende, entre otros factores, de cómo vivió la situación, cuándo ocurrió y quién estuvo implicado.
La especialista recuerda que aquello que afecta a cada persona es individual y depende, entre otros factores, de cómo vivió la situación, cuándo ocurrió y quién estuvo implicado (Canva)
Una experiencia pequeña puede tocar una herida mucho mayor
La psiquiatra utiliza una imagen sencilla: una pequeña gota puede desbordar un vaso si este ya estaba lleno. Esto permite entender por qué calificar la reacción de alguien como “exagerada” únicamente por la magnitud del último acontecimiento puede resultar demasiado simplista.
También señala que los recuerdos no funcionan como fotografías inalterables. Cada vez que recuperamos una experiencia intervienen procesos de reconstrucción y asociación, y su significado puede modificarse con el tiempo. Comprender por qué determinada situación nos activa puede aportar perspectiva, aunque identificar el origen del malestar no siempre basta para resolverlo.
Eso no significa borrar lo ocurrido. González lo compara con poder observar finalmente el recuerdo como una “postal antigua”: forma parte de nuestra historia, pero ya no provoca la misma respuesta emocional.
Si un recuerdo provoca un malestar intenso, persistente o interfiere con las relaciones y la vida cotidiana, buscar ayuda profesional puede permitir entender qué mantiene abierta esa herida (Canva)
La psiquiatra insiste además en evitar una segunda capa de sufrimiento: enfadarnos con nosotros mismos porque algo todavía nos duela. “Lo que me duele a mí es lo que me duele a mí”, recuerda. Si un recuerdo provoca un malestar intenso, persistente o interfiere con las relaciones y la vida cotidiana, buscar ayuda profesional puede permitir entender qué mantiene abierta esa herida.
Porque el objetivo no consiste necesariamente en olvidar. Un recuerdo puede permanecer sin tener que seguir sintiéndose como si aquello estuviera ocurriendo otra vez.
Hay recuerdos de acontecimientos importantes que podemos contar sin experimentar apenas malestar y otros, aparentemente mucho más pequeños, que todavía provocan tristeza, miedo o rabia. Para la psiquiatra y psicoterapeuta Anabel González, esta diferencia ayuda a entender por qué el impacto emocional de una experiencia no siempre guarda proporción con su gravedad vista desde fuera.