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Carmen Cervera y las personas de su confianza que la cuidan y vigilan en San Feliu
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Paloma Barrientos

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Carmen Cervera y las personas de su confianza que la cuidan y vigilan en San Feliu

La ausencia de Carmen Cervera de la vida pública alimenta las incógnitas sobre su estado personal. De su ingreso por neumonía al hermetismo de su entorno, las claves del silencio de la baronesa Thyssen

Foto: Carmen Thyssen y Tita Cervera, en una imagen de archivo. (Gtres)
Carmen Thyssen y Tita Cervera, en una imagen de archivo. (Gtres)

El 23 de abril, Carmen Cervera cumplió 83 años. Ese día no tuvo la visita de su hijo Borja y familia y pasó la mañana realizando gestiones que solo ella podía hacer, como en otras ocasiones. Hizo una parada a mediodía en la pastelería Mauri. Es uno de sus locales preferidos, que ya frecuentaba con su madre, Carmen Fernández de la Guerra, e incluso con el barón Thyssen. Por la noche cenó en Más Mañanas con las mellizas, su sobrino Guillermo Cervera y su familia, y una amiga. Una reunión reducida porque Tita (como la llamamos los que la conocemos de siempre) no quería complicaciones afectivas. Y más por la ausencia de su hijo querido. En esas fechas, las relaciones maternofiliales estaban en el punto de indiferencia.

Cuatro días después, el panorama cambió. Acudió al hospital Teknon, en Barcelona, como publicó la revista Semana, por sus propios medios. En este sentido hubo cierta confusión. El traslado desde Andorra en helicóptero sucedió cuatro años atrás. Esta vez fue el chófer de la casa quien se encargó del desplazamiento. Este empleado sigue siendo una de las personas de confianza de la casa y sigue estando al servicio de las necesidades de la baronesa.

placeholder Tita Cervera, en una imagen de archivo. (Gtres)
Tita Cervera, en una imagen de archivo. (Gtres)

Tita Cervera estuvo ingresada unos días por una neumonía, como explicaría tiempo después Borja. Una vez que se solucionó este asunto médico, volvió a su reducto en la Costa Brava. A partir de ese momento, las informaciones que se recibían eran contradictorias y la recomendación que se siguió fue la de un cierto aislamiento y silencio. No cogía el teléfono y eran su hijo y el sobrino quienes se hicieron cargo y respondían a los mensajes en su nombre para que estuviera tranquila. Quienes la hemos tratado desde hace años y mantenido con ella conversaciones a través de WhatsApp o de llamadas telefónicas, el estilo de esas contestaciones no casaba con su forma de escribir. Entre otras cosas, porque siempre firmaba Tita y no Carmen. Por alguna razón, la comunicación con Carmen Cervera está cerrada.

Durante tiempo, el denominador común ha sido el silencio, hasta que hace un mes aparecieron unos mensajes entrecomillados en la revista ¡Hola!, explicando que estaba bien, y sorprendieron. Y la sorpresa tenía que ver (otra vez) con la relación que he mantenido con ella desde las muchas entrevistas que hice a lo largo de los años antes de que el barón apareciera en su vida. Una de las cualidades de su personalidad ha sido dar ella misma las explicaciones de viva voz. Ya fuera por sus desencuentros con su hijo y la oposición en su día a la boda con Blanca Cuesta, a la maternidad subrogada de las mellizas, pasando por la petición de pruebas de paternidad de su primer nieto, los conflictos con Hacienda y con el ministro Montoro o la eterna negociación del alquiler de su colección.

placeholder Tita Cervera y Borja Thyssen, en una imagen de archivo. (Gtres)
Tita Cervera y Borja Thyssen, en una imagen de archivo. (Gtres)

Siempre ha dado la cara y de ahí las conjeturas, suposiciones y deducciones sobre el estado anímico y personal de Carmen Cervera. ¿Qué sucede realmente en su vida y por qué tanto hermetismo cuando la baronesa ha sido expansiva y comunicativa en los buenos y malos periodos de su vida? En estos momentos, las casas de Madrid y Andorra se encuentran a medio gas, igual que Marbella. El piso de la calle Bori i Fontestà estuvo alquilado durante un tiempo y, una vez remodelado, lo utilizaba Tita cuando se quedaba en Barcelona y ahora parece que es la vivienda de su hija Carmen.

Entre empleados y personal doméstico habitual suman alrededor de 28 personas. Fuera de ese cupo estuvieron en su día los abogados Michavila, Acebes, Barquero y la secretaria de Madrid, Marisa y el administrador Bauer. Aparte, se encuentran profesionales de confianza como Francesc Naudi, su jefe de gabinete; el notario y amigo Bartomeu; y su médico de cabecera. Quizás una de las personas más importantes en estos momentos sea Eugenia, su camarera personal. Se encarga exclusivamente de la baronesa en todas sus necesidades y en esta etapa es quien está pendiente de ella a tiempo completo.

placeholder Tita Cervera y su hija Carmen, en una imagen reciente. (Gtres)
Tita Cervera y su hija Carmen, en una imagen reciente. (Gtres)

El hecho de que se haya reducido el servicio de seguridad y doméstico tiene que ver con ese aislamiento recomendado para su tranquilidad. Su escolta Miguel lo sigue siendo, igual que el responsable de seguridad de la hija Sabina, instalada en la villa de la Costa Brava. Cuando la joven sale de la casa, suele acompañarla una empleada de confianza, además del chófer y del guardaespaldas. Los tres llevan tiempo al servicio de Carmen Cervera y forman parte de la vida cotidiana de Sabina. Tanto ella como su hermana tienen nacionalidad andorrana, a diferencia de Carmen Cervera, que solo es residente. En ese sentido, en julio de 2025 hubo una resolución negativa por parte de la Administración del Principado.

De los amigos de toda la vida le quedan muy pocos y ninguno mantiene relación oral con ella. El silencio de Carmen Cervera no es bueno porque da lugar a conclusiones, medias verdades e informaciones que no concuerdan. Habrá que esperar a un cambio de registro. Y ojalá la veamos de nuevo navegando en el Mata Mua. Pero este deseo parece muy improbable por la información que maneja Vanitatis.

El 23 de abril, Carmen Cervera cumplió 83 años. Ese día no tuvo la visita de su hijo Borja y familia y pasó la mañana realizando gestiones que solo ella podía hacer, como en otras ocasiones. Hizo una parada a mediodía en la pastelería Mauri. Es uno de sus locales preferidos, que ya frecuentaba con su madre, Carmen Fernández de la Guerra, e incluso con el barón Thyssen. Por la noche cenó en Más Mañanas con las mellizas, su sobrino Guillermo Cervera y su familia, y una amiga. Una reunión reducida porque Tita (como la llamamos los que la conocemos de siempre) no quería complicaciones afectivas. Y más por la ausencia de su hijo querido. En esas fechas, las relaciones maternofiliales estaban en el punto de indiferencia.

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