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VIVIÓ LOS PRIMEROS AÑOS DE SU VIDA EN ESE PALACIO

Tatoi o la infancia 'expropiada' a la Reina

Con un fuerte valor sentimental para la reina Sofía, Tatoi se ha convertido en la seña de identidad de una familia real sin trono. El Gobierno expropió este palacio en el que la monarca española vivió sus primeros años de vida

Escondite de bandoleros en sus inicios y de guerrilleros que luchaban contra el Imperio Turco años más tarde, el paraje de Tatoi comenzó a formar parte de la Familia Real griega en 1871, cuando el príncipe Guillermo de Dinamarca, ya en el trono de Grecia como el rey Jorge I, adquirió junto a su mujer, la reina Olga, dicha finca. Poco a poco, y según su situación económica se lo permitía, los reyes fueron ampliando sus terrenos hasta convertirlo en la propiedad privada más grande del Estado.

Bajo la estricta vigilancia de la reina Olga, cuya familia aportó prácticamente todo el dinero que se invirtió en la compra y construcción del palacio, se contrató al arquitecto Savva Bouki para edificar lo que hoy es el palacete de Tatoi a imagen y semejanza de la Villa de San Petersburgo, propiedad del Zar Alejandro II, tío de esposa del rey Jorge I y, por tanto, hermano del Gran Duque de Rusia, padre de la reina Olga.

Vista aérea del Palacio de Tatoi
Vista aérea del Palacio de Tatoi
Caballos, ciervos, vacas, viñedos y un jardín botánico de primer nivel para aquella época obligaron a finales del siglo XIX a ampliar la propiedad, momento en el que se aprovechó para construir más edificios, entre ellos dos templos ortodoxos. Tras un gran incendio casi devastador en 1916 y una Guerra Civil casi al mismo tiempo que el fin de la Segunda Guerra Mundial, el palacio de Tatoi quedó prácticamente destruido y saqueado.

Con un fuerte valor sentimental para la reina Sofía, Tatoi se ha convertido en la seña de identidad de una Familia Real sin trono. El rey Pablo I, padre de doña Sofía, fue quien devolvió en 1946 el esplendor a un palacio que apenas se sostenía sobre sus cimientos. Sólo unos años después, y a punto de entrar en la década de los 50, el rey lo convirtió en la residencia oficial de su familia. Allí vivieron durante varios años el monarca, la reina Federica de Hannover, a quien se le recordó en repetidas ocasiones su pertenencia a la sección femenina de las Juventudes Hitlerianas durante los años 30, y sus tres hijos, Sofía, Constantino, que fue rey de Grecia entre 1964 y 1973, e Irene, princesa de Grecia y Dinamarca y eterna soltera y sombra de su hermana, a quien suele acompañar en sus viajes privados.

Sin embargo, aquella idílica estancia se convirtió en una pesadilla hasta hace apenas una década. Tras la instauración de la Tercera República Helena por parte de la dictadura militar de Grórgios Papadópoulos y el refrendo del pueblo a la abolición de la monarquía, el palacio de Tatoi comenzó su declive. Después de que en 1973 la República embargara todos los bienes de la Familia Real y se los ‘devolviera’ varios años después, no fue hasta 1994 cuando el Gobierno socialista de Andreas Papandreu dio un golpe sobre la mesa.

El regreso a ‘la tierra prometida’

En los años 80 y principios de los 90 el Ejecutivo intentó solventar los problemas de saqueos que sufrieron varias de las propiedades reales y se puso sobre la mesa la posibilidad de reclamar los bienes que habían desaparecido. De hecho, algunos de ellos fueron devueltos y puestos en venta por Constantino y su familia. Expulsados de Grecia desde la abolición de la monarquía, en 1993 varios miembros de la Familia Real regresaron a sus orígenes.

En aquel año fueron Constantino e Irene quienes volvieron a pisar de nuevo Tatoi, momento en el que se empezó a gestar la restauración de una residencia que finalmente fue confiscada en 1994 por el Gobierno del primer ministro Andreas Papandreu, que firmó una ley urgente dirigida no sólo a privar de nacionalidad a todos los miembros de la Primera Familia griega sino, también, a incautarse de todos y cada uno de sus bienes.

La Familia Real española rinde homenaje al Rey Pablo I en el Palacio de Tatoi
La Familia Real española rinde homenaje al Rey Pablo I en el Palacio de Tatoi

Desde ese mismo instante, el rey Constantino y las princesa Irene presentaron una demanda, primero a los tribunales griegos y en última instancia al Tribunal de Estrasburgo, que les dio la razón asegurando que la expropiación era ilegal y que vulneraba los derechos humanos. En compensación, el Gobierno griego desembolsó 12 millones de euros, entrega que finalizó en 2003. A partir de ese año, la propiedad no ha sido reformada y el paso del tiempo ha continuado haciendo estragos. Tanto es así, que varios medios de comunicación del país heleno publicaron unas fotografías que evidenciaron el lamentable estado del palacio de Tatoi.

Propiedad del Estado, según ha confirmado a Vanitatis la embajada griega en España, la residencia, situada a 20 kilómetro de Atenas y con casi 17.000 hectáreas, pasó a formar parte, en noviembre de 2012, de la lista de bienes patrimoniales que serán puestos a subasta junto con otros edificios propiedad del Gobierno.

Ya no está en venta

Sin embargo, y ante el revuelo que esto originó, sobre todo porque dentro de la finca se encuentra el cementerio real, donde están enterrados siete miembros reales -entre ellos el padre de la reina Sofía-, la embajada griega ha precisado que en ningún momento se va a poner en subasta el palacio ni los terrenos de alrededor. “Después de la compensación pagada a la que fuera Familia Real la intención declarada del Estado griego es restaurar el parque que está alrededor de Tatoi y convertir el palacio en museo”, asegura a este medio Julia Livaditti, agregada de prensa.

Así, el regreso de la reina Sofía supone reencontrarse con unos orígenes que siempre ha tenido muy presentes, con una familia con la que se ha mantenido unida a pesar de la distancia y con el hogar que le vio nacer.

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